
Andrés Calamaro actualizaba aquella expresión del poeta romano Juvenal, pan y circo (en latín panem et circenses), y reinterpretaba la locución en Clonazepam y circo, canción estrenada hace ya más de veinte años. Una ciudadanía entretenida y sedada es más manejable, sostienen ambas ideas.
Más allá de la relación opresor-oprimido, es tan difícil sobrevivir a la rutina impuesta por el sistema que el consumo de ansiolíticos se ha disparado en los últimos años entre la población mundial, con España a la cabeza de todos, convertida en la nación que más benzodiacepinas toma, según datos de la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE).
Lorazepam, Clonazepam, Xanax, Valium... Ninguno de estos fármacos es desconocido para la población española, que desde el año 2000 también ha aumentado su consumo de antidepresivos en un 249%, según la OCDE. Esta radiografía de la salud mental de los españoles es la respuesta a muchos elementos, a dinámicas asumidas y a males endémicos incrustados en bucles de los que solo se puede salir con una fuerte inversión en el sistema nacional de salud.
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“No puede ser que toda la sociedad esté enferma, hay problemas económicos y sociales que merman nuestra salud mental”, apunta Verónica Olmo, especialista en Medicina Familiar y miembro del Grupo de Trabajo de Salud Mental de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (SEMERGEN). Sería un mal diagnóstico buscar por qué España consume tantos ansiolíticos sin atender al contexto social del momento.
En esa misma línea piensa Rosa Molina, psiquiatra del Hospital Universitario Clínico San Carlos de Madrid: “Vivimos en una sociedad cada vez más rápida y de mayor productividad. Es la época de usar y tirar, de sociedad líquida que decía Zygmunt Bauman, y todo esto promueve que nos cueste tolerar el dolor más que antes”, que tampoco focaliza la cuestión en España porque el consumo de ansiolíticos ha crecido en todo el mundo. La doctora comprueba en su día a día cómo los pacientes demandan soluciones rápidas a sus problemas, que requerían mucha implicación: “No hay pastilla que solucione ciertos problemas, pero vivimos en la sociedad del cansancio —como la definió el coreano Byung Chul Han, con la productividad por encima de todo— y queremos soluciones rápidas y fáciles”, sostiene Molina.
Las cosas que España hace mal con la salud mental
Pero reconocer los problemas externos no exime de otros pecados de la sociedad española, con una Atención Primaria mermada, una escasa plantilla de profesionales públicos de salud mental y con muchos prejuicios ante los psicólogos y psiquiatras. “Ciertamente, es más fácil prescribir un medicamento por la falta de tiempo con un paciente, aunque, por otra parte, a la sociedad española le cuesta ir al psiquiatra. Ha mejorado el concepto de enfermedad mental, pero aún queda mucho por recorrer. No resulta aceptable para la sociedad ir al psiquiatra, porque es alguien que te encierra y que te manda pastillas, hay mucha desinformación”, analiza José Manuel Montes, Jefe de Sección de Psiquiatría del Hospital Universitario Ramón y Cajal en Madrid.
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Ese cóctel, apunta el sanitario, lo alimenta además una “falta de educación” en torno a la salud. “Hay veces que el propio paciente no vuelve al médico tras una primera exploración cuando se le recetan benzodiazepinas —apunta Montes— y hace falta esa educación para entender que una pastilla es solo un paño caliente para paliar una situación que va a requerir un trato más exhaustivo.

Los sanitarios atendidos aclaran a Infobae España que los ansiolíticos son “un tratamiento sintomático, no nuclear, de cualquier malestar”. Es decir, con una infección en una muela, el paciente tomará antibiótico para curar la herida, pero también un analgésico para el dolor que produce la infección. Las benzodiazepinas serían el analgésico: calma el malestar, pero no lo arregla, y si no se trata adecuadamente, el ansiolítico podrá convertirse en un problema.
Más allá de los malos usos de los fármacos, hay otra evidencia que los sanitarios no dudan en reconocer: que la sanidad pública necesita más profesionales. “Los servicios de salud cada vez tienen las listas de espera más larga y sin una Atención Primaria fuerte, la sanidad se hunde. Cuando tienes poco tiempo con el paciente intentas utilizar el tiempo lo máximo posible, pero en siete minutos de cita no puedes hacer psicoterapia. Sería importante ampliar el espacio de tiempo de los pacientes”, reconoce la doctora Olmo. Durante este año, en la Comunidad de Madrid, los sanitarios reclamaron en varias huelgas que se garantizara que las citas con el médico de familia en los centros de salud fueran del tiempo necesario para poder ofrecer el tratamiento adecuado. Cuanto menos tiempo tiene el médico, menos puede explorar al paciente y más opciones hay de recetar una pastilla.
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A todas estas razones, el psiquiatra Adrián Neyra, del Hospital de Gran Canaria Doctor Negrín y profesor asociado en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, suma que además del poco tiempo del que disponen los médicos de familia para atender a sus pacientes, hay una importante “ausencia de psicólogos en Atención Primaria”. De hecho, el ratio de psicólogos en la sanidad pública es de los más bajos de Europa.
Sin embargo, Neyra presenta otro problema: “El problema en España con los ansiolíticos no es tanto todo lo que se prescribe, sino que se mantiene el fármaco en el tiempo más de lo debido. En Alemania, por ejemplo, los tranquilizantes se pautan mucho menos por tener mayor percepción de que pueden producir más daño que bien”, apunta el psiquiatra, que con sus palabras da a entender que los españoles no perciben tanto peligro en tomar benzodiazepinas, algo que aumenta su consumo.
La tendencia mundial de aumentar el consumo de fármacos no puede quitar peso a la problemática española. Ser el país que más ansiolíticos consume, apunta el doctor Jose Manuel Montes, debe interpretarse como una mala noticia. “Si fuese que somos los que más antihipertensivos tomamos es bueno, porque son tratamientos específicos, pero estamos tomando tratamientos que son analgésicos, no los necesitaríamos si estuviéramos bien atendidos. Tampoco necesitaríamos tomar tantos”, sentencia.
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