
Sally Kirkland murió a los 84 años tras una carrera que incluyó más de 250 producciones y el reconocimiento internacional que le otorgó su aclamada interpretación en la película Anna.
De acuerdo con TMZ, la artista falleció el martes 11 de noviembre a las 4:50 a. m. (hora del Este) en una residencia de cuidados paliativos, tras un año de padecer demencia.
People y Entertainment Weekly confirmaron que la familia y el entorno cercano informaron sobre el deterioro de su salud, que incluyó caídas y complicaciones médicas en los últimos meses.
Kirkland alcanzó la notoriedad global con su trabajo en Anna (1987), lo que le valió un Globo de Oro, el Independent Spirit Award y una nominación al Oscar por mejor actriz.
En ese filme interpretó a una inmigrante checa en Nueva York, papel para el cual pidió ayuda a colegas como Al Pacino y Robert De Niro para perfeccionar el acento, según relató la propia artista a People.

El director Yurek Bogayevicz explicó a la revista que, en su audición final, “vi lo que había estado esperando ver”.
Nacida en Nueva York en 1941, Kirkland fue hija de la editora de moda Sally Kirkland Sr., quien trabajó en las revistas Vogue y LIFE. Se formó como actriz en el Actors Studio y en la American Academy of Dramatic Arts.
Sus inicios fueron en el teatro Off-Broadway durante la década de 1960, donde su trabajo incluyó actuaciones con desnudos que despertaron debates sobre los límites en escena.
“Lo que realmente trataba de decir era: ‘El espíritu humano debe manifestarse’. Esa era mi mente apasionada de 22 años intentando ser muy seria y no viendo lo extraño que debía verse desde fuera”, definió esa etapa tras ser consultada por People en 1988.
En esa misma época, integró el círculo de Andy Warhol, The Factory, y participó en películas como The 13 Most Beautiful Women (1964), además de producciones como Futz (1969) y Coming Apart (1969).

Años más tarde, en diálogo con Closer en 2016, recordó su vínculo con Bob Dylan en Nueva York y aseguró haberse sentido “obsesionada” con el músico, con quien mantuvo una relación durante los años setenta.
En televisión, la carrera de Sally Kirkland incluyó participaciones en series como Hawaii Five-O, Police Story, Three’s Company, Kojak, Starsky & Hutch, Charlie’s Angels y Falcon Crest.
La estrella explicó a la citada revista que solía llegar a las instancias finales de los castings, lo que le generaba satisfacción.
“He estado a punto de conseguir muchos papeles; eso me hizo pensar que debía ser buena, porque siempre parecía estar entre la última selección y la persona que finalmente lo obtenía”, sostuvo.
En las décadas de 1970 y 1980, probó suerte, sin modificar su intensidad. El director Henry Jaglom opinó en People: “Sally es única en su intensidad y valentía, y Hollywood no sabe qué hacer con personas únicas”.

Entre las películas donde participó se encuentran Going Home (1971), The Way We Were (1973), Crazy Mama (1975), A Star Is Born (1976), y Private Benjamin (1980). El reconocimiento de la crítica llegó con Anna.
La campaña que realizó para promover su nominación al Oscar fue reseñada por Vogue y Entertainment Weekly: contactó personalmente a los miembros de la Academia, envió cartas manuscritas y pidió ayuda a figuras como Joan Rivers y Andy Warhol. Finalmente, la estatuilla fue para Cher por Moonstruck.
Tras ese logro, Kirkland participó en Paint It Black (1989), Two Evil Eyes (1990), JFK (1991) y Gunmen (1994), así como en telefilmes como The Haunted (1991), por el que obtuvo otra nominación al Globo de Oro.
También apareció en programas como Roseanne, The Nanny, Felicity, Days of Our Lives y Valley of the Dolls (1994).
En 2003 tuvo un papel en Bruce Almighty y siguió activa con títulos como Richard III y 80 for Brady (2023).

Sally Kirkland se casó dos veces, primero con el músico Michael Jarrett y después con el productor de jazz Mark Hebert, relaciones que no superaron los tres años. “Es difícil encontrar a un hombre que pueda manejar mi intensidad”, declaró a People en 1988.
El entorno de Kirkland impulsó campañas de ayuda económica a través de GoFundMe en diferentes momentos de su vida, dados sus problemas de salud y las dificultades financieras que afrontó tras perder la mayoría de sus ahorros durante la recesión de 2007 y no poder afrontar los altos costos médicos ante cambios en la cobertura de SAG-AFTRA.
En un mensaje publicado por sus allegados, puede leerse: “Sally ha sido más que una amiga — ha sido una figura maternal, ofreciendo aliento, sabiduría y amor cuando más se necesitaba. …Ha priorizado estar presente para los demás, entregándose a su arte, a su iglesia, a sus amigos y a la comunidad”.
En sus últimos años, además de continuar practicando yoga, Kirkland se dedicó a la mentoría espiritual y expresó a Los Angeles Times que su vida estaba marcada por “la dicotomía de la espiritualidad y el glamour”.
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