
El 88% de los pacientes con insomnio crónico atendidos en la clínica de sueño del Hospital Policlínico Arce, en San Salvador, presentan deterioro cognitivo leve, según un estudio preliminar del Instituto Salvadoreño del Seguro Social (ISSS).
Este hallazgo, revelado por la doctora Marisol Carrillo, especialista en medicina interna y somnología, subraya la magnitud de la relación entre los trastornos del sueño y el funcionamiento cerebral.
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El estudio, realizado por el ISSS y difundido en entrevista exclusiva a Infobae, analizó a personas que acudieron a consulta por insomnio crónico y sospecha de apnea obstructiva del sueño.
El 88% de los participantes mostró deterioro cognitivo leve tras ser evaluados con el test Montreal Cognitive Assessment (MoCA), que mide el estado cognitivo global.
Según la doctora Carrillo, un puntaje igual o superior a 26 puntos indica normalidad, mientras que cifras de 25 o menos reflejan deterioro.
De acuerdo con la especialista, los problemas de sueño van más allá de la simple dificultad para dormir. Una alteración del sueño puede deberse a insomnio, hipersomnias, ronquidos o trastornos motores como el síndrome de piernas inquietas.
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Estas condiciones, explicó Carrillo, afectan la cantidad, calidad y horario del descanso nocturno, lo que repercute directamente en la salud física y mental de quienes las padecen.

La doctora Carrillo señaló que “el sueño poco reparador afecta la atención, la concentración y la memoria durante las actividades diarias”, y advirtió que se ha observado un aumento en el riesgo de accidentes de tráfico y laborales en personas con trastornos del sueño no tratados.
Entre las causas identificadas se encuentran el estrés, malos hábitos, consumo excesivo de cafeína y alcohol, enfermedades crónicas como la depresión y el uso de ciertos medicamentos.
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El estudio del ISSS identificó que las funciones visoespaciales y el recuerdo diferido —la memoria de hechos o datos tras un breve periodo— son los dominios cognitivos más afectados en quienes presentan insomnio crónico.
Los síntomas más frecuentes incluyen desatención, olvido, confusión vespertina, irritabilidad y descuidos notorios en la vida diaria, como no recordar acciones habituales o perder la memoria de eventos recientes.
“La fragmentación del sueño o la apnea producen manifestaciones cognitivas diurnas que van desde la desatención hasta la confusión”, puntualizó Carrillo.
Además, relató el caso de un paciente diagnosticado con apnea obstructiva del sueño severa que, tras iniciar tratamiento con presión positiva continua en las vías respiratorias (CPAP), experimentó mejoras notables en atención, memoria y autonomía.
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Sobre la relación entre los trastornos del sueño y el deterioro cognitivo, la especialista indicó que es bidireccional.
Dormir mal favorece la acumulación de proteínas beta-amiloide y tau, asociadas a enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer y el Parkinson.
La privación del sueño incrementa la inflamación cerebral y dificulta la consolidación de la memoria. Al mismo tiempo, el avance de enfermedades neurodegenerativas impacta las áreas cerebrales que regulan el sueño.
La identificación de estos problemas no siempre resulta sencilla. Muchos pacientes no logran describir sus síntomas de forma precisa, lo que dificulta el diagnóstico temprano.
Por este motivo, la doctora Carrillo recomendó el acompañamiento familiar y la evaluación integral del entorno, con el objetivo de evitar la polifarmacia y el uso de medicamentos que incrementan riesgos como las caídas.
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Las estrategias recomendadas por el ISSS incluyen la regulación estricta de horarios de sueño y comidas, la exposición a la luz natural en la mañana, la realización de ejercicio físico, la supresión de cafeína por la tarde y el mantenimiento de dormitorios oscuros. Otra medida destacada es la socialización.
“El aislamiento social puede acelerar el deterioro; mantener lazos familiares y amistosos protege la llamada reserva cognitiva”, enfatizó Carrillo.

En cuanto a los avances recientes, la doctora hizo referencia al uso de inteligencia artificial y dispositivos portátiles para monitorear el sueño y detectar trastornos en fases tempranas.
Según la especialista, “durante mucho tiempo se pensó que dormir era solo descansar, pero ahora se sabe que es un proceso esencial para la salud cerebral. Proteger el sueño puede ser decisivo para preservar la memoria y la autonomía durante el envejecimiento”.
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El estudio del ISSS constituye el primer esfuerzo institucional de este tipo en El Salvador, donde aún no existen investigaciones epidemiológicas de gran escala sobre la prevalencia de trastornos del sueño y deterioro cognitivo.
No obstante, la investigación representa una advertencia inicial, dirigida tanto a pacientes como a médicos y cuidadores, acerca de la importancia de vigilar la calidad del sueño como parte integral de la salud pública y de la prevención del deterioro de las funciones cerebrales.
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