
Si usted es argentino, futbolero y nació en la primera mitad de la década del 70, considérese un privilegiado.
Asumiendo que es improbable que recuerde la Copa del Mundo de 1974, la Selección a la que más veces vio consagrarse en Mundiales de fútbol desde que tiene uso de razón es esa Albiceleste que lo llena de orgullo, y que hace 365 días agregó la tercera estrella a su gloriosa historia.
La estadística de Argentina para lo ocurrido desde su primera consagración, en casa en 1978, hasta Qatar 2022, regala números dignos de admiración: con un promedio de una consagración cada cuatro Mundiales disputados, sus tres títulos la ubican como la más ganadora en ese ciclo de doce Copas, por encima de cualquier otra potencia del planeta fútbol. En ese período temporal, que se podría llamar “La era de Argentina” sin exagerar, está arriba de Italia, Alemania, Brasil y Francia, que se coronaron dos veces, mientras que España levantó la Copa en una sola ocasión.
La constancia de los buenos resultados de Argentina en ese ciclo, que abarca más de la mitad de los 22 mundiales jugados hasta hoy, no solo se respalda en la cantidad de títulos ganados. Otro número que asombra es que Argentina jugó dentro de ese período nada menos que cinco finales (además de los títulos de 1978, 1986 y 2022, cayó en las de 1990 y 2014), lo que arroja un promedio de una llegada al encuentro decisivo cada 2,4 mundiales.

Cabe reconocer que Alemania comparte con Argentina el logro de haber jugado también cinco finales en ese período. A sus títulos en 1990 y 2014 -los dos después de vencer a Argentina la final-, se suman sus subcampeonatos de 1982, 1986 y 2002. Aunque el último tiempo ratifica el predominio argentino, ante las inesperadas eliminaciones que sufrieron los teutones en las dos últimas Copas del Mundo sin siquiera poder superar la fase de grupos. Y a cuento de eso asoma otro dato positivo para Argentina: desde el 78 para acá, aunque sufrió recordadas decepciones, como estrenar en 1982 y en 1990 su título de campeón del mundo con sorpresivas caídas en los debuts ante Bélgica y Camerún respectivamente; el “corte de piernas” a Maradona en 1994; o la mustia actuación de 2018 con aquel equipo que conducía Jorge Sampaoli, en todos esos casos logró superar la ronda inicial. La única excepción en estos últimos doce mundiales es el recordado fracaso del equipo de Marcelo Bielsa en Corea del Sur-Japón 2002. En las otras once ocasiones, al menos llegó a octavos de final.
Como para que luzca más la brillantez de este ciclo, es oportuno remarcar que la historia de Argentina en los Mundiales de fútbol supo ser bien distinta. Por lo pronto, en las primeras diez ediciones de las Copas del Mundo, Argentina apenas participó en seis, tras haber desistido de competir por diferentes motivos en 1938, 1950 y 1954 y no haber podido superar la eliminatoria contra Perú en 1970. De los Mundiales que jugó, no pasó la primera ronda en 1934, 1958 (con la debacle incluida de caer 6-1 ante Checoslovaquia, en la peor derrota en Mundiales de su historia) y 1962, y fue quinta en 1966 y octava en 1974. El punto más alto de esa etapa era el lejano subcampeonato en Uruguay 1930, el primer Mundial, en tiempos en que las Copas del Mundo tenían un peso muy distinto del actual, al punto de que aquel certamen casi no tuvo participación de los seleccionados europeos. Así, si solo se tomaban en cuenta los Mundiales, abstrayéndose por ejemplo de competencias continentales o Juegos Olímpicos, era justo considerar a Argentina no solo por debajo de los que ya habían sido campeones, como Brasil, Italia, Uruguay, Alemania e Inglaterra, sino también por ejemplo de Hungría y Checoslovaquia, que habían alcanzado dos finales.
Otra curiosidad es que Argentina llegó a esta estadística a pesar de una larga meseta de 24 años que transcurrió entre Italia 1990 y Brasil 2014, con cinco Mundiales en los que no pudo superar la barrera de cuartos de final y apenas ganó en los 90 minutos un partido en la fase de eliminación directa, ante México en los octavos de final de Sudáfrica 2010. Fue un período en el que cabía preguntarse, cuando se miraba el cuadro grande de toda la historia de las Copas del Mundo, si en realidad la excepción para Argentina no habían sido el título de 1978, como local, y la consagración de 1986 más la final de 1990, bajo la batuta mágica de Diego Maradona. Desde 2014 hasta acá los números volvieron a corregirse y Argentina no sólo consiguió su tercera estrella, sino que llegó además a las finales de dos de los últimos tres Mundiales, en una nueva muestra de permanencia en la élite.
Se podrá decir que también en Brasil 2014 y Qatar 2022 Argentina se apoyó en una circunstancia excepcional, como es contar con uno de los mejores jugadores de la historia, si no el mejor. Quedará para el futuro saber si puede llegar a lo más alto sin contar con un superdotado en el equipo como Lionel Messi o Diego Maradona, o si logrará, desde el aporte de los muchos jugadores brillantes que se ponen la albiceleste, construir el camino hacia una nueva coronación. ¿O acaso habrá un tercer eslabón en la cadena de futbolistas argentinos que llegan a ser el mejor de su tiempo? Aunque no se puede descartar nada, parece demasiado.
Mientras tanto, bien vale disfrutar de esta era. La era de Argentina.
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