
“El teatro nos recuerda que el ser humano es complejo y contradictorio”, le dice a Infobae Cultura el actor, dramaturgo y director Claudio Tolcachir. Por estos días está ultimando los detalles de la decimocuarta edición del Festival Temporada Alta en Buenos Aires (TABA), que se desarrollará del 12 al 22 de febrero en Timbre 4 (Av. Boedo 640). La programación reúne obras de Francia, Suiza y Cataluña, además de producciones argentinas reconocidas por su aporte a la escena teatral.
El evento, que mantiene su continuidad desde 2013, se distingue por ofrecer espacios para el intercambio artístico, charlas y actividades formativas centradas en diversas disciplinas teatrales, consolidando un entorno de reflexión y aprendizaje colectivo. Durante cada edición, el festival se ha transformado en un punto de encuentro donde el contacto directo entre artistas y público impulsa nuevos vínculos y promueve la diversidad de propuestas contemporáneas dentro de las artes escénicas.
“Este festival es un orgullo enorme”, dice el director de clásicos teatrales como La omisión de la Familia Coleman, Tercer cuerpo y El viento en un violín. A continuación, la conversación que mantuvo con el medio.

—¿Qué particularidades tendrá esta edición de TABA? No pregunto solamente por la cuestión artística, sino también por el financiamiento y los apoyos que han tenido. ¿Eso sigue?
—Este año vendrán elencos de Suiza, Francia, Catalunya y habrá algunos de acá. Como elementos destacados, por ejemplo, de Francia tendremos el ciclo A la carte que propone cruces de textos franceses con artistas argentinos, en puestas pensadas de manera lúdica: mesas de ping pong, catas de vino y conciertos dramatúrgicos. Catalunya es el foco del festival desde la primera edición y este año se suman puestas y semimontados desarrollados junto a dramaturgos y directores catalanes. Como novedad, este año Timbre 4 se asocia con Casa Teatro y Martín Flores Cárdenas, quien programa dentro del festival obras vinculadas a su espacio, con artistas como Lucía Selles, Luisina Girelli y Bernardita Epelbaum. Por el lado de Suiza llega la obra “Bell End”, una performance física y sonora que utiliza el humor y la repetición para diseccionar gestos cotidianos de la masculinidad. Y dentro de los artistas argentinos participan Fernando Rubio con “Yo no muero ya no más” y Los Pipis con “Cae una catedral”. Esta edición cuenta con el apoyo de Institut Ramon Llull de Lengua y Cultura Catalanas, la Embajada de Francia en Argentina, Institut Français, Fundación Williams y Fundación Medifé.
—¿Cómo combinas la tarea de curaduría artística con la organización de un festival así?
—No puedo creer que ya estemos en la edición catorce de este festival. Para mí sigue siendo de un orgullo enorme que desde un espacio independiente como lo son las dos salas de Timbre 4 (Boedo y México) podamos sostener, durante más de una década, un festival internacional del que participan España, Cataluña y Francia, donde se producen encuentros con autores, directores y actores creando esa mezcla de culturas que tanto nos interesa. Ya es un clásico del teatro de verano porteño, que tiene su propio público pero que todos los años sigue sumando nuevas personas. A lo largo de estas dos semanas, los espectadores asistirán al nacimiento de textos nuevos y descubrirán propuestas, pero para nosotros es muy importante, sobre todo, que nuestros artistas se conozcan entre sí. La creatividad está en la escritura, en la dirección y en la actuación, pero también en la generación de espacios nuevos para la gente. TABA es un festival artesanal que sostenemos con muchísimo esfuerzo pero que nos llena el corazón.

—Suele mencionarse la gran actividad teatral de Buenos Aires, mayor incluso con respecto a otras grandes ciudades del mundo. ¿Es así o es un mito? Teniendo en cuenta tu experiencia en Madrid ¿qué podrías agregar?
—Buenos Aires sin duda es una capital teatral única en lo práctico por la cantidad de espacios diversos teatrales que existen o que subsisten más allá de las dificultades, aunque se han perdido muchos espacios en estos últimos tiempos y por la cantidad de espectáculos, por el formato en el que se dan. Al ser una o dos veces por semana hay una cantidad de espectáculos y una cantidad de producción que es muy poco habitual. Sobre todo en teatro independiente. Creo que este es el sello que distingue al teatro argentino, porque por supuesto que hay otras ciudades donde el teatro comercial es más amplio o poderoso. En otros casos los teatros oficiales. Lo que distingue al teatro argentino es justamente el teatro independiente. La producción de grupos de cooperativas donde uno puede encontrar autores nuevos junto autores consagrados actores famosos y con una trayectoria enorme trabajando junto con actores que están haciendo sus primeras experiencias. Yo creo que cuando uno piensa en teatro argentino y piensa esas salas, esos sótanos, esos galpones donde descubre o donde los grupos o los autores también se permiten tomar ciertos riesgos que en otros ámbitos son difíciles de ejercer, de realizar. Así que sin duda creo que Buenos Aires tiene un sello único, distintivo y ese sello distintivo tiene que ver con la creación de teatro independiente que está relacionado con la identidad, con una forma de producción, con una forma de pensar y de sentir teatro. Muy productivo, aunque muy sacrificado al mismo tiempo.
—Es un tiempo convulsionado, ¿qué rol cumple el arte, el teatro específicamente, según tu opinión?
—Creo que en nuestro país en particular, por cómo se ha constituido la relación de las personas con el teatro, todos los periodos críticos de crisis, políticas, económicas, sociales, el teatro fue siempre un lugar de encuentro, de reflexión, pero también de resistencia emocional. Creo que porque cuando uno se acerca a un espacio teatral como estos nuestros también recibe una inyección de vida, de ilusión, de deseo, de gente que hace y que pone la vida en juego en el escenario, me refiero la vida como sentido, como un sentido de vida y esto creo que a la gente le hace muy bien, como le hace muy bien encontrarse, le hace muy bien pensar juntos, respirar juntos y conectarse con algo vivo, con algo que está que está sucediendo. Creo que el teatro siempre tuvo un lugar de identidad para nosotros los argentinos, de resistencia. Además creo que el teatro cumple una función valiosa en medio de una catarata de estímulos que pretenden que todo sea simple, que todo sea fácilmente ‘elegible’ entre estar a favor o en contra de todo, en donde se van simplificando las opiniones, simplificando las informaciones. Creo que el teatro ocupa el lugar de recordar que el ser humano es complejo, que el ser humano es contradictorio, que las ideas son profundas y nos obliga a colocarnos en un lugar que no sea cómodo, que no sea el de nuestra cotidianidad. Nos obliga incluso a ponernos en el lugar del otro, o a reflejarnos en un espejo extraño, y creo que eso es muy necesario cuando está tan abaratado y tan destrozada la capacidad de pensamiento y de reflexión y también incluso está denostada empatía o la conexión con los demás. Así que creo que es más valioso que nunca el teatro que, además de ser entretenido y de ser algo vital, es algo conmovedor.
* El Festival Temporada Alta en Buenos Aires (TABA) se desarrollará del 12 al 22 de febrero en Timbre 4 (Av. Boedo 640). Toda la información en la web oficial del festival.
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