
El 11 de julio de 1999, la Península de Yucatán experimentó una oscuridad total cuando la luna se interpuso brevemente entre el sol y la Tierra. Según los investigadores de la State University of New York, John Justeson y Justin Lowry, este eclipse solar podría haberse anticipado utilizando una tabla maya de predicción de eclipses con más de mil años de antigüedad, tras realizar ciertos ajustes.
El Códice de Dresde, el registro más conocido de la astronomía maya que ha llegado hasta nuestros días, fue el objeto de un nuevo análisis por parte de Justeson y Lowry. Este manuscrito, elaborado sobre papel hecho con la corteza interna de higueras centroamericanas, contiene tablas que predicen eclipses solares y lunares, así como los movimientos de Venus.
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Los mayas empleaban un calendario de 365 días para actividades civiles, como la siembra y la cosecha, y otro de 260 días con fines adivinatorios y sagrados. El códice refleja parte de estos complejos cálculos astronómicos.

El estudio de Justeson y Lowry se centró en la tabla de predicción de eclipses del códice, que abarca 405 meses lunares, equivalentes a un periodo de 32 años y tres cuartos, probablemente iniciado en 1083 o 1116 de nuestra era. Durante el último siglo, los especialistas han tenido dificultades para descifrar la lógica detrás de la estructura de esta tabla y el método que permitía a los mayas mantenerla actualizada a lo largo del tiempo.
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La confusión, según los investigadores, provino de la creencia de que los guardianes del tiempo mayas —encargados de mantener los calendarios sagrados— comenzaban una nueva tabla inmediatamente después de concluir la anterior, lo que habría generado errores acumulativos. Justeson y Lowry sostienen que, en realidad, los mayas empleaban un sistema de tablas superpuestas.
En lugar de iniciar una tabla nueva, reiniciaban la siguiente en intervalos de 223 o 358 meses, ambos correspondientes a ciclos de eclipses. Este método permitía corregir los errores astronómicos que se acumulaban con el tiempo y garantizaba la precisión de las predicciones durante siglos.
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Los autores afirman en un artículo publicado en Science Advances que la tabla de eclipses del códice no era simplemente un registro predictivo, sino el resultado de observaciones realizadas por los guardianes del tiempo durante el seguimiento de un calendario lunar. “La tabla de eclipses parece haber sido una revisión adaptada de una tabla menos compleja, que listaba 405 meses lunares sucesivos”, escribieron Justeson y Lowry en su estudio.
El análisis de los investigadores indica que, si un mes lunar dura entre 29 y 30 días y 49 meses lunares equivalen a 1.447 días, entonces 405 meses constituirían la primera entrada que es múltiplo de 260 días. “Esto sugiere que la tabla de eclipses de 405 meses surgió de un calendario lunar en el que el calendario adivinatorio de 260 días se sincronizaba con el ciclo lunar”, explicaron los autores en su publicación.
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En 2022, un hallazgo arqueológico en Guatemala aportó nueva luz sobre la antigüedad de los sistemas calendáricos mayas. Se descubrió una pintura mural en una pirámide, datada entre el 400 a.C. y el 200 d.C., correspondiente al periodo Preclásico Tardío maya, que constituye la evidencia más temprana conocida del uso del calendario maya.
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