Eduardo Berti (Foto: Lihue Althabe)
Eduardo Berti (Foto: Lihue Althabe)

Eduardo Berti dice percibir "apenas unos minutos o unas horas" aquello de ser turista en Buenos Aires (como dice la canción de Man Ray). "Es una sensación de extrañamiento súper interesante, pero que se evapora enseguida. Y el sentimiento que sigue es el de no poder creer que no vivo ahí. El sentimiento que sigue es que me parece mentira haber estado ausente todo este tiempo", razona el escritor —antes periodista, aunque tal vez ambos oficios nunca dejen de ejercerse a la vez y mucho menos, uno sobre otro—. El motivo de una nueva visita a su ciudad natal fue esta vez, además de participar en un inminente documental sobre Luis Alberto Spinetta de la señal Nat Geo, la edición casualmente casi simultánea de la novela corta Faster (Impedimenta) y de un inclasificable ejercicio lúdico-semiótico: Por. Lecturas y reescrituras de una canción de Luis Alberto Spinetta (Gourmet Musical). 

"Cada uno de los libros tiene el título de una canción. Y se publicaron más o menos a la vez. No era la idea, pero acá se editaron al mismo tiempo (uno de ellos salió en España, y la editorial resolvió mandarlo). Así se juntaron. Para mí en un principio tenían poco que ver, y ahora que están juntos me doy cuenta que tienen mucho más que ver que lo que creía… En realidad, tienen bastante que ver", dice el autor mientras bebe con gusto un porteño cortado en la cafetería de un hotel de Palermo.

Berti se fue de Argentina en 1998 ("justo después del Mundial que ganó Francia. Bromeaba que, como argentino, solo podía mudarme al país del nuevo campeón mundial de fútbol", acota). Vivió 8 años en París ("una experiencia maravillosa"), volvió "un rato" a Buenos Aires ("ahí nació mi hijo y, entre otras cosas, fundé la editorial La Compañía"), pasó un tiempo en Madrid y desde hace 5 años reside en Burdeos, al sur de Francia. Más de 20 años fuera de casa.

“Faster” de Eduardo Berti
“Faster” de Eduardo Berti

La coincidencia editorial contribuye a buscar (y encontrar) el vínculo conceptual entre ambos libros. Faster es una novela de iniciación y amistad, un relato sobre la adolescencia en el que dos pibes de zona norte —metidos en la aventura de publicar una revista "subte" en plena época de dictadura— cruzan la ciudad y llegan hasta una concesionaria de autos en Barracas, nada menos que para entrevistar a Juan Manuel Fangio, el quíntuple campeón del mundo de Fórmula 1. Por es un juego literario que se dispara en diferentes direcciones posibles, tantas o más inclusive que las 47 palabras que integran la letra —escrita por Spinetta a dúo con su pareja y madre de sus hijos, Patricia Zalazar— de la breve canción número 3 del lado A de Artaud. El disco considerado por fans, entendidos y melómanos en general como el mejor de Spinetta y uno de los mejores de todos los tiempos del rock argentino, según fuerte consenso de crítica y público.

Así es que el largo brazo que vincula la novela titulada como la canción de George Harrison —una declaración de amor al mundo de la Fórmula 1— con el estudio casi infinito de posibilidades que trae consigo la creación de Luis Alberto Spinetta —escrita con rastros de surrealismo, concretismo y cut and paste— encuentra en el autor, un buen punto de convergencia. Berti es tan fan de George Harrison (y de Los Beatles por supuesto) como de Spinetta, a quien trató y entrevistó para diversos medios en los años 80 y 90. Y sobre cuya obra, finalmente, escribió uno de los mejores libros de la literatura vinculada al rock argentino: Spinetta. Crónica e iluminaciones (1989, con reedición aumentada y corregida en 2013).

"Cuando escribí el prólogo para la reedición, repasando todo lo que había hecho en ese entonces me vino la historia de Fangio a la cabeza. Pensé 'esta historia me viene todo el tiempo…' Diez años después de aquella entrevista a Fangio, llamé a Spinetta para hacer el libro. Es decir, estaba reproduciendo la misma escena… Y yo no me di cuenta en ese momento. Ahora sí lo puedo ver", razona.

“Por. Lecturas y reescrituras de una canción de Luis Alberto Spinetta” de Eduardo Berti
“Por. Lecturas y reescrituras de una canción de Luis Alberto Spinetta” de Eduardo Berti

—En Faster se cuenta una historia de un período especial de tu vida. ¿Es evocadora de tu adolescencia y el primer acercamiento al periodismo? 

—Es una novela corta, bastante autobiográfica. Los hechos básicos son ciertos, otros y varios detalles no. Tiene que ver con una anécdota que con el tiempo me di cuenta que fue más que una anécdota, fue algo que marcó mi vida. Sobre todo a esa edad… Hacíamos una revistita totalmente artesanal con otros amigos. Y para diferenciarnos de otras revistas "subte" por el estilo -de rock, de poesía beatnik, cosas así-, dijimos "hagamos una revista subte de deportes". Por supuesto era una revista de deportes totalmente freak porque no éramos atletas (risas). Éramos deportistas teóricos totales. Habíamos sacado dos números pero todavía sin entrevistas, que nos parecía un género totalmente inalcanzable: fundamentalmente porque había que tener un entrevistado y para eso, había que ver cómo llegábamos a él, llamar por teléfono, demasiadas cosas para esa edad… Hasta que un día (así empieza la novela), voy a la casa de este amigo y él me dice "¡hagamosle una entrevista a Fangio!"

—¿Supiste hacia dónde te llevaría el relato desde un principio?

—Cuando uno se pone a escribir una novela, hay un momento en que los planetas se alinean. Uno está con la antena conectada para que eso suceda, claro… Pero es importante tener en claro un par de cosas. Y el tema de la amistad era clave. Aunque no quise que fuera algo puramente nostálgico, inevitablemente ahora estoy reviviendo cosas de cuando tenía esa edad porque es la edad que tiene mi hijo. De pronto, las revivo hoy pero también desde hoy. Por ejemplo, con las burlas de mi hijo cuando me ve viendo esas cosas de la "edad de piedra" en YouTube. 

Eduardo Berti (Foto: Lihue Althabe)
Eduardo Berti (Foto: Lihue Althabe)

—¿Con el tiempo creés que has desarrollado un "método" de escritura?

—Antes trataba de tener todo mucho más planificado, pero tal vez era porque se trataba de las primera novelas y así tenían una trama más rígida. Ahora no sé, le tengo menos miedo al desorden, me largo más. Serán los años, o más bien un cambio de gustos. Cada vez más me gustan cosas más híbridas como Faster. Me aburre una novela más lineal aunque si está bien hecha, por supuesto me encanta. Pero me gusta probar. Cuando siento que estoy haciendo algo que ya sé hacer, no me gusta. Y ahí están los Beatles también. Yo crecí escuchando esos discos, lo mismo con Spinetta. Cada nuevo disco venía con una invitación a probar algo nuevo. Mañana es mejor, ¿no? Lo digo como principio vital.

—Hay una fantasía recurrente sobre los escritores. Es que escriben inevitablemente en modo autobiográfico, lo hagan explícito o no. ¿Cómo lidiás con eso? 

—Durante mucho tiempo traté de no hacer nada autobiográfico, creo que por timidez sobre todo. Ahora me animo más, y creo que eso sucedió definitivamente después que escribí Un padre extranjero, sobre mi viejo y una historia en la vida de Joseph Conrad mezcladas. Eso me permitió animarme a hacer un "yo" que se pareciera un poco a mí. Después hice esa especie de diario de viaje extraño que es La máquina de escribir caracteres chinos y Faster es, tal vez, en donde el narrador es más parecido a mí… También hay mucho de memoria colectiva pero esta vez me salió del alma. Quería escribir eso, quería meter el rock en una novela… Cada vez estoy dándome cuenta más de algo: cuando empecé a hacer literatura, yo que era periodista de rock -para otros colegas, para la poca gente que me conocía, para las editoriales- tenía especial cuidado en avisar "ojo, también soy otra cosa". Le tenía terror a esa mirada "uh, el libro de un periodista de rock…" Creo que no tenía nada malo, pero era mi complejo. Ahora, hace años que ya no me importa.

Eduardo Berti (Foto: Lihue Althabe)
Eduardo Berti (Foto: Lihue Althabe)

¿Por qué elegiste Por y por qué lo hiciste de un modo tan particular?

—La canción es una locura… Siempre me obsesionó. Pero no se si es la primera canción de Luis que le pondría a un extraterrestre que me pidiera conocer a Spinetta. Sí es una de esas canciones que son únicas, sobre todo por la letra. Siempre me pareció un ovni absoluto. Humildemente la ubico en una lista de letras raras, con "Seru Giran", las monovocálicas de Gieco y de Jacoby, "Mejor no hablar de ciertas cosas"… Son letras que se escriben cada tanto. Y ésta a mí siempre me apasionó. 

—¿Cómo llegaste a este resultado?

—Me puse a jugar. Hace unos años que formo parte de un grupo de escritores que se llama Oulipo, donde lo lúdico es muy importante. Haber estado ahí me condujo a tener mucha más información de la que ya tenía. Por eso en el libro aparecen referencias que tienen que ver con mis últimos 7 años. Eso me pareció interesante: en el fondo es Spinetta, que me acompaña durante la vida, pero aquí aparecen estas cosas que hoy me interesan y que no necesariamente son spinetteanas. Así me salió. Me puse a jugar con "Por" porque dije "acá hay 47 palabras" pero al no haber un armado sintáctico, empecé a moverlas. ¡Para mí! Como quien cocina un plato, probando con ingredientes poco conocidos o desconocidos. Y justo estaba leyendo cosas de Artaud, ahí descubrí otros vínculos. Así me fui dando manija, quise probar por acá, probar por allá, y empecé a tomar nota. Al principio no tenía mucha idea pero me di cuenta que había muchas para decir de la canción. Y ya tenía varios cuadernos con notas, entre ellas el descubrimiento que la palabra del medio -son 23 palabras antes, y 23 palabras después"- es "fin". Le escribí un mail a Patricia preguntándole por eso, y ella no sabía… 

Eduardo Berti (Foto: Lihue Althabe)
Eduardo Berti (Foto: Lihue Althabe)

—Más allá del músico y su obra. ¿Qué recuerdo personal tenés de Spinetta?  

—Era un tipo de una generosidad, una inteligencia, una sensibilidad y un humor increíbles. Un ser de luz, pero a la vez un tipo muy despierto. Quiero decir: tenía algo de ángel, pero no era un inocente. Creo que pude superar algunas barreras, pero la diferencia de edad era grande. Sobre todo la diferencia de madurez. Yo era muy pibe. Esas semanas charlando con él me hicieron crecer en todo sentido: como persona, como periodista.

 

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