Una joven expone frente a la cámara cómo operan presuntos esquemas de estafa financiera en Cuba mediante plataformas de mensajería y transferencias electrónicas. A lo largo del video, la ponente muestra capturas de pantalla de conversaciones donde se acuerdan transacciones de dinero y entregas de productos. Video cortesía ciudadana.
Una ciudadana cubana difundió una advertencia sobre una modalidad de estafa que ofrece bicicletas eléctricas, promete entregas a domicilio y busca obtener códigos de verificación enviados al teléfono de las víctimas. Según su relato, los responsables aprovechan el acceso a cuentas de WhatsApp para hacerse pasar por el comprador y pedir a familiares o conocidos que envíen dinero mediante Zelle.
La denunciante explicó, a través de un video público en redes sociales, que los anuncios pueden referirse a distintos productos, aunque identificó a las bicicletas eléctricas o “bicimotos” como uno de los artículos más usados en la maniobra. Los supuestos vendedores proponen una operación que parece segura: aseguran que el pago se efectuará solo después de que el producto llegue a la vivienda.
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La condición, según alertó, cambia cuando se acerca la hora pactada para la entrega. En ese momento, el presunto repartidor llama a la víctima, asegura que no localiza la dirección y solicita un código que acaba de llegar por mensaje al teléfono.
“Nunca compartas estos códigos que llegan de la nada a tu teléfono sin que tú lo solicites”, advirtió la mujer en el video, en el que reconstruyó el intercambio que tuvo con un supuesto vendedor.

La oferta promete entrega antes del pago
La mecánica comienza con publicaciones de venta que presentan artículos de alto valor para el contexto cubano. La persona interesada escribe al anunciante y consulta por la disponibilidad y las condiciones de la compra.
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En el caso expuesto, el vendedor dijo que solo aceptaba pagos a través de Zelle, plataforma de transferencias electrónicas muy utilizada entre cubanos que reciben ayuda económica desde Estados Unidos. También sostuvo que la bicicleta sería llevada hasta el domicilio del comprador.
La mujer relató que, al preguntar si la entrega podía concretarse ese mismo día, recibió una respuesta que insistía en una supuesta garantía: el depósito se realizaría una vez que la bicicleta estuviera en la casa y tras la firma de los documentos correspondientes.
El argumento busca reducir las sospechas de la víctima. La promesa de no pagar por adelantado transmite la idea de que no existe riesgo económico inmediato, aunque la estafa apunta a otro objetivo: obtener el control de una cuenta de mensajería.
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El pedido del código aparece durante una llamada
Según la alerta, el falso vendedor contacta a la persona poco antes de la supuesta entrega. Puede afirmar que está perdido, que no encuentra la vivienda o que necesita ubicar el domicilio con el GPS de su vehículo.

Bajo esa explicación, solicita que la víctima le reenvíe un número recibido en el teléfono. El pedido puede presentarse como un trámite menor para facilitar la llegada del repartidor, pero el código puede corresponder a una verificación de acceso a WhatsApp.
“Te va a decir que no encuentra la casa, que está perdido, que le mandes un código que llegó a tu teléfono para que él lo pueda poner en el GPS del carro”, describió la ciudadana.
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Esa solicitud es el punto central de la operación. El supuesto repartidor no necesita un código de verificación recibido por el comprador para localizar una dirección. La clave puede permitir que terceros intenten registrar o abrir la cuenta de WhatsApp de la víctima en otro dispositivo.
El acceso a los chats permite suplantar la identidad de la víctima
Una vez que los estafadores consiguen entrar a la cuenta, pueden revisar conversaciones y localizar contactos vinculados con el pago de la compra. La denunciante señaló que los delincuentes buscan, entre los mensajes, a la persona que enviará el dinero por Zelle.
Desde la cuenta comprometida, pueden escribir como si fueran el comprador y afirmar que el producto ya fue recibido. El mensaje puede incluir una instrucción directa para realizar la transferencia: “Sí, ya, haz el pago que ya tengo aquí la bicicleta conmigo”.
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El engaño gana credibilidad porque el pedido llega desde el número habitual de la persona que supuestamente adquirió el producto. Quien envía el dinero puede interpretar que conversa con un familiar, una pareja o un amigo y completar la operación sin confirmar la situación por otra vía.
La bicicleta, según el relato, nunca llega. El perjuicio no recae únicamente en quien buscaba comprar el artículo, sino también en la persona que recibe el mensaje fraudulento y concreta la transferencia.
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