
Las dificultades para acceder al crédito formal en Costa Rica han impulsado a miles de personas hacia alternativas informales y riesgosas, como los préstamos conocidos como “gota a gota”, en un contexto donde la regulación bancaria y la elevada carga de requisitos han creado un mercado excluyente y costoso.
Esta tendencia preocupa tanto a expertos financieros como a potenciales inversionistas, quienes aseguran que la falta de competitividad y la burocracia bancaria desincentivan el uso de canales seguros y confiables para el manejo de ahorros e inversiones.
El impacto de los préstamos informales y la exclusión financiera
El crecimiento de la banca alternativa, fuera del control regulatorio estatal, genera inseguridad jurídica para quienes solicitan o entregan préstamos. La proliferación del “gota a gota” responde, en parte, a los estrictos topes de tasas de interés impuestos por la legislación nacional, como la Ley de Usura.
Estos topes, si bien buscan proteger a los consumidores de intereses abusivos, han dado lugar a un mercado negro donde las condiciones son incluso más desfavorables para los solicitantes.
Esta situación refleja la dinámica de cualquier mercado donde las restricciones oficiales empujan a productores y consumidores hacia transacciones fuera del sistema formal.
El resultado es que muchas personas, ante el rechazo del crédito formal debido a su perfil laboral o la falta de garantías, encuentran en estos esquemas informales una salida rápida, pero sumamente riesgosa.
Adriana Rodríguez, economista costarricense, asegura que tanto la falta de competencia como las cargas parafiscales, como altos encajes legales e impuestos adicionales para la banca privada y estatal, elevan el costo de los créditos en el país.
En la práctica, esto dificulta la expansión del financiamiento, obstaculizando tanto a quienes buscan un préstamo como a los pequeños empresarios y trabajadores informales excluidos de los requisitos tradicionales de la banca.
El dilema entre ahorrar e invertir: estrategias y riesgos
Una de las principales recomendaciones para los adultos mayores y para quienes buscan preservar su capital ante este panorama es distinguir claramente entre ahorrar e invertir.
El ahorro debe priorizar la seguridad del capital, preferible en entidades financieras de sólida reputación, donde el riesgo de quiebra es bajo.
Diversificar los fondos entre dos bancos puede ser prudente, aunque para quienes tengan mayores dificultades tecnológicas o de movilidad, concentrarse en una sola institución puede resultar más sencillo y seguro.
El contexto de estafas cibernéticas impone un desafío adicional, especialmente para la población mayor, habituada a guardar dinero en efectivo ante la desconfianza generada por crisis recientes en algunas cooperativas.
Es clave robustecer la formación y el acceso a información confiable para evitar caer en fraudes y proteger los ahorros de posibles robos o catástrofes.
En cuanto a la inversión, el acceso a los mercados accionarios internacionales desde Costa Rica se efectúa principalmente a través de fondos mutuos y fondos espejo del S&P 500, que permiten a los pequeños ahorristas diversificar su inversión con montos iniciales bajos, desde 200 dólares, y sumar aportes periódicos.
Esta opción se presenta como la más efectiva para quienes buscan rentabilidad a largo plazo, ya que evita la exposición al riesgo individual de una sola empresa y replica el comportamiento del índice accionario estadounidense más relevante.
Según datos recientes, un fondo mutuo local que replica el S&P 500 ofreció un rendimiento acumulado neto del 42 % en sus primeros cuatro años, reflejando la tendencia alcista de los mercados en periodos prolongados.

Obstáculos en el acceso al crédito y el mercado laboral
La rigidez en los requerimientos de la banca formal costarricense, como la necesidad de contar con contrato laboral, cotización en la Caja Costarricense de Seguro Social y cumplimiento tributario estricto, ha dejado fuera del sistema a cerca del 45 % de la población económicamente activa, que se desempeña en la informalidad.
Esto implica que muchas personas, aunque tengan ingresos estables o recurrentes, no cumplen con los filtros para ser sujetos de crédito o se enfrentan a límites severos de monto y condiciones poco ventajosas.
Para quienes no logran acceder a un crédito tradicional, existen alternativas intermedias en el sector formal, como los créditos ofrecidos por desarrolladores inmobiliarios, que aunque presentan mayores costos, al menos otorgan algún grado de seguridad jurídica mediante contratos. La situación es aún más compleja para la población que envejece, dado que los requisitos incluyen exámenes médicos y dictámenes adicionales, lo que eleva tanto el costo como la complejidad del proceso.
Fondos mutuos: acceso democrático e inversiones reguladas
El desarrollo de fondos mutuos junto a la posibilidad de invertir en índices internacionales como el Standard & Poor’s 500 ha abierto la puerta a que los costarricenses, con montos asequibles, puedan construir portafolios diversificados. Esta modalidad, además de reducir comisiones y riesgos, permite a los inversionistas beneficiarse de la revalorización progresiva de los mercados, sin necesidad de grandes conocimientos técnicos ni inversiones elevadas.
El ingreso y retiro de estos fondos está disponible de forma digital, y la rentabilidad se ajusta al comportamiento diario del índice de referencia. Por ejemplo, si el valor del S&P 500 sube durante la permanencia del inversionista en el fondo, esa diferencia se traslada a su capital al momento de la salida.
Aunque se puede invertir y retirar en plazos cortos, la recomendación es mantener la inversión durante varios años para obtener los mejores retornos, ya que la volatilidad a corto plazo dificulta las ganancias rápidas.
El perfil idóneo para las inversiones en acciones corresponde a personas con horizonte de al menos diez años, ya que los altibajos del mercado tienden a suavizarse en plazos prolongados, transformándose en una tendencia alcista históricamente comprobada.

Para quienes buscan iniciar con pequeños capitales o priorizar la diversificación, los fondos mutuos siguen siendo la alterativa más adecuada y segura. El funcionamiento está regulado, lo que protege a los ahorrantes frente a prácticas especulativas o fraudes, distinguiéndose de los mecanismos informales y no supervisados que circulan por redes sociales y medios electrónicos.
La educación financiera y la consulta de fuentes especializadas son esenciales, tanto para evitar caer en esquemas no autorizados como para maximizar las oportunidades de crecimiento patrimonial, ya sea en el ahorro tradicional o en las inversiones guiadas reguladas por el mercado bursátil formal.
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