
A partir de dos hallazgos recientes que, aunque distintos en su naturaleza, convergen en un mismo relato: el de un territorio clave para comprender la megafauna y el pasado biológico, no solo de Colombia en sí, más que del mismo continente americano.
En la imaginación colectiva bogotana estos dos hallazgos han sido mezclados con el tiempo, no por ignorancia, sino por falta de información. Por un lado, en septiembre de 2025, tras las excavaciones de la Primera Línea del metro, se revelaron restos arqueológicos que evidencian la actividad humana en el antiguo altiplano. Por otro lado, el hallazgo accidental de fósiles de mamuts en el barrio Alcalá en noviembre del 2021 despertó el interés ciudadano por los grandes mamíferos prehistóricos que habitaron la región, así como por la precisión científica sobre qué especies existieron realmente en lo que hoy es Colombia.
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Aunque se mezclaron ambos hechos en un mismo relato, entendido falsamente como “el descubrimiento de restos fociles de mamuts durante las excavaciones del Metro de Bogotá”, la realidad es que son dos historias totalmente diferentes.
Sin embargo y tras este proceso de fact-checking desde Infoabe Colombia, estos hechos coinciden con el renovado interés científico por la megafauna de la Sabana, un ecosistema que hace entre 15.000 y 16.000 años albergó grandes herbívoros como gonfoterios, perezosos gigantes y gliptodontes, junto a caballos americanos, venados y grandes depredadores

La megafauna y fauna de la Sabana de Bogotá han concentrado la atención de la paleontología nacional, ya que este territorio funcionó como corredor fundamental durante el Gran Intercambio Biótico Americano.
Especialistas del Servicio Geológico Colombiano han explicado a Infobae Colombia la importancia de los hallazgos recientes y han precisado la identidad de las especies extintas que habitaron estos ecosistemas.
El trabajo de conservación y estudio del patrimonio geológico recae en el equipo conformado por Laura Sofía Chinchilla Morales, geocientífica responsable de las colecciones del Servicio Geológico, junto a Christian Benavides, líder de investigación paleontológica, y José Alejandro Narváez, paleontólogo y preparador fósil. Narváez aclara: “Nuestro trabajo es cuidar las colecciones, investigar los materiales y responder las dudas de la comunidad sobre el patrimonio paleontológico”.
Gonfoterios y otras especies de la megafauna en Bogotá
Chinchilla Morales explicó inicialmente que la precisión científica es fundamental en la denominación de los grandes mamíferos: “Lo correcto es hablar de gonfoterios, no de mastodontes ni mamuts. Gonfoterios es el término apropiado porque pertenecen a la familia Gonfotheriidae”. Además, las especies presentes en Suramérica son Notiomastodon platensis y Cuvieronius hyodon.

La especialista aclara: “En América del Sur no existieron originalmente ‘mamuts’; estos animales estaban restringidos al norte del continente”. Señala también que los perezosos gigantes, por el contrario, eran originarios de América del Sur y llegaron a migrar hacia el norte, lo que evidencia el dinamismo de la fauna prehistórica.
Narváez amplía: “Si hablamos de grandes mamíferos, se destacan los gonfoterios, los perezosos gigantes y los gliptodontes. Pero la diversidad era enorme: también había venados, armadillos, e incluso registros de pumas y jaguares”.
El Gran Intercambio Biótico y la Sabana como corredor
Chinchilla Morales destaca el papel esencial de Colombia en la migración de especies: “Colombia, al estar justo por debajo de Panamá, es el principal corredor de entrada para las especies que se encontraban en el norte del continente”. Explica que, tras la formación del istmo de Panamá, se produjo este intercambio: “Es un evento biogeográfico donde especies de Norteamérica migraron al sur y viceversa, en repetidos pulsos”.

Añade que “Colombia actuó como paso obligado, facilitando el flujo de fauna entre ambos hemisferios durante el proceso de unión de los continentes”. Por este motivo, se han hallado evidencias de estas especies extintas tanto en la Sabana de Bogotá como en el Valle del Cauca, Nariño y el Caribe.
Cómo era la Sabana de Bogotá en tiempos de la megafauna
Acerca del ambiente del altiplano hace unos 15.000 a 16.000 años, Chinchilla Morales explica: “No hay evidencia de que Bogotá fuera un refugio clave, pero sí era ecológicamente favorable por tratarse de praderas de altura con amplias áreas abiertas”. Destaca la abundancia de cuerpos de agua en la zona, lo que proporcionaba abrevaderos y sostenía poblaciones numerosas de animales, incluidos los caballos americanos nativos.
Benavides analiza: “Disponibilidad de espacio, alimento y oxígeno son fundamentales para que surjan estos animales tan grandes; esas condiciones ambientales se daban entonces, pero han cambiado mucho y por eso ya no existen hoy”. Narváez añade que el clima de aquella época era “más frío, propio de un páramo, aunque similar en muchos aspectos al actual”.

Sobre la flora y fauna asociadas, Chinchilla Morales menciona la existencia de venados, armadillos del género Dasypus y caballos del género Equus, integrantes de ese ecosistema antiguo.
Hallazgos fósiles y el papel del Servicio Geológico Colombiano
La mayoría de los registros fósiles en la Sabana de Bogotá corresponden a hallazgos fortuitos ocurridos durante excavaciones y obras de construcción. “En Tocancipá se han reportado gonfoterios junto a caballos, lo que demuestra la coexistencia de varias especies”, indica Chinchilla Morales en diálogo con Infobae Colombia.
La paleontóloga destaca la labor de los hermanos De la Salle, quienes a comienzos del siglo pasado recuperaron restos en Mosquera, específicamente en la hacienda Balsillas. “Existen también menciones de posibles hallazgos en lugares como Madrid, Guatavita, Bosa y Soacha, aunque no siempre se han documentado plenamente”.

Narváez señala un caso representativo: “Durante la ampliación de un colegio en Anolaima, Cundinamarca se encontraron numerosos restos de gonfoterios. Gracias al reporte oportuno de la ciudadanía, logramos rescatar el ejemplar antes de que la construcción avanzara”.
Humanos y megafauna: evidencia de convivencia
Consultada sobre la evidencia arqueológica, Chinchilla Morales afirma: “Sí existen registros de interacción entre seres humanos y megafauna, pero la extinción de estas especies fue resultado de varias causas, principalmente cambios ambientales y no exclusivamente la acción humana”.
Narváez explica que en Tibitó, Tocancipá, se han identificado huesos de gonfoterios, caballos y herramientas líticas (artefactos creados a partir de la piedra mediante técnicas de talla y pulido), lo cual muestra una interacción directa en el pasado. No se han hallado pruebas claras de domesticación en ese periodo, pero sí evidencia humana en actividades de caza y uso de los recursos de los grandes mamíferos.
Benavides comenta que pinturas rupestres en zonas como Chiribiquete sugieren la posible representación de perezosos gigantes junto a figuras humanas, aunque reconoce que la interpretación de estos dibujos es compleja y no concluyente.
¿Sigue habiendo fósiles por descubrir en la Sabana de Bogotá?
El interrogante sobre la posibilidad de nuevos hallazgos sigue vigente. Chinchilla Morales explica: “Científicamente, siempre existe la posibilidad de que se encuentren nuevos fósiles, pero depende de la profundidad y el lugar de la excavación”.
Benavides destaca: “La vegetación limita mucho la exposición de las rocas; las oportunidades de hallazgos dependen de obras que remuevan estos estratos. Muchas veces, materiales de pequeño tamaño pueden pasar inadvertidos y perderse si los trabajadores no reconocen su valor”.

El legado de la coexistencia entre humanos y megafauna en la región se revela a través de vestigios arqueológicos que permiten reconstruir escenas de interacción y supervivencia, a la espera de que el suelo de la Sabana de Bogotá ofrezca más fragmentos de ese pasado compartido.
Cómo se reportan y gestionan los hallazgos de fósiles
Finalmente, Chinchilla Morales recalca la función institucional del Servicio Geológico Colombiano en la protección del patrimonio: “Ante cualquier posible hallazgo, los ciudadanos pueden escribir a museo@sgc.gov.co o patrimonio@sgc.gov.co, sin ser expertos en el área. Analizamos cada reporte y, si es necesario, acudimos al sitio para preservar el material encontrado”.
Benavides aclara que los hallazgos son “fortuitos y bastante raros, no es cierto que al excavar en obras sea frecuente encontrar fósiles”. Añade: “Hay una creencia infundada de que quienes descubren fósiles no los reportan para evitar retrasar obras, pero en realidad el registro es muy escaso. No hay evidencia de que se oculten sistemáticamente. La legislación protege los derechos adquiridos de las obras, pero se busca rescatar los fósiles relevantes para el país”.
Narváez insiste: “Solicitamos que la gente reporte para poder proteger el patrimonio y realizar los rescates pertinentes sin bloquear el avance de la construcción”.
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