
Un incendio en una maderera ubicada en el sector de barrio Triste, en el centro de Medellín, ocurrido el pasado 5 de marzo, destapó una investigación más compleja de lo que parecía a primera vista.
Según las autoridades, las llamas que consumieron por completo el local no fueron producto de un accidente, sino parte de un plan premeditado para encubrir el homicidio del vigilante que custodiaba el lugar, en medio de un intento de robo perpetrado por varios delincuentes.
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La Fiscalía General de la Nación ya tiene en su poder elementos clave que podrían conducir a los responsables.
El siniestro se presentó alrededor de las 7:00 de la noche, por lo que el intenso resplandor alertó a comerciantes y residentes de la zona, que de inmediato avisaron a los organismos de socorro.

Las llamas amenazaban con extenderse hacia otros establecimientos comerciales cercanos y generar daños más graves en pleno corazón de la ciudad.
Al lugar acudieron 35 bomberos con nueve máquinas, además de cien policías y diez agentes de la Secretaría de Movilidad de Medellín, que durante más de cuatro horas se enfrentaron a la emergencia.
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Cuando lograron controlar el incendio y revisaron el interior del local, hallaron entre los escombros el cuerpo sin vida de Francisco Javier López Atehortúa, de 65 años, que trabajaba como vigilante nocturno en la maderera.
Inicialmente, las autoridades consideraron que el deceso de López Atehortúa se había producido por inhalación de gases tóxicos y el calor generado por el incendio.
Sin embargo, en el traslado del cuerpo a un centro asistencial y el posterior examen forense de Medicina Legal, los hallazgos modificaron radicalmente el rumbo del caso.

Peritos clínicos detectaron en el cadáver lesiones contundentes en diferentes partes del cuerpo, lo que indicó que la víctima había sido atacada antes del incendio.
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El análisis forense determinó que las heridas eran incompatibles con la simple exposición al fuego, lo que llevó a la Fiscalía a formular la hipótesis de un homicidio por múltiples golpes, ocurrido durante el desarrollo de un robo.
Las pesquisas dejaron en evidencia que varios sujetos ingresaron a la maderera minutos antes del inicio del incendio con la intención de robar dinero que presuntamente guardaban en el establecimiento. El vigilante se habría enfrentado a los delincuentes, pero en medio del forcejeo terminó siendo golpeado en repetidas ocasiones, causándole la muerte.
Al notar que López Atehortúa no presentaba signos vitales, los asaltantes habrían optado por incendiar el local para borrar posibles rastros y complicar la labor de los investigadores.
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El sitio, lleno de madera y productos inflamables, facilitó la rápida propagación del fuego, lo que permitió a los responsables huir mientras organismos de emergencia se concentraban en evitar que la conflagración se extendiera a locales vecinos.
Si bien el cuerpo del vigilante presentó graves afectaciones a causa de las llamas, los bomberos lograron retirarlo del lugar y entregarlo a las autoridades para el análisis forense. La rápida intervención permitió preservar evidencias físicas que las llamas no alcanzaron a destruir. Entre estas, elementos con muestras biológicas y rastros que actualmente analiza Medicina Legal.
A la par de los trabajos de campo, agentes de la Sijín de la Policía Metropolitana del Valle del Aburrá revisaron las cámaras de seguridad instaladas en el sector. Así identificaron la salida apresurada de al menos dos personas del local instantes antes de que comenzara el incendio.
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Estos videos se sumaron a otros testimonios recopilados entre comerciantes vecinos, que afirmaron haber visto a personas sospechosas merodeando la zona en las horas previas al incendio.
La conflagración destruyó por completo la maderera: mercancía, herramientas y otros enseres quedaron reducidos a cenizas, lo que supone pérdidas millonarias para los propietarios. El hecho generó preocupación entre quienes trabajan en la zona de barrio Triste y sectores aledaños, pues temen que grupos criminales estén detrás del incremento de hurtos y homicidios.
Desde la Secretaría de Seguridad y Convivencia de Medellín confirmaron que la investigación sigue en curso y que se recopila todo el material probatorio posible para esclarecer los detalles que rodearon tanto el asesinato como el incendio del establecimiento. Así mismo, se reforzaron los patrullajes nocturnos en la comuna 10 (La Candelaria) y puntos estratégicos de la ciudad.
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Las autoridades buscan identificar patrones que permitan anticipar delitos similares y reforzar la protección a trabajadores nocturnos y vigilantes privados.
Por su parte, el despacho de la Fiscalía encargado del caso concentra esfuerzos en identificar a los sospechosos a través de las imágenes de las cámaras y el análisis de huellas y rastros recogidos en el lugar del crimen.
Se mantiene activa la colaboración con la Policía Metropolitana, que mantiene presencia constante en la zona mientras avanzan los trámites judiciales.
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