Vendió toda su ropa por amor: la curiosa odisea de bogotana para conocer un ‘match’ en Medellín

Tras varios meses planeando el viaje, no todo salió como lo esperaba y, lo que comenzó como una idea para superar una tusa, terminó rompiéndole el corazón de nuevo

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En un mundo donde las aplicaciones de citas como Tinder son el pan de cada día, las historias de amor y desamor se multiplican; sin embargo, pocas alcanzan el nivel de dedicación y aventura que vivió Nia Moreno, una joven que, en medio de una profunda “tusa”, decidió vender su ropa para viajar y conocer a un “match” que prometía ser el amor de su vida.

Su relato, compartido en TikTok, es una mezcla de ingenuidad juvenil, determinación y un toque de comedia, que ha cautivado a miles de usuarios.

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Una “tusa” y un ‘match’ inesperado

Nia Moreno, con apenas 20 o 21 años y recién salida de una dolorosa ruptura, encontró en Tinder un refugio inesperado, dado que en una época en la que las aplicaciones de citas no eran tan populares, su amiga la animó a descargarla.

Para su sorpresa, su primer “match” fue con alguien de Medellín, una ciudad a seis u ocho horas de distancia por carretera, debido a las construcciones en la vía.

“El marica se veía, o sea, en las fotos, lo que hablábamos, todo era como, no sé, el amor de mi vida, o sea, el tipo perfecto,” narró Nia.

“Yo me pegué una tragada de ese hombre, no, marica, o sea, la tragada de tu vida”, agregó.

En medio de una "tusa",
En medio de una "tusa", Nia Moreno encontró consuelo en Tinder y su primer 'match' resultó ser un hombre de Medellín que la cautivó por completo - crédito Imagen Ilustrativa Infobae

Aunque el “match” estuvo de paso por la ciudad de Nia en enero, ella, siendo universitaria y sin trabajo, se vio obligada a rechazar su invitación por falta de dinero: “No tenía un peso”, confesó.

Él se fue a Medellín, pero la conexión a distancia se fortaleció, pues “seguíamos hablando y cada que hablábamos como que más nos tragábamos y más nos tragábamos,” recordó Nia que admitió que ella era la más “tragada” de los dos.

Venta de garaje y postres de limón

Ocho meses después de aquel primer contacto, la obsesión de Nia por conocer a este enigmático hombre creció y fue entonces cuando, junto a una amiga, concibieron una “brillante idea” para financiar el viaje: vender ropa de segunda mano.

“Sacamos los chiros que teníamos, obviamente, pues no saqué como los jeans feos y las blusitas para ir a la universidad, pero saqué vestidos así como de fiesta, como la ropita que tenía como buena y bonita”, por lo que tacones, tenis casi nuevos, todo fue a la venta.

Crearon un perfil en Facebook llamado “venta de garaje”, subieron fotos de la ropa limpia y bien empacada, y empezaron a vender.

Al principio, las ganancias eran escasas, apenas $20.000, $10.000 y sin medios de transporte, caminaban para entregar las prendas; sin embargo, un día, una mujer interesada en comprar casi todo su inventario les dio el impulso necesario.

La transacción, estimada en unos $500.000 pesos, fue en efectivo: “Nos fuimos más contentas,” rememoró Nia, aunque tuvieron que regresar a pie para no gastar el dinero.

Para completar el presupuesto, decidieron vender postres de limón, dado que Nia estaba determinada: “Yo tengo que ir a conocer a ese hombre como sea”.

En ese momento, los postres también fueron un éxito y el dinero, guardado en un tarro de gomas, estaba listo para la aventura.

La decisión de viajar sola

A pesar de tener el dinero coordinar el viaje con su amiga, se volvió un desafío debido a sus diferentes horarios universitarios y cuando ellas podían, él no estaba disponible.

La idea de viajar sola empezó a rondar la cabeza de Nia, pero el miedo la invadía, ya que nunca había viajado a otra ciudad sin compañía: “Me daba mucho susto coger un bus por ocho o diez horas... donde no conocía a nadie, donde no lo conocía a él”, confesó; además, su madre solo le había dado permiso para ir con su amiga.

Desesperada, Nia consultó a una “señora que le leyera las cartas” para saber si el viaje sería bueno o si le pasaría algo, la respuesta fue alentadora, por lo que la determinación fue absoluta: “Mami las que se van”.

Sorprendentemente, una semana después, sus clases fueron canceladas y coincidió con un día libre de su “match”, lo que era la señal que esperaba.

La travesía y el encuentro inesperado

El día del viaje, Nia presentó un quiz en la universidad a las 7:00 a. m. y luego se dirigió al terminal. La universidad estaba en el norte y el terminal en el sur, lo que implicó cruzar toda Bogotá.

Salió a las 10:00 a. m. rumbo a Medellín, pero el viaje se extendió de forma agotadora, pues las construcciones en la vía causaban “pare y siga” de horas. A las 5:00 p. m., Nia seguía en el bus, muerta de hambre y con el maquillaje corrido: “Yo estaba que me desmayaba del hambre en ese bus”, narró.

Él, mientras tanto, la esperaba pacientemente en el centro comercial Mallorca, lugar en el que habían acordado encontrarse.

Finalmente, a las 7:00 p. m., Nia llegó, pero la bajada del bus fue caótica, casi la atropella un carro y al ver a su “match” sentado esperándola, todo valió la pena: “El hombre de mi vida estaba ahí sentado”.

Tras vender ropa y postres
Tras vender ropa y postres de limón, reunió el dinero para viajar a Medellín, aunque le tocó hacerlo sola - crédito Infobae Perú

Lo primero que él le dijo fue: “Eres demasiado alta”, lo que la hizo reír, ya que al ponerse de pie, apenas si se notaba la diferencia.

El abrazo fue un poco extraño, pero la felicidad era inmensa, después de una cena rápida para calmar el hambre se dirigieron a la casa de él: “El idilio, mor, el idilio, es que yo no voy a dar detalles acá, pero ajá, o sea, fue hermoso”.

El agrio final

El sueño se desvaneció al día siguiente, pues él entraba a trabajar a las 10:00 a. m., y la despedida en la estación del metro fue dolorosa.

Nia rompió en llanto, la incompatibilidad de horarios y el inicio de sus vidas laborales hacían imposible que la relación prosperara. Para colmo, se equivocó de terminal en Medellín y tuvo que tomar otro bus para llegar al correcto, llorando todo el camino.

El regreso a casa fue sorprendentemente rápido, lo que le dio más tiempo para “seguir llorando en la casa porque casi no lo supero”.

Aunque siguieron hablando un tiempo, él consiguió novia, y el corazón de Nia se rompió nuevamente; años después, se mudó a Medellín y lo volvió a ver sintiendo que una “traga” aún permanecía: “Pero, pues eso ya quedó así y ese es el fin de mi historia”, concluyó Nia.