
El volcán Cerro Machín, ubicado en el departamento del Tolima, es considerado uno de los más peligrosos de Colombia, debido a su potencial explosivo y la densidad poblacional en su área de influencia, que arrasaría gran parte del Quindío.
A través de un video publicado en la plataforma de YouTube, el creador de contenido Jorge Hernan Arcila resaltó que el volcán, cuya última erupción ocurrió hace aproximadamente 870 años, se encuentra en alerta amarilla, lo que indica actividad interna constante. Además, agregó que su capacidad destructiva, comparable a la de volcanes históricos como el Vesubio o el Krakatoa, lo convierte en un punto crítico para la seguridad y la infraestructura del país.
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Durante la expedición, Arcila tuvo la oportunidad de entrevistar a Néstor Jaime Ocampo, ambientalista miembro de la Fundación Ecológica Cosmos de Calarcá. El experto precisó que el Cerro Machín es una caldera volcánica de tipo anillo piroclástico con un diámetro de 2,4 kilómetros.
Es decir, que está compuesto por varios anillos que se intersecan y tres domos que alcanzan alturas de hasta 2.750 metros sobre el nivel del mar. Su ubicación estratégica, a solo 17 kilómetros de Ibagué, capital del Tolima, y a 35 kilómetros de Armenia, lo sitúa en una región densamente poblada y con una infraestructura clave para el comercio nacional, como el paso de la Línea, una de las carreteras más importantes del país.
La amenaza de una erupción explosiva
El potencial destructivo del Cerro Machín radica en la magnitud de sus erupciones y en la composición química de sus materiales. Según explicó Ocampo, una erupción de este volcán podría generar una columna eruptiva que alcanzaría entre 40 y 60 kilómetros de altura, expulsando materiales como cenizas, gases, lava y flujos piroclásticos. Estos últimos, con temperaturas de entre 800 y 1.000 grados Celsius (1.472 y 1.832 grados Fahrenheit), podrían desplazarse a velocidades de hasta 180 kilómetros por hora, arrasando todo a su paso.

El impacto de una erupción no se limitaría a las inmediaciones del volcán. Debido a los vientos dominantes de oriente a occidente, las cenizas podrían afectar gravemente al departamento del Quindío y otras regiones cercanas. Además, los flujos piroclásticos podrían alcanzar el río Magdalena, afectando las cuencas de los ríos Toche, Coello, Anaime y Bermellón.
“Cajamarca está condenado. Incluso en algunas ocasiones ya se ha hablado de la necesidad de trasladar a Cajamarca para otro lado, solo que el Estado colombiano no tiene capacidad para hacer eso“, añadió el experto.
Infraestructura en riesgo
Uno de los aspectos más preocupantes relacionados con el Cerro Machín es su proximidad al paso de la Línea, una carretera estratégica que conecta a Bogotá con el puerto de Buenaventura y por la que transita cerca del 40% de la economía del país. Según se detalló en el video, una erupción, incluso de menor magnitud, podría cerrar esta vía durante años, con consecuencias catastróficas para la economía nacional.
Ocampo declaró que el Servicio Geológico Colombiano ya había advertido en 1999 sobre los riesgos de construir infraestructura estratégica cerca del volcán. En un documento de divulgación, se recomendaba considerar alternativas como el paso de Buga a Chaparral, por debajo del páramo de Las Hermosas. Sin embargo, estas advertencias no fueron atendidas, y la carretera se construyó a solo seis kilómetros del Machín.

“Dice claramente en términos del establecimiento de infraestructura de importancia estratégica para el país y de densificación poblacional, debe considerarse la cercanía con el volcán Machín. Lo dice claramente, porque había una alternativa ambiental que era el paso de Buga a Chaparral, por debajo del páramo de Las Hermosas”, explicó Ocampo.
Monitoreo constante y planes de contingencia
A pesar de los riesgos, el Cerro Machín es objeto de un monitoreo constante por parte del Servicio Geológico Colombiano. Desde finales de 1989, se ha registrado un incremento paulatino en su actividad volcánica, similar al nivel actual del Nevado del Ruiz, otro volcán activo en el país. Los equipos instalados en el área permiten detectar movimientos sísmicos y desprendimientos de rocas en el interior del edificio volcánico, lo que facilita la emisión de alertas tempranas en caso de una posible erupción.

Sin embargo, según se mencionó, los planes de contingencia en la región son limitados. Aunque se han realizado esfuerzos para informar a la población sobre los riesgos, la magnitud de una erupción del Machín podría superar cualquier medida preventiva. Incluso se ha planteado la posibilidad de trasladar a la población de Cajamarca, uno de los municipios más cercanos al volcán, pero esta propuesta no ha avanzado debido a la falta de recursos del Estado colombiano.
“Una vez hablé de plan de evacuación aquí en Calarcá y se armó un lío que tú no te imaginas porque nadie quiere hablar de eso, nadie quiere hablar de evacuación. De hecho, cuando se habla aquí de la amenaza de una erupción volcánica, las mismas recomendaciones que se hacen son las mismas que se hacen para el caso de un terremoto“, criticó Ocampo, que además sumó lo siguiente:
“Pero cuando ocurre un terremoto, pues se cae la casa, tú montas en frente un cambuche y está el agua, están las plantas, están los animales, está la infraestructura económica más o menos dañada, etcétera, etcétera. Pero cuando ocurre la erupción de un volcán te tienes que ir del territorio porque si no te mueres, se mueren las plantas, se mueren los animales, se contamina el agua, se contamina el aire, no hay posibilidades de actividad económica y eso se puede demorar décadas”.

Un volcán activo con un historial preocupante
El Cerro Machín es clasificado como un volcán activo, ya que ha registrado al menos una erupción en los últimos 10.000 años. En los últimos 5.000 años, ha tenido seis escenarios eruptivos, lo que refuerza su peligrosidad. Según se explicó, los volcanes explosivos como el Machín tienen un impacto catastrófico, comparable al de eventos históricos como la erupción del Vesubio en el año 79 d.C. o la del Krakatoa en 1883.
El conocimiento sobre el Machín comenzó a difundirse ampliamente después de la tragedia de Armero en 1985, cuando la erupción del Nevado del Ruiz dejó más de 20.000 muertos. Desde entonces, se ha incrementado la investigación sobre los volcanes activos en Colombia, pero el Machín sigue siendo un desafío debido a su ubicación y a la falta de preparación para un evento de gran magnitud.

Un recorrido por el volcán y sus alrededores
A pesar de lo peligroso que es el territorio, no significa que deba ser abandonado y mucho menos dejar de apoyar la economía popular de sus gentes, sobre todo, de los habitantes del corregimiento de Toche, donde sobresale la calidez de las personas y la sabrosura de la aguapanela con queso para soportar el frío. Así lo destacó Arcila en su viaje.
El área que rodea al volcán Cerro Machín ofrece un paisaje único que combina la majestuosidad de la naturaleza con la constante amenaza de su actividad geotérmica. El recorrido hacia el volcán comienza en el corregimiento de Toche, un pequeño poblado del Tolima que se encuentra a 7,1 kilómetros del cráter.

Este lugar, además de su cercanía al volcán, es conocido por albergar el bosque de palma de cera, el más grande del mundo, y por su importancia histórica, ya que fue atravesado por el Camino Nacional, una ruta utilizada por Simón Bolívar en su paso hacia Cartago y Salento.
“Ya estamos bordeando el cráter. A nuestra derecha se encuentra el cráter del volcán Cerro Machín. En este sitio dejamos los vehículos. Ahora vamos a pasar para el sector de lagunas que queda por este lado. Al llegar a la casa de don Genaro. Pero vamos a subir al cerro número uno, donde se encuentran las fumarolas principales. La subida a este primer domo es fuertecita. El trayecto es corto, pero la pendiente lo hace caminar a uno despacio”, explicó Arcila.

Finalmente, durante el trayecto hacia el volcán, los visitantes pueden observar las fumarolas que emanan de sus domos principales, una muestra de la intensa actividad interna del Machín. En el sector de las fumarolas, se encuentran equipos de monitoreo instalados por el Observatorio Vulcanológico y Sismológico de Manizales, que registran la sismicidad y otros indicadores de actividad volcánica.
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