Amaba a su marido, pero quedó en shock al llegar a su casa y descubrir una infidelidad imposible de creer

Vilma estaba casada hacía doce años con el padre de sus cuatro hijos. Pensaba que su relación era normal a pesar de que tenían sexo cada seis o siete meses. “Andábamos cansados, con cuatro hijos y mucho trabajo”, cuenta la mujer que al ver con sus propios ojos la traición de su esposo se horrorizó

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Vilma amaba a su marido y jamás imaginó que la estaría traicionando y mucho menos con quién (Imagen Ilustrativa Infobae)

Si sucediera hoy, esta historia seguramente no sería vivida por Vilma de la misma manera. Porque el mundo cambió y lo que antes no se aceptaba, en la actualidad, no suele ser un problema. Pero lo que sí sería exactamente igual es el sentimiento de traición que Vilma experimentó por la circunstancias en las que se dieron las cosas.

Sucedió unas tres décadas atrás y Vilma llevaba casada unos doce años cuando una tarde cualquiera descubrió que el amor de su vida, Luis, la engañaba nada menos que con su propio hermano menor, Juan Pedro.

No solo se estaba enterando de que su marido había elegido a alguien de su mismo sexo para serle infiel y que ella no era la mujer deseada, sino que su hermano era un flor de traidor que se había entrometido en su matrimonio.

Esconderse del mundo

En un pueblo es difícil escapar a las miradas y no darle importancia a lo que revelan los ojos ajenos. Esa es la parte que más le costó a Vilma: evitar que las pupilas de sus conocidos se posaran en ella. Todo se podía medir por el tiempo que duraba una mirada, por cómo ladeaba la cabeza el dueño de esos ojos o entornaba los párpados o por cómo alguien despegaba la vista simulando indiferencia y destilando intriga. Vilma conocía cada treta del iris, cada chispazo de desaprobación o murmullo visual. Por eso, el día que se dio cuenta de que su mundo ya no era el que creía, no pudo levantar más su mirada para enfrentar al resto. ¿Sabrían lo ocurrido? ¿Habría corrido el chisme? ¿Qué dirían? Las suposiciones la torturaban más que la realidad misma.

¿Pero cómo fue que Vilma se enteró de lo que sucedía intramuros? Fue en enero de los años 90 que ella, docente en un colegio secundario, volvió una tarde de improviso a su casa. Sus chicos estaban en clase en el colegio y su marido, supuestamente, en el consultorio donde ejercía como odontólogo. Decidió que en su tarde libre iba a podar un poco el cerco que se había desmadrado y se dirigió al coqueto galpón que habían armado en el fondo del jardín y que también hacía las veces de quincho. Deslizó la puerta corrediza decidida a tomar la tijera de podar del armario del fondo, pero se topó con una escena que cambió el resto de la película de su vida.

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Cuando se enteró de que su marido le era infiel, ya eran padres de cuatro hijos (Imagen Ilustrativa Infobae)

La traición: mi marido con mi hermano

Su marido y padre de sus cuatro hijos, estaba acostado en el sillón del galpón, demasiado cerca de su hermano Juan Pedro quien ya tenía 22 años.

“No sé qué vi exactamente, ya no sé si es lo que recuerdo o lo que creo recordar, pero el clima fue de sorpresa generalizada. Para ellos y para mí. Creo que dos segundos antes había escuchado risas, pero enseguida hubo silencio total. Estaban con el torso en cueros y con shorts de baño. Hacía calor, pero la pileta todavía tenía el agua sucia. Se quedaron duros y creo que se alejaron un poco el uno del otro. Luis tartamudeó que estaban planeando no sé qué fiesta sorpresa para el cumple de Matías, uno de mis hijos… Me sentí helada, no pude decir ni una palabra. No me salió. No atiné más que seguir hasta el fondo, pasar al lado de ellos y abrir el armario para agarrar la tijera que estaba colgada. No sé si puse alguna cara, creo que nada, que estaba de piedra. Volví a pasar frente a ellos y salí a la luz del día con la enorme tijera en la mano. Quería convencerme a mí misma de que no había visto nada, que estaba loca, que cómo iba a pasar algo entre ellos, que estaba alucinando. Mi marido, mi hermano… no podía ser, de ninguna manera. Pero mientras cortaba, sin pensar, las ramas empecé a decirme que la situación era inequívoca: ¿qué hacían los dos medio desnudos en el sillón del galpón? ¿Por qué no estaba Luis en su consultorio? ¿A qué había venido mi hermano a mi casa a esa hora sin que yo lo supiera? ¿Había visto una escena previa o posterior a algo netamente sexual? La verdad es que, a pesar de ser jóvenes, con Luis hacía tiempo que no teníamos relaciones. Andábamos cansados, con cuatro hijos y mucho trabajo. Él no intentaba acercarse nunca y yo lo dejaba pasar. Tampoco en ningún momento de nuestra pareja había sido un tipo muy sexual. Quizá yo era medio pavota y me parecía normal que pasaran seis o siete meses sin tener nada de nada a los 30 años.

Mi hermano era otro tema. Con mis dos hermanas habíamos conversado muchas veces que nos parecía que a Juan Pedro las mujeres no le interesaban. Siempre andaba con amigos, en el gimnasio y le gustaban más las cosas femeninas como la ropa y las cremas que el fútbol o el rugby o los temas típicos de los varones. Nos preguntábamos si éramos nosotras demasiado estructuradas y él era un hombre moderno y metrosexual. Con mamá o papá jamás hablamos de nada de esto porque se hubieran escandalizado. En los pueblos de esas cosas no se habla”.

Esa tarde Vilma podó y podó, sin poder aclarar su cabeza. Estaba en shock y no sabía qué paso debía dar. Se sentía incómoda y no podía definir sus emociones. Nadie interrumpió sus afilados cortes. Su hermano se fue con un “chau” desde lejos y un “después nos vemos” y su marido se hizo el distraído y se fue a dormir la siesta. Por dentro, Vilma se sentía distinta, algo se había quebrado dentro de ella.

“Lo primero que pude descubrir fue que sentía desprecio, que ellos me despreciaban por ser mujer. Me dio rabia. ¿Mi marido no había sido feliz teniendo relaciones conmigo y prefería coquetear con mi hermano? No sé si debería decirlo, pero la verdad es que también sentí mucho asco. Mi hermano era un traidor, ¿se había dejado seducir por mi marido o lo había seducido él? La furia contra mi hermano era lo más evidente. Cuando esa tarde volví a encontrarme con Luis en la cocina, él actuó como si nada. Yo solo le dije una frase: Mi hermano no vuelve a pisar esta casa jamás. Su respuesta terminó por confirmarme las sospechas. Solo dijo “Está bien, como vos digas”. ¿Por qué alguien que no hizo nada me diría eso sin discutir? ¿Cómo no me preguntó por qué yo decía semejante cosa? Era evidente que estaba agobiado por la culpa o la vergüenza de que los había pescado en algo”.

El robot sin música

Vilma a partir de ese día se escondió del mundo y de su familia y empezó a actuar como un robot sin música.

Una vez extinguidas las primeras rabias, la siguiente emoción que le apareció, varias semanas después, fue la tristeza. Fue entonces que se animó a hablar del tema con su íntima amiga de toda la vida, Rocío.

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Vilma y su marido pasaron meses y meses de frialdad silenciosa (Imagen Ilustrativa Infobae)

Ella quedó estupefacta. Le aconsejó buscar un terapeuta para que la ayudara a interpretar, a hablar, a sacar afuera sus miedos y ver cómo seguir con su vida.

Vilma pasaba todas las noches despierta, con la cabeza quieta en su almohada y los ojos cerrados, mientras se preguntaba si se podía seguir casada con alguien que te engaña con tu hermano o si valía la pena intentar recomponer un matrimonio a pesar de que a su marido no le gustaban las mujeres. “Me preguntaba si él estaría dormido o despierto como yo… Pasaba ocho horas en la cama con la cabeza a mil y los párpados apretados para no tener pesadillas”.

Fue en las primeras sesiones con una psiquiatra que Vilma comenzó a destejer la maraña de emociones que la inundaban. Si pensaba en divorciarse, sentía tristeza por los chicos; sentía miedo de preguntarle a Luis lo que le pasaba con el sexo; sentía vergüenza por no ser deseada; se sentía abochornada en público por no saber si alguien sabría o no las preferencias de su marido. “Además, me preocupaba también pensar si él habría hecho algo antes con otro tipo y yo no me había enterado. Por ahí todos lo sabían y yo era la única estúpida que no estaba al tanto”.

Pasaron meses y meses de frialdad silenciosa. No había peleas, no había gritos, no había nada. Se había convertido en una casa opaca, sin risas y sin alegría de ningún tipo.

Hasta que un día Luis fue el que planteó el tema. Explotó y le dijo de frente por qué no hablaban de una vez por todas y dejaban de fingir normalidad. A Vilma se le atropelló el corazón. Lo dejó hablar sin interrumpir. Él le contó que hacía años que tenía dudas sobre su propia sexualidad. Que no sabía qué quería ni quién era. Que en realidad nunca lo había sabido. Que había intentado el matrimonio, los hijos, todo, pero que no era feliz. Aunque tampoco era totalmente infeliz, concedió como con piedad. Reveló que lo de Juan Pedro había sido algo breve, más bien exploratorio porque había sido el primer hombre en su vida y agregó que no había querido lastimarla.

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Su marido le confirmó lo que ella había creído ver: había tenido una relación con su propio hermano, que había sido el primer hombre de su vida (Imagen Ilustrativa Infobae)

Vilma dejó caer mares de sus ojos y se ahogó en sus mocos. No le respondió nada. Él, verborrágico, siguió explicitando cuando ella ya no quería oír nada más. Había cerrado sus oídos, tenía demasiado ruido en su cabeza.

¿Qué habían sido las cartas de amor eterno? ¿Las promesas que se habían hecho? ¿En qué momento se había desenamorado de ella? ¿Alguna vez la había deseado? ¿Y los hijos, qué sería de sus hijos? Se tragó todas las preguntas. Luis siguió diciendo que a sus hijos no tenían por qué contarles nada de lo ocurrido con Juan Pedro, que más adelante verían de comunicarles su orientación sexual, que podían separarse civilizadamente y seguir cada uno con sus vidas como le diera la gana.

Así de fácil, pensó Vilma, así de fácil es para él.

Mantuvo silencio porque no supo qué decir. Esa noche durmió en el living con la excusa de que tenía que corregir exámenes. Y se refugió en terapia, en sus más amigas y en sus hermanas. No quería ver nunca más a su hermano menor y eso de alguna manera haría que sus padres supieran que había ocurrido alguna pelea.

Unos días después, Luis se fue de su casa al departamento vacío de un hermano suyo.

Volver a sentir

Vilma no tuvo más remedio que aceptar la propuesta de su marido. Se separaron sin dar demasiadas explicaciones a nadie: “Le pedí que por favor fuera discreto. No quería que los chicos pasaran algún mal momento y sobre todo porque yo me sentía muy vulnerable con la situación”.

Luis no vio más a Juan Pedro y, pocos meses después, se mudó a Buenos Aires donde abrió un nuevo consultorio. En la ciudad enseguida encontró pareja y antes de un año estaba viviendo con otro dentista llamado Rori.

Vilma con él lejos se sintió aliviada. No iba a tener que dar muchas explicaciones, poco a poco se irían enterando: “Siempre me pesó la opinión del resto. Aunque me haga la moderna y la asumida, me sigue molestando que hablen a mis espaldas. Un gran tema en mi terapia fue: ¿qué se hace con ese amor que yo había sentido por una persona que parecía que nunca me había realmente deseado? Tenía la autoestima por el piso. Era una terrible sensación de desamparo, de no saber qué hacer con los sentimientos del pasado. Miraba a mis hijos y me preguntaba si habían sido fruto solo de mi amor… Ahora que pasó tanto tiempo y lo veo a la distancia siento que tendría que haber dejado fluir las cosas con más naturalidad, pero mi cabeza no estaba preparada para lo que viví. Finalmente, años después, Luis terminó de blanquear su realidad a todos. A nuestros hijos les acarreó algunos conflictos. Mi familia no me dijo nada, fueron discretos. A mis hermanas les conté lo de Juan Pedro, pero jamás se lo revelé a mis padres, era hacerlos sufrir. Aunque ellos deben haber sospechado algo porque no me preguntaron nunca el motivo de la pelea tan definitiva con mi hermano. Hoy ya no están y creo que les ahorré sufrimiento”.

Vilma pudo rehacer su vida: “Me llevó muchos años volver a confiar en las palabras de un hombre. Me volví a casar quince años después y aunque no me lo esperaba renació en mí la sensación de felicidad. A partir de que reconstruí mi autoestima pude volver a llevarme bien con Luis y dejé de cuestionarme tanto por haberme equivocado. ¡Porque me echaba yo misma la culpa de cómo no había visto lo obvio! Él tenía muchos rasgos femeninos que yo pasé por alto. Evidentemente para él tampoco habrá sido fácil”.

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Vilma volvió a casarse 15 años después y volvió a sentir felicidad (Imagen Ilustrativa Infobae)

Juan Pedro se puso en pareja con un chico del pueblo, pero la relación de los hermanos nunca sanó. Él no pidió perdón y Vilma, si bien acepta su elección sexual, no disculpa la traición: “Lo mismo me hubiera pasado si hubiera encontrado a Luis con una de mis hermanas. No la hubiera perdonado. Para mí que él haga su vida está muy bien, pero lo que me hizo no es algo que yo pueda olvidar. Mis hijos no sabían la historia hasta hace poco tiempo. En una reunión le escucharon decir algo a una de mis hermanas y vinieron a preguntarme. Fue duro porque al principio cuestionaron mucho a su padre. Con su tío no tienen relación. Pero ya son adultos y merecen saber la verdad y que no haya secretos. Los secretos enferman.”

Vilma hoy vive con su marido Carlos y con su hijo más chico en otra casa del mismo pueblo de la provincia de Buenos Aires. Dice que ya no guarda secretos y que Carlos la rescató de la falta de autoestima en la que estaba enterrada. El robot había vuelto a la vida gracias a la paciencia de Carlos que entendió perfectamente las inseguridades en el engranaje psíquico de Vilma: “Lo más importante es que lo que viví fue de alguna manera lo que me llevó hoy a tener mi gran historia de amor con Carlos. Tengo que agradecerle a Luis dos cosas: mis cuatro hijos y que me haya dejado a tiempo para encontrar a Carlos que es mi bastión, mi gran sostén y mi gran compañero con el que terminaré mis días. Él me lleva de la mano con un amor incondicional”.

*Escribinos y contanos tu historia. amoresreales@infobae.com

* Amores Reales es una serie de historias verdaderas, contadas por sus protagonistas. En algunas de ellas, los nombres de los protagonistas serán cambiados para proteger su identidad y las fotos, ilustrativas

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