Nicolás Maduro, pronuncia su discurso anual sobre el estado de la nación durante una sesión especial de la Asamblea Nacional Constituyente, en Caracas. 14 de enero de 2020. REUTERS/Manaure Quintero
Nicolás Maduro, pronuncia su discurso anual sobre el estado de la nación durante una sesión especial de la Asamblea Nacional Constituyente, en Caracas. 14 de enero de 2020. REUTERS/Manaure Quintero

La presentación de la Memoria y Cuenta 2019 de Nicolás Maduro tiene dos lecturas básicas: en un discurso de tres horas solo logró decir un dato económico verdadero y verificable. No obstante, uno de los temas poco valorado es el inicio de las ofertas electorales engañosas.

Durante su discurso Maduro insistió en que la Unión Europea (UE) y la Organización de Naciones Unidad (ONU) pueden venir a Venezuela durante el año 2020 para presenciar la transparencia de las elecciones parlamentarias que deben realizarse este año. La presencia de la UE como observador internacional ha sido una de las principales exigencias de la oposición venezolana para participar en los próximos eventos electorales.

No obstante, Maduro se encargó de dejar muy en claro que la UE, la ONU y cualquier otro grupo de expertos electorales será invitado en la calidad de “acompañantes internacionales”, un término que puede parecer solo de diferencia semántica con el de “observación electoral”, pero que en la práctica establece diferencias significativas.

Desde el año 2006 el gobierno venezolano dejó de invitar como observadores internacionales de las elecciones a organismos hemisféricos de amplia trayectoria como la UE o la Organización de Estados Americanos (OEA) y comenzó a limitar el rol de veeduría electoral de organizaciones como el Centro Carter.

Según la normativa de “Acompañamiento Internacional” aprobada por la autoridad electoral venezolana en 2006 (copiada después por gobiernos ideológicamente cercanos como Ecuador o Nicaragua) “los procesos de observación electoral internacional están asociados a los procesos de descolonización que vivieron los países africanos y asiáticos a partir de los años sesenta”.

La actual presidenta del CNE, Tibisay Lucena, ha advertido que la observación electoral internacional “se ha constituido en la práctica en una especie de acción supranacional, por encima del Estado. y de la autoridad responsable de organizar el proceso electoral (…) la observación electoral está asociada a los procesos de descolonicación, nace con una visión Norte-Sur, eurocéntrica y etnocéntrica. Está marcada por una fuerte concepción asimétrica de tutelaje y de legitimación con base en los valores propios de quine observa”.

Para el CNE la función legitimadora de la observación internacional “se excedió muchas veces poniendo en riesgos procesos de consolidación democrática”.

En la legislación vigente se argumenta que la observación internacional pretende constituirse “en la fuente de legitimidad de los procesos nacionales, sin mediar las particularidades culturales, políticas y sociales de los pueblos a donde acude”.

En esencia, solo han aceptado ser Acompañantes Internacionales de las elecciones en Venezuela la Unasur, el Consejo de Expertos Electorales de Latinoamerica (organización creada y financiada por el Estado venezolano), la Alianza Bolivariana para los Pueblos de nuestra América (Alba) y algunos integrantes e la Comunidad Económica de Estados de Africa Occidental (CEEAO) y de la Unión Africana (UA).

Diferencias significativas

Las misiones de observación internacional electoral suelen presentar planes concretos de verificación de todas las etapas que forman parte del procesos electoral y se instalan con semanas de antelación a los comicios en los países que han admitido su presencia. En el caso del acompañamiento internacional, el CNE ha limitado la llegada al país a una semana antes de las elecciones, aunque se sostiene que los invitados pueden participar en todas las etapas del proceso.

Al momento de ser invitado como acompañante electoral de los comicios presidenciales del año 2012, el Centro Carter argumentó su negativa a aceptar la invitación por razones logísticas y presupuestarias. No obstante, emitió un comunicado explicando que el propósito del acompañamiento es “invitar a individuos extranjeros a observar las actividades relativas al día de la votación mediante una presencia política mayormente simbólica, mientras que el propósito de la observación es el de invitar a organizaciones internacionales a evaluar el proceso electoral en su conjunto de manera sistemática”.

Por otra parte las organizaciones y personalidades que admiten ser “acompañantes electorales” en Venezuela tienen prohibido efectuar pronunciamientos sin autorización. También se comprometen a garantizar la confidencialidad de sus informes y a entregarlos después de que se produzca el anuncio de los resultados definitivos. Incluso, según el Artículo 487 del Reglamento Electoral, el CNE podrá revocar la credencial de acompañante internacional cuando estime que ha infringido las disposiciones legales, reglamentarias, el Plan de Acompañamiento Internacional Electoral o las instrucciones extra que hayan sido formuladas.

El impacto de esta normativa es significativo en caso que se produzca alguna anomalía importante durante un proceso electoral. Si en las últimas elecciones presidenciales de Bolivia la Misión Electoral de la OEA hubiese firmado un compromiso de Acompañamiento Electoral el análisis y la presentación pública de evidencias de manipulación electoral realizada por el partido MAS y respaldada por Evo Morales no se hubiesen podido hacer públicos.

El rol de la Misión de Observación Electoral de la OEA en Bolivia sirve además para entender la postura de Maduro sobre la presencia de los técnicos del bloque continental en unas eventuales elecciones en Venezuela: “Propongo al CNE que se invite al CELA, a la Union Europea, la ONU, a la Unión Africana (...) Puertas abiertas al acompañamiento internacional. Welcome, welcome (...) Lo que si que en este país no entrará es la OEA, ni Luis Almagro, basura traidora”.

MÁS SOBRE ESTE TEMA: