
El saqueo de Maracaibo cesó casi por completo el jueves, luego de un frenesí de violencia y robos que mostró lo cerca que está Venezuela del caos total.
En la sofocante capital petrolera del país, alrededor de 500 empresas –panaderías, tiendas de neumáticos, centros comerciales enteros– fueron saqueadas durante el apagón nacional que comenzó el 7 de marzo. Los saqueos continuaron incluso después de que las luces volvieron a parpadear mientras lugareños abrumaban a las fuerzas de seguridad del régimen de Nicolás Maduro. Los tenderos recién comienzan a limpiar mientras algunos desesperados siguen escudriñando entre los escombros.
"Si la gente ganara lo suficiente para llegar a fin de mes no estaríamos tratando de sobrevivir de esta manera", lamentó Enrique González, conductor de autobús de 18 años que robaba en un almacén de Pepsi. Miles de botellas fueron sustraídas en pocas horas y la gente se dedicó a arrancar alambres de cobre y chatarra. Los camiones de reparto llevaban horas sin neumáticos.
"Este país se ha ido al infierno".

Tierra sin ley
El gran apagón de Venezuela desató aún más tumulto en la nación en crisis. Maduro ha liderado una espiral de decadencia, lo que ha llevado a Estados Unidos y otros tantos países a reconocer al líder opositor Juan Guaidó como legítimo jefe de Estado. Maduro concentra recursos y tropas en la capital, Caracas. La devastación de Maracaibo, con una población de 1,6 millones de habitantes, demuestra que el control de las autoridades en el país es tenue.
Maduro atribuyó el apagón a un ciberataque estadounidense, sin aportar pruebas. Los expertos culparon al arruinamiento de la infraestructura. En Maracaibo, muchos transformadores y subestaciones se incendiaron luego de que se restableciera el servicio eléctrico esta semana y grandes sectores de la ciudad permanecieron en la oscuridad. Largas filas de personas con jarras y barriles se formaron cerca de camiones con agua que tenían filtraciones, arroyos y tuberías reventadas.

En la avenida Guajira, la calle principal de cuatro carriles donde ocurrió gran parte del caos, había poca seguridad. Durante un recorrido de un día por centros comerciales y almacenes saqueados se vio solo un vehículo patrullero municipal.
Hielo caliente
Los disturbios comenzaron al calor de la tarde del sábado cuando una compañía de hielo comenzó a exigir el pago en dólares. Una multitud desesperada ingresó a la fábrica y luego vació farmacias y zapaterías cercanas. Al caer la noche, el corazón de Maracaibo se vio sobrepasado mientras la gente se llevaba lo que podía obtener.
Empresas Polar, gigante de la comida venezolana, señaló que su planta de Pepsi y sus fábricas de cerveza y pastas fueron destruidas casi por completo. La gente se llevó miles de cajas de cerveza y refrescos y 160 palés de comida. La empresa perdió 22 camiones y cinco montacargas.

Ferre Mall, un centro comercial con más de 50 tiendas, fue vaciado el lunes por personas que irrumpieron a través de sus rejas y puertas de vidrio. En plena oscuridad, la turba encendió lo que encontraba para poder ver. Una tienda de artículos de papel se incendió y el fuego se propagó.
No quedaba casi nada de agencias de viajes, puestos de cosméticos y tiendas de bocadillos el jueves. El edificio apestaba a humo y el asfalto derretido del techo se endureció en el suelo. Trabajadores cargaban escombros sobre porcelana y vidrios rotos.
Sin resistencia
"Es difícil de aceptar", admitió Bernardo Morillo, de 60 años, quien construyó y administra el centro comercial. "La Guardia Nacional se mantuvo al margen cuando ocurrió este vandalismo y los bomberos ni siquiera aparecieron".

En toda la ciudad, las fuerzas de seguridad fueron inútiles mientras las personas tomaron cualquier objeto de valor, incluidos cajeros automáticos, marcos de puertas, hornos, computadoras y cámaras de vigilancia, detalló Ricardo Costa, vicepresidente de la división del estado de Zulia del grupo empresarial Fedecamaras. La organización se ha opuesto firmemente al régimen de Maduro, que a juicio de Costa reserva su poderío para reprimir manifestantes.
"¿Cómo es posible que 1.000 guardias sean desplegados para repeler a 50.000 manifestantes, pero cuando 1.000 saqueadores acuden a un centro comercial solo envíen 50?", preguntó.

"Se podría decir que esto comenzó porque la gente tiene hambre, pero los saqueadores no se llevaron solo comida, se convirtió en vandalismo sin sentido".
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