
Durante meses, la contienda presidencial de Brasil se ha visto dominada por las preocupaciones sobre la injerencia de Estados Unidos, un escándalo que involucra al Supremo Tribunal Federal y las repercusiones políticas de una investigación de corrupción bancaria por miles de millones de dólares.
Pero para muchos brasileños, el tema más apremiante mientras se preparan para votar este domingo es una crisis mucho más cercana a sus vidas: las abrumadoras deudas personales.
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Más del 80 por ciento de las familias brasileñas están endeudadas, un máximo histórico para el país, según la Confederación Nacional de Comercio, un grupo de minoristas.
Brasil también tiene la tasa de interés de referencia más alta entre las 40 principales economías, y las familias destinan casi el 30 por ciento de sus ingresos al pago de deudas, según el banco central de Brasil. En Estados Unidos, esa cifra es de alrededor del 11 por ciento.
A diferencia de Estados Unidos, donde la mayor parte de la deuda de los hogares proviene de hipotecas, en Brasil la deuda se alimenta de tarjetas de crédito, préstamos sobre el salario y planes de pago a plazos en tiendas minoristas, que tienen algunas de las tasas de interés más altas del mundo.
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El presidente Luiz Inácio Lula da Silva, un político de izquierda que se encuentra en una reñida contienda contra su oponente de derecha, Flávio Bolsonaro, ha aprovechado esta preocupación en los últimos días de la campaña. El viernes, Lula firmó un decreto que prohíbe las apuestas en línea, las cuales se legalizaron en 2018 y han agravado la crisis de la deuda de los hogares.
Según los expertos, Brasil es el primer país en prohibir los juegos de azar en línea después de haber introducido y regulado la industria.
Los críticos, incluido Bolsonaro, desestimaron la medida como una maniobra electoral de última hora que apenas afectaría el problema de la deuda. Pero otros elogiaron la orden como una medida necesaria contra una industria que ha destruido familias, debilitado el gasto de los consumidores y sobrecargado al sistema de salud pública con las consecuencias de la adicción al juego.
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"Brasil se encamina hacia su propia versión de la crisis financiera de 2008", dijo Maria Paula Bertran, profesora de la Universidad de São Paulo. "Antes la gente era pobre, pero ahora es pobre y está endeudada".
Economistas y ejecutivos bancarios señalan diversos factores que alimentan la deuda de los hogares, entre ellos un acceso más fácil al crédito, gran parte del cual es ofrecido por bancos que cobran tasas de interés extraordinariamente altas. De hecho, Brasil tiene una de las tasas de interés más altas del mundo para el crédito rotativo de tarjetas de crédito, con tasas que superan el 400 por ciento anual para quienes no logran realizar ni siquiera un pago mensual.
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"El crédito es como una medicina", dijo Lauro Gonzalez Farias, profesor de finanzas y deuda en la Fundação Getulio Vargas, un instituto de investigación brasileño. "Nadie está en contra, pero en la dosis equivocada, puede convertirse en veneno".
Meio/Ideia, una firma de encuestas, reveló en una encuesta publicada en abril que alrededor del 75 por ciento de los encuestados mencionó el costo de vida y la deuda como temas decisivos en su voto para presidente.
Un repartidor de Río de Janeiro dijo que había acumulado una deuda de 8000 dólares por cuotas de estudios, apuestas, tarjetas de crédito y préstamos de los que ahora se arrepentía.
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Según contó, él y su esposa se mudaron con su madre para tratar de salir adelante. El hombre, quien dijo que ganaba 700 dólares al mes, pidió permanecer en el anonimato porque no quería que su familia extendida se enterara de sus problemas financieros.
Las familias pobres como la suya, dijo, nunca han tenido acceso a clases de educación financiera, y él no comprendió, en un principio, lo arriesgado que podía ser el crédito.
El crecimiento del sector de las apuestas en línea en Brasil, uno de los cinco mercados de apuestas más grandes del mundo, solo ha agravado el problema de la deuda. Los brasileños perdieron alrededor de 7000 millones de dólares en sitios de apuestas con licencia el año pasado, en comparación con los 4000 millones de dólares de 2024.
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Las plataformas de apuestas --y su publicidad-- han estado por todas partes, patrocinando desfiles de carnaval, canales de televisión, el wifi en los autobuses públicos, la mayoría de los clubes de fútbol de primera división e incluso parques.
El dominio de la industria de las apuestas sobre la sociedad brasileña quedó más que patente durante la reciente Copa Mundial, cuando a menudo parecía eclipsar al propio torneo.
Cuando el ícono del fútbol Neymar publicó un video tras haber sido seleccionado para la plantilla de Brasil en la Copa del Mundo, no tardó en celebrar el momento en las redes sociales instando a los aficionados a visitar una plataforma de apuestas que lo patrocina.
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Durante las transmisiones de los partidos de fútbol, los códigos QR de apuestas eran un elemento habitual, y los comentaristas ofrecían consejos de apuestas, sin importar que el 60 por ciento de sus pronósticos fueran erróneos, según un informe.
El uso de una herramienta digital del gobierno que permite a los brasileños bloquearse de manera irreversible el acceso a sitios de apuestas se disparó durante la Copa del Mundo. Los hogares de bajos ingresos en Brasil apostaron en promedio el 196 por ciento de sus ingresos mensuales durante el torneo, según Klavi, una empresa de análisis de tecnología financiera.
Un factor agravante de la deuda es la tradicional práctica brasileña de "compra ahora, paga después", que los mercados en línea promueven incluso entre quienes no tienen tarjetas de crédito.
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Y desde la pandemia del coronavirus, decenas de millones de brasileños de bajos recursos han abierto cuentas bancarias por primera vez, atraídos por el fácil acceso al crédito de los bancos o de aplicaciones financieras poco reguladas.
Para millones de brasileños que dependen de ingresos informales --como repartidores o vendedores ambulantes de comida--, un solo pago atrasado puede atraparlos en cuotas exorbitantes que muchos no pueden pagar.
Las altas tasas de interés que agobian a muchos brasileños, incluidas las de las tarjetas de crédito y los préstamos sobre el salario, dijo Bertran, "harían sonrojar a un usurero estadounidense".
Ante las dificultades financieras, muchos han recurrido a las aplicaciones de apuestas, según los expertos, con la esperanza de ganar dinero rápido para saldar sus préstamos, lo que ha hecho que se hundan aún más en la deuda.
Las sesiones de Jugadores Anónimos en todo el país se han llenado de miembros desesperados. El hospital público más grande de São Paulo cuenta con una clínica dedicada a la ludopatía, donde hoy el 67 por ciento de sus pacientes son adictos a las apuestas en línea, frente al 1 por ciento en 2020.
"Si apostar fuera un virus, podríamos llamarlo una pandemia", dijo Hermano Tavares, un psiquiatra que dirige la clínica.
Desde el inicio del mandato de Lula en 2023, este ha tenido dificultades para abordar la deuda de los hogares, que se ha agravado a pesar de que otros indicadores económicos han mejorado, incluidos los salarios y el desempleo. Los responsables de la campaña temen que la crisis de la deuda eclipse los signos financieros positivos en las urnas.
El gobierno de Lula ha puesto en marcha diversos programas de alivio de la deuda, ha limitado las tasas de interés de los créditos renovables y ha introducido regulaciones, entre ellas la obligación de que las plataformas de apuestas paguen impuestos.
La prohibición de las apuestas en línea fue parte de su última y más drástica medida.
"O le ponemos fin a esto, o esto acabará con Brasil", dijo Lula. "Son los pobres quienes apuestan, quienes se enferman, quienes se suicidan porque están endeudados".
La medida entró en vigor de inmediato y tiene una vigencia de hasta 120 días; después de ese plazo, el Congreso debe votar para convertirla en ley o, de lo contrario, expirará.
Los críticos sostienen que la prohibición provocará la pérdida de varios miles de millones de ingresos fiscales anuales. Sin embargo, otros afirman que las pérdidas financieras se verían compensadas por beneficios sociales y económicos adicionales. Un instituto brasileño de políticas de salud estima que los problemas causados por el juego --incluidos el tratamiento de la adicción, la pérdida de empleo y vivienda, y el encarcelamiento por delitos relacionados con las apuestas-- le cuestan al país 7000 millones de dólares al año.
Las empresas de apuestas en línea reaccionaron con enojo ante la prohibición.
La medida "aniquila principios constitucionales como la libre empresa", afirmó la Asociación Nacional de Juegos y Loterías, un grupo de la industria. Una coalición de destacados clubes de fútbol incluso advirtió que la pérdida de ingresos por patrocinios acabaría con el deporte nacional, un resultado que, según los expertos, es poco probable.
Lula dijo que los clubes no tenían derecho a sobrevivir a costa de sus aficionados empobrecidos.
Bolsonaro criticó la prohibición calificándola de "campaña electoral populista e hipócrita" diseñada para mejorar la imagen de Lula ante los votantes. Dijo que no apoyaba los casinos en línea, pero se oponía a la prohibición de las apuestas deportivas. Culpó a Lula de haber permitido que la crisis de la deuda se saliera de control.
Sin embargo, Lula heredó de su predecesor, el padre de Bolsonaro, Jair Bolsonaro, una industria del juego sin regular.
Si bien la prohibición de Lula ha desatado una tormenta política en los últimos días de la campaña, podría influir en algunos votantes.
Luighor Bittencourt, de 33 años, quien alguna vez se desempeñó como tesorero de la sección local del Partido Liberal de Bolsonaro en su ciudad natal, dijo que había acumulado una deuda de 400.000 dólares en el plazo de un año después de comenzar a apostar en el fútbol. Vendió su casa y sus negocios, contó, y tras dejar de pagar más de una decena de tarjetas de crédito, intentó quitarse la vida en dos ocasiones.
Ahora, en proceso de recuperación y como activista contra las apuestas en línea, dijo que recientemente se reunió con Lula mientras este evaluaba la posibilidad de una prohibición.
"No creo que alguna vez me haya sentido tan escuchado como cuando hablé con él", dijo Bittencourt, quien celebró la prohibición con un espectáculo de fuegos artificiales frente a su casa.
Isabela Cruz colaboró con reportería desde Río de Janeiro.
Adam B. Ellick es el jefe de la corresponsalía del Times en Brasil, con sede en São Paulo.
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