
El Tesoro de Estados Unidos se sumó a los esfuerzos de Tokio para frenar la caída del yen frente al dólar, lo que puso de relieve los riesgos que representa la turbulencia en los mercados japoneses.
Cuando el yen japonés alcanzó recientemente su nivel más bajo frente al dólar estadounidense en unos 40 años, no solo fue un problema para el gobierno en Tokio; también fue un problema para Estados Unidos.
La semana pasada, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos tomó una medida poco común para ayudar a apuntalar al yen, reforzando la importancia mundial de la moneda japonesa y los problemas que puede causar más allá de sus fronteras. Estados Unidos y Japón comparten profundos lazos económicos y financieros. Las cuantiosas tenencias de Japón de bonos del Tesoro estadounidense, acciones y otros activos --casi 3 billones de dólares en total-- hacen que la inestabilidad en Japón pueda tener repercusiones en los mercados de Estados Unidos y en el resto del mundo.
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A continuación te explicamos por qué lo que le ocurre al yen es importante para Estados Unidos.
Vínculos financieros cercanos
La intervención de Estados Unidos dio un mayor peso financiero al esfuerzo de los funcionarios japoneses, quienes ya habían gastado decenas de millardos de dólares este año en su intento por impulsar al yen. Hasta ahora, las intervenciones de Japón han tenido un efecto limitado y han aumentado la posibilidad de que el país venda porciones importantes de su gran reserva de bonos del Tesoro estadounidense para financiar nuevas intervenciones. Japón es el mayor tenedor extranjero de bonos del Tesoro de Estados Unidos, con más de 1,1 billones de dólares en activos.
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Al vender bonos del Tesoro, Japón podría presionar para bajar su precio, y eso podría terminar elevando los costos de endeudamiento del gobierno estadounidense. El rendimiento de los bonos del Tesoro estadounidense ya ha subido en las últimas semanas ante las preocupaciones sobre la inflación; la semana pasada, el rendimiento de los bonos estadounidenses a 30 años alcanzó su nivel más alto desde 2007.
Las fluctuaciones del yen también influyen en otras monedas asiáticas, como el won surcoreano. Por lo tanto, apoyar al yen puede reducir el riesgo de que otros países asiáticos se vean sometidos a una presión intensa y necesiten vender sus propias reservas de dólares para apuntalar sus monedas.
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"Para Washington, respaldar al yen es un seguro de costo relativamente bajo", escribió en una nota John Bromhead, economista de Moody's Analytics en Sídney.
Esta no fue la primera vez este año que la volatilidad en los mercados de Japón captó la atención de los funcionarios estadounidenses. En enero, el Departamento del Tesoro consideró hacer una intervención en el yen luego de que Scott Bessent, el secretario del Tesoro, culpara a un aumento en los rendimientos de los bonos japoneses de elevar los costos de endeudamiento del gobierno de Estados Unidos.
Flujos comerciales fundamentales
La otra cara de un yen débil es un dólar fuerte, lo que puede perjudicar a los exportadores estadounidenses al encarecer sus productos para los compradores extranjeros. Y eso podría dar a los exportadores japoneses una ventaja competitiva en Estados Unidos. El año pasado, Estados Unidos importó bienes de Japón por un valor de 146 millardos de dólares y exportó cerca de 82 millardos de dólares, según datos de la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos.
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No está claro qué tan efectiva será la intervención en el yen, incluso con la ayuda del gobierno estadounidense. Una razón fundamental por la que el yen japonés se ha hundido tanto son las preocupaciones de los inversores acerca de la situación fiscal de Japón: una pesada carga de deuda y la promoción del gobierno de recortes de impuestos y mayor gasto. La deuda bruta del país supera el doble del tamaño de su economía, por mucho la mayor carga de deuda de cualquier economía avanzada importante.
La presión sobre las finanzas japonesas va en aumento. Los costos de endeudamiento suben a medida que Sanae Takaichi, la primera ministra de Japón, busca ayudar a las empresas y los hogares con el alto costo de vida. Eso incluye los costos de energía, que han aumentado a causa de las interrupciones ocasionadas por la guerra en Irán, lo que ha provocado especulaciones sobre un mayor gasto del gobierno y un debilitamiento aún mayor del yen.
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Mercados conectados
El aumento de la inflación incentivó al banco central japonés a elevar las tasas de interés al 1 por ciento en junio, el nivel más alto en 31 años. Durante años, el Banco de Japón mantuvo las tasas de interés extremadamente bajas, incluso por debajo de cero, mediante la compra de enormes volúmenes de bonos gubernamentales. El objetivo era estimular el crecimiento. Los responsables de la política monetaria han comenzado a subir lentamente las tasas.
Sin embargo, los analistas sostienen que la debilidad del yen persistirá mientras las tasas de interés japonesas sigan siendo mucho más bajas que las de Estados Unidos, donde la Reserva Federal ha mantenido las tasas entre el 3,5 y el 3,75 por ciento. Aunque la Reserva Federal no ha modificado las tasas este año, la creciente discrepancia entre los responsables de la política monetaria está aumentando la presión sobre el banco central para que suba las tasas. Eso podría ampliar aún más la brecha con las tasas de Japón.
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La semana pasada, el Banco de Japón mantuvo las tasas sin cambios, pero los operadores apuestan a que los funcionarios volverán a subir las tasas de interés más adelante este año. Paradójicamente, unas tasas de interés más altas en Japón también podrían repercutir de forma negativa en Estados Unidos, ya que harían que los activos japoneses fueran más atractivos para algunos inversores y los alejaría de los activos estadounidenses.
Las grandes inversiones de Japón en Estados Unidos se extienden más allá de los bonos del Tesoro, con casi 1,2 billones de dólares en acciones y más de 300.000 millones de dólares en deuda corporativa el año pasado, según datos del Tesoro de Estados Unidos.
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Estrechamente unidos
El dólar es indiscutiblemente la moneda más poderosa del mundo y figura en el 90 por ciento de casi todas las operaciones de cambio de divisas. El yen también es un actor importante. Es la tercera moneda más operada, después del euro. Su participación en las operaciones globales está claramente por delante de la libra esterlina, el franco suizo y el renminbi chino, de acuerdo con datos del Banco de Pagos Internacionales.
Tanto Bessent como Satsuki Katayama, ministra de Finanzas de Japón, han dicho que, de ser necesario, se podrían tomar más medidas para reforzar al yen. El lunes, el yen alcanzó las 157 unidades por dólar, el nivel más fuerte desde principios de mayo.
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"El Ministerio de Finanzas de Japón se mantiene atento y en estrecha comunicación con nuestros homólogos en el Tesoro de Estados Unidos", dijo Katayama en un comunicado. "No dudaremos en llevar a cabo más intervenciones conjuntas".
Eshe Nelson es una reportera radicada en Londres que cubre noticias de economía y negocios para The New York Times.
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