
Un viernes reciente por la noche, Sky Yang, de 22 años, director ejecutivo de una empresa de inteligencia artificial llamada Imagine AI, se fue temprano de una fiesta de Año Nuevo chino. Tenía que revisar su versión de la más reciente obsesión de la industria tecnológica: un agente de IA.
Esencialmente, los agentes de IA son herramientas tecnológicas que realizan tareas que van desde manejar tu correo electrónico hasta gestionar grandes proyectos de trabajo. Puedes hacerlos rápidamente, porque las nuevas herramientas de IA hacen el minucioso trabajo de codificación línea a línea por ti.
Yang ha creado cinco agentes que exigen su atención.
"Solo quería irme a casa", dijo. "Me preocupaba si funcionaba, si volvía a fallar, porque es una acción bastante compleja y quería enviarla en la dirección correcta".
A lo largo de los años, los jóvenes programadores de la industria tecnológica se han ganado una reputación por su comportamiento extremo a la hora de abordar su trabajo. Desde codificar toda la noche hasta hackear sus propios cuerpos con tecnología, los futuros líderes de la industria a menudo se han lanzado a tendencias que van y vienen, pero que en ocasiones cambian el mundo.
Sin embargo, esta vez hay una diferencia: esa ambición va acompañada de la preocupación de estar construyendo algo que no controlan del todo. Y de que aún podrían hacer más.
"Sinceramente, cuando no tengo agentes operando, siento una especie de angustia", dijo Tejas Bhakta, de 28 años, fundador de una empresa emergente en San Francisco, quien dijo que dirigía dos empresas con agentes de IA. "Podría tener cuatro agentes operando ahora mismo y no lo estoy haciendo".
La moda de los agentes despegó el mes pasado con la popularidad de OpenClaw, un proyecto de código abierto que permite crear una red de agentes de IA que pueden vivir y trabajar en tu computadora.
El entusiasmo en torno a OpenClaw creció con la creación de MoltBook, una red social creada exclusivamente para que los robots de IA publiquen y hablen entre sí. Empresas como Cursor, Anthropic y OpenAI también lanzaron nuevas herramientas el mes pasado para ayudar a los desarrolladores a crear más agentes.
Cuando muchos de estos desarrolladores de agentes de IA hablan de lo que están haciendo, su ansiedad por perderse la próxima gran novedad es palpable. También se mezcla con sorprendentes confesiones sobre sus interacciones con los seres humanos de sus vidas.
Will Laverty, de 18 años, un ingeniero de software que llegó a San Francisco desde Australia hace un mes, tenía un montón de mensajes de amigos y familiares preguntándole qué había estado haciendo en California. Aunque lo hizo sentirse "algo culpable", metió a sus padres en un chat de grupo con su agente de IA.
"Prácticamente todas las cosas que quería contarles en mi cabeza, el agente ya las sabía por haber registrado todo sobre mi vida, y podía contárselas sin que yo tuviera que pensar", dijo.
Cuando Laverty empezó a trabajar en Nox, una empresa de IA, todo el mundo de la tecnología hablaba de OpenClaw. También se inspiró en Molly Cantillon, de 22 años, directora ejecutiva de Nox, para intentar crear sus propios agentes. Cantillon tiene un agente de IA que la despierta con citas inspiradoras, otro que le ofrece consejos para operar en la bolsa y otro que gestiona su calendario.
Laverty tiene unos cuatro o cinco agentes --ya perdió la cuenta-- que controlan partes de su vida. Todos responden ante un "agente dios" que gestiona las actualizaciones. Los agentes tienen acceso a sus cuentas en las redes sociales, para decirle lo que es tendencia y redactar publicaciones para él; codifican para él; y tienen acceso a su información bancaria.
Su MacBook gris espacial está siempre abierta y conectada a un wifi para que pueda dirigir a sus agentes las 24 horas del día.
"Si no hago esto, ¿cómo voy a alcanzar un nivel de éxito similar al de otras personas que me rodean?", dijo.
Yang dijo que estaba obsesionado con crear agentes con las herramientas de Anthropic desde que empezó a utilizarlas hace unas semanas. Su empresa organiza muchos eventos de networking --como una fiesta en un yate al atardecer en la bahía de San Francisco--, así que creó un agente para que examinara su LinkedIn en busca de posibles clientes y redactara mensajes de contacto.
Tener a agentes de IA procesando código constantemente cuesta dinero, y los errores pueden acumularse. Yang aumentó su suscripción mensual a las herramientas de 20 a 200 dólares, para poder utilizarlas cada vez más.
Laverty dijo que no quería saber cuánto gastaba, así que simplemente no lo revisaba.
John Kim, Ashton Teng y Quinn Leng lanzaron el mes pasado su nueva empresa de computación en la nube, Coral, en San Francisco, para dar servicio a quienes quieran utilizar OpenClaw.
Uno de los principales atractivos de OpenClaw es que los ingenieros no tienen que teclear el código en una computadora de escritorio. Muchos usuarios lo conectan a iMessage u otras aplicaciones de mensajería para poder enviar instrucciones de codificación a los agentes de IA desde un mensaje de texto.
Ahora que ya no está encadenado a la pantalla de una computadora, Leng, de 31 años, se descubre enviando mensajes de texto o notas de voz a sus agentes de IA varias horas al día, según dijo. Ya sea en el gimnasio o dando un paseo con su novia, simplemente le dicta sus ideas a su agente.
"Es tan mágico para mí que, para ser sincero, se vuelve un poco adictivo", dijo Leng.
Él es de los ingenieros que han pasado de teclear órdenes a los agentes a utilizar aplicaciones de voz a texto.
Su cofundador, Teng, de 28 años, empezó a hablar tanto en la oficina que empezó a darse cuenta de que podría incomodar a sus compañeros. Así que se planteó comprar un micrófono especial --como el que utilizan los pilotos de carreras-- para susurrar órdenes a su agente de IA. Le preocupa que su capacidad de atención se esté acortando a medida que cambia con más frecuencia de una idea de codificación a otra.
"Es como el TikTok del trabajo", dijo Teng.
Como con cualquier obsesión, hay aspectos negativos. El agente de redes sociales de Laverty empezó a borrar sus publicaciones en las redes sociales al azar. Sin embargo, él cree que cualquier riesgo potencial vale la pena por lo eficaz que se siente. Dijo que "no podría volver" a la vida previa a los agentes de IA.
"Aquí sentía que me estaba quedando atrás, y ese tipo de presión me llevó a explorar todas las vías de los agentes de IA y las automatizaciones y cómo pueden integrarse en mi vida personal", dijo Laverty. "La IA está moldeando mucho quién soy ahora mismo".
Natallie Rocha es una reportera de tecnología radicada en San Francisco y forma parte de la generación 2025-26 del Times Fellowship un programa para periodistas al comienzo de sus carreras.
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