El Día de San Patricio tropical que celebra la historia africana

Reportajes Especiales - News

Guardar

Los hombres, vestidos con faldas irlandesas, bailaban mientras desfilaban por la calle principal. Todo el mundo vestía de verde, desde los bebés que iban en coches de niños hasta los ancianos que miraban desde sus porches. Los tréboles estaban presentes en todas partes, desde la decoración de las calles hasta el sello del pasaporte.

El martes fue el Día de San Patricio. Pero esto no era Irlanda.

Solo dos lugares del mundo celebran el día del santo patrono como si fuera fiesta nacional: la propia Isla Esmeralda y la diminuta isla caribeña de Montserrat.

Montserrat trata el Día de San Patricio al mismo tiempo como una celebración y como un hito más sombrío: el recordatorio de una rebelión de esclavos fallida el 17 de marzo de 1768. La revuelta fue detenida antes de que empezara siquiera y fue denunciada a los británicos, lo que condujo a la ejecución de nueve personas y al encarcelamiento de alrededor de 30 más.

"Yo no diría que se celebra el Día de San Patricio, sino más bien que se conmemora el intento de libertad", comentó Crenston Buffonge, de 51 años, quien ejerce como secretario parlamentario de Montserrat encargado de supervisar la cultura, el turismo y los asuntos de la diáspora. Dijo que viste de verde, pero que prefiere hacerlo con una tela de madrás africana más tradicional que también tiene naranja y blanco.

Los colonos irlandeses empezaron a llegar a Montserrat en el siglo XVII. Entre ellos iban católicos irlandeses como sirvientes contratados. A lo largo de los siglos, la cultura irlandesa y la africana se mezclaron, lo que dio lugar a una tradición del Día de San Patricio que se convirtió en fiesta nacional en 1985.

En la actualidad, a Montserrat se le suele llamar la Isla Esmeralda del Caribe por su terreno verde y rocoso y su conexión histórica con Irlanda. Aquí, los pueblos llevan nombres como St. Patrick's, Kinsale y Cork Hill, y la gente tiene apellidos como Reilly, Sweeney y Meade.

Aunque técnicamente es un territorio británico, Montserrat es muy caribeña. Los residentes suelen describirse a sí mismos como montserratenses de ascendencia africana. La isla es tranquila y en gran parte rural, con pueblitos dispersos en el lado oeste.

Temprano en la mañana del martes, decenas de personas, muchas de ellas vestidas con trajes tradicionales africanos, se encontraban a lo largo de la bahía principal de la isla para rendir homenaje a los africanos que murieron camino al continente americano como parte del comercio transatlántico de esclavos.

Fue un momento solemne en el que un puñado de personas se adentraron en las aguas poco profundas para depositar heliconias rojas --la flor nacional de la isla-- en el mar y dejarlas flotar lentamente. Tras la ceremonia hubo oraciones y música.

Después, los asistentes compartieron los platillos tradicionales de sus antepasados: cerveza de jengibre, bacalao salado, un dumpling de camote y coco llamado "duckna", pastel de azúcar y mucho más.

"Aunque no estamos encadenados, como lo estaban nuestros antepasados, hay momentos en que te sientes así", dijo Veronica Dorsette-Hector, primera ministra en funciones de Montserrat. Aunque ella es la líder del gobierno, la isla sigue estando supervisada por un gobernador británico nombrado por el rey Carlos III.

"No se tiene dinero propio", continuó. "No se tiene independencia económica. Tenemos una Constitución que nos permite hacer nuestras propias leyes, pero si el gobernador no aprueba el proyecto de ley que aprobamos en el Parlamento, sigue sin ser nuestro".

En Montserrat, el Día de San Patricio también es una oportunidad para simplemente pasar un buen rato al estilo caribeño. Es la culminación de 10 días de festejos, incluido el llamado Fin de Semana de Insomnio, en el que la fiesta se prolonga hasta la madrugada.

El martes, la gente se lanzaba lo que llamaban "polvo de duende" mientras bebían y bailaban al ritmo de dancehall, un popular género afrocaribeño, durante las tradicionales celebraciones previas al amanecer típicas de los carnavales del Caribe. Aquí, estas vienen con un toque irlandés que incluye polvo verde.

Las fiestas son el mayor impulsor del turismo año con año, comentó Rosetta West-Gerald, directora ejecutiva de la autoridad turística de Montserrat. De las casi 15.000 personas que visitan la isla anualmente, hasta 3000 lo hacen para esta festividad, dijo.

El desfile del Día de San Patricio por la calle principal del pueblo de Salem fue el evento principal, que terminó con un festival de comida y música en el que se sirvió agua de cabra, un guiso sustancioso que es el plato nacional de Montserrat.

El desfile estuvo encabezado por casi 30 danzantes enmascarados ataviados con trajes de colores vivos, sombreros estilo obispo y máscaras que eran una mezcla de influencias europeas y africanas. El líder de la comparsa, vestido de verde y con un látigo en la mano que simbolizaba a un amo de esclavos, bailaba mientras guiaba al grupo entre la multitud.

La calle principal estaba bordeada de gente --todos con al menos una prenda verde-- que salía a los porches, a sus patios y a los bares. Un camión de plataforma transportaba altavoces enormes y a un DJ. Pequeñas bandas de música iban detrás, tocando sus propias melodías.

Darian James, de 44 años, quien trabaja en el sector hotelero en Los Ángeles, abandonó Montserrat tras la erupción del volcán Soufrière Hills en 1995. La explosión que sepultó la capital, Plymouth, dejó dos tercios de la isla inhabitables y forzó el éxodo masivo de más de 9000 personas. Hoy solo quedan en la isla alrededor de 4500.

James no regresó a Montserrat sino hasta 2018, cuando él y otros habitantes desplazados de su localidad se reunieron en la isla. Desde entonces, ha vuelto cada año para participar en una comparsa durante el desfile del Día de San Patricio.

"Dondequiera que hayamos emigrado, no tenemos una celebración igual", dijo. "Esto nos da un sentido de propósito, de origen y de significado. Nos permite volver a lo que somos".

Para Genny Browne Turay, este Día de San Patricio era la primera vez que visitaba la patria de su padre, fallecido en 2024.

Browne Turay, de 33 años, vino desde Londres para vivir una de las celebraciones más importantes de Montserrat y esparcir las cenizas de su padre por toda la isla, incluyendo su ciudad natal.

"No podía perderme esto", dijo, vestida de verde mientras veía el desfile. "Es una de las mayores celebraciones del Día de San Patricio fuera de Irlanda y Nueva York, pero lo fascinante es que no tiene nada que ver con San Patricio en absoluto".

Aseguró que planeaba regresar el año próximo.

James Wagner cubre noticias y cultura en América Latina para el Times. Radica en Ciudad de México.