El gobierno de Trump le habría dicho a Cuba que debe cambiar de presidente

Reportajes Especiales - News

Guardar

EE. UU. le ha dicho a Cuba que, para que se produzcan avances significativos en las negociaciones, el presidente Miguel Díaz-Canel debe dimitir, dijeron personas familiarizadas con las conversaciones.

Mientras funcionarios estadounidenses y cubanos negocian sobre el futuro de la isla caribeña, gobernada por los comunistas y asediada económicamente, el gobierno de Donald Trump intenta apartar del poder al presidente Miguel Díaz-Canel, según cuatro personas familiarizadas con las conversaciones.

La medida derrocaría a una figura clave, pero dejaría en su lugar al represivo gobierno comunista que gobierna Cuba desde hace más de 65 años. Los estadounidenses han indicado a los negociadores cubanos que el mandatario debe marcharse, pero están dejando los siguientes pasos en manos de los cubanos, según dijeron estas personas.

Por el momento, Estados Unidos no está presionando para que se tomen medidas contra los miembros de la familia Castro, quienes siguen siendo los principales agentes de poder del país, según dijeron dos de estas personas. Esto es coherente con el deseo general de Trump y sus colaboradores de forzar el cumplimiento del régimen en lugar de un cambio de régimen en su política exterior.

En opinión de algunos funcionarios del gobierno de Trump, la destitución del jefe de Estado de Cuba permitiría cambios económicos estructurales en el país que Díaz-Canel, a quien los funcionarios consideran un partidario de la línea dura, probablemente no apoyaría, dijo una de las personas.

Si los cubanos acceden, se produciría la primera gran sacudida política derivada de las conversaciones entre ambos países desde que los acercamientos comenzaron hace unos meses.

La destitución del máximo dirigente cubano le daría al presidente Trump una victoria simbólica que le permitiría decir a la opinión pública estadounidense que había derrocado al líder de un gobierno político de izquierda que durante mucho tiempo se ha opuesto a Estados Unidos, como hizo en Venezuela, de acuerdo con una de las personas.

La medida, aunque pretende demostrar a la comunidad cubana en el exilio y a otros estadounidenses que el gobierno de Trump busca un cambio tanto político como económico, probablemente decepcionaría a muchos exiliados cubanos conservadores en Estados Unidos, quienes desean ver una transformación política total en Cuba. Los legisladores cubanoestadounidenses del Congreso y los políticos de Florida también podrían exigirle a Trump que tome más acciones.

Los negociadores estadounidenses también quieren que Cuba acceda a apartar del poder a algunos funcionarios de edad avanzada que siguen comprometidos con las ideas de Fidel Castro, el padre de la revolución comunista, según dijo la persona. Y los estadounidenses están presionando para que se libere a los presos políticos, un objetivo político de Estados Unidos desde hace mucho tiempo.

Desde la perspectiva de los funcionarios estadounidenses, las conversaciones se centran en lograr que Cuba abra gradualmente su economía a los empresarios y empresas estadounidenses --sentando las bases para un Estado cliente--, al tiempo que se obtienen algunas victorias políticas simbólicas para que Trump las anuncie.

Las cuatro personas hablaron bajo condición de anonimato para poder discutir asuntos diplomáticos delicados.

El gobierno cubano declinó hacer comentarios.

Díaz-Canel, de 65 años, es presidente de Cuba desde 2018, y también es presidente del Partido Comunista. Le quedan dos años de mandato presidencial.

Los Castro gobiernan Cuba desde el triunfo de la revolución en 1959, y Díaz-Canel ha sido la primera --y hasta ahora la única-- persona que ha gobernado el país sin pertenecer a esa familia.

Ex vicepresidente y funcionario regional del partido, en general, se le considera una figura decorativa que carece de verdadero control político o económico en Cuba. Fue el sucesor elegido a dedo del expresidente cubano Raúl Castro, hermano de Fidel, quien ahora tiene 94 años y sigue ejerciendo un poder considerable.

Durante la presidencia de Díaz-Canel, en julio de 2021 se produjeron en Cuba grandes protestas en todo el país, las mayores en décadas. Díaz-Canel respondió llamando a sus partidarios al "combate" e impuso una gran represión que incluyó detenciones masivas, procesamientos y penas de prisión.

GAESA, el conglomerado empresarial cubano controlado por los militares, gestiona sectores clave, como el turismo y el comercio minorista, y se cree que tiene más influencia en los asuntos del país que el actual mandatario.

Pero la gestión formal de Díaz-Canel al frente de Cuba, durante un periodo en el que millones de sus ciudadanos huyeron del país cuando la desintegración económica desencadenó una crisis humanitaria, lo convirtió en un objetivo obvio para asumir la culpa, según los expertos.

El mensaje del gobierno de Trump de que Díaz-Canel debe irse no se ha articulado como un ultimátum, sino que se ha presentado como un paso positivo que allanaría el camino para acuerdos productivos, de acuerdo con una de las personas.

Los cubanos que participan en las conversaciones con Estados Unidos están de acuerdo en que su presidencia ha sido problemática, pero todavía tienen que encontrar una manera de hacer el cambio sin que parezca que Washington le está diciendo a La Habana lo que tiene que hacer, dijo la persona.

Estados Unidos ha señalado que no se puede llegar a ningún acuerdo mientras él siga en el poder, dijo la persona.

El gobierno de Trump, como parte de su estrategia para presionar a Cuba, ha bloqueado las importaciones de petróleo extranjero.

Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto de Raúl Castro, ha sido uno de los principales negociadores con Estados Unidos, hablando directamente con el secretario de Estado Marco Rubio, hijo de emigrantes cubanos, y probablemente seguirá dirigiendo el gobierno tras la partida de Díaz-Canel, según dijo esa persona.

No obstante, Rodríguez Castro, conocido como Raulito, ejercería el poder tras bastidores y otra figura que no pertenezca a la familia Castro ocuparía oficialmente el cargo, dijo la persona.

En una conferencia de prensa de 90 minutos celebrada el viernes, Díaz-Canel reconoció por primera vez las conversaciones en curso con el gobierno estadounidense y culpó de los problemas económicos del país y de los prolongados apagones al embargo comercial de Washington y, en particular, al bloqueo petrolero impuesto por Trump.

Cuba lleva tres meses sin importar petróleo, dijo Díaz-Canel.

"La culpa no es del gobierno, no es de la revolución, no es de nuestro sistema eléctrico nacional", dijo el viernes. "La culpa es del bloqueo energético que nos han impuesto".

El lunes falló la red eléctrica y todo el país se sumió en la oscuridad.

El Departamento de Estado estadounidense declinó hacer comentarios, remitiéndose en cambio a las recientes declaraciones de Trump sobre Cuba.

"Creo que tendré el honor de tomar Cuba", dijo Trump el lunes.

Cuando se le presionó, declinó decir si se trataría de un movimiento diplomático o militar, diciendo solo "creo que puedo hacer lo que quiera con ella".

El gobierno de Trump pretende hacer en Cuba lo que hizo en Venezuela --destituir a su presidente--, pero esta vez sin recurrir a la fuerza militar. Un ataque militar se considera improbable, dijeron dos de las personas.

Mientras Estados Unidos realizaba ataques aéreos en Caracas, el 3 de enero, soldados estadounidenses entraron en la capital y detuvieron al dirigente del país, Nicolás Maduro, quien ahora se enfrenta a cargos de narcotráfico en Nueva York. La medida permitió a Washington tomar el control de la industria petrolera de Venezuela y detener todos los envíos de petróleo del país a Cuba.

México también había estado enviando petróleo a Cuba con fines humanitarios, pero lo suspendió este invierno bajo la presión del gobierno de Trump.

El gobierno estadounidense también ha sugerido que Cuba privatice su sector petrolero, pero las autoridades cubanas son reacias a hacerlo porque probablemente otorgaría a Washington un poder significativo sobre los asuntos cubanos, según dijo una de las personas.

Deshacerse de Díaz-Canel es más simbólico que sustantivo, pero brinda una oportunidad perfecta para que Washington y La Habana "restablezcan" su relación, dijo Ricardo Zúniga, funcionario del Consejo de Seguridad Nacional del gobierno de Barack Obama, quien mantuvo negociaciones secretas con el gobierno cubano que desembocaron en aperturas diplomáticas y económicas.

"Para mí tiene mucho sentido; es lo que yo habría hecho", dijo Zúniga. "El capitán se hunde con el barco, y este barco se está hundiendo".

Díaz-Canel nunca fue alguien dispuesto a aplicar políticas transformadoras, dijo Zúniga, y fue puesto en su cargo precisamente porque no introduciría ningún cambio drástico, lo que facilita su sacrificio en el actual enfrentamiento con Estados Unidos.

Algunos expertos dijeron que destituir a Díaz-Canel no sería suficiente.

"Hay que quitarlo a él, pero a todo el buró político del PCC. Y también a todos los que dirigen GAESA", dijo al referirse por su sigla al Partido Comunista Cubano, Marlene Azor Hernández, una antigua socióloga de la Universidad de La Habana, ahora exiliada en México. "Yo creo que ha hecho un mal trabajo. Pero que es una figura manipulada completamente".

No está claro quién ocuparía el lugar de Díaz-Canel, pero el gobierno cubano parece estar presentando varios candidatos, dando más visibilidad pública a funcionarios que suelen trabajar entre bastidores.

Oscar Pérez-Oliva Fraga, sobrino nieto de Fidel y Raúl Castro, quien fue nombrado viceprimer ministro de Cuba a finales del año pasado, concedió el lunes una rara entrevista a una cadena de noticias estadounidense en la que habló deabrir su país a la inversión extranjera.

Jack Nicas colaboró con reportería desde Ciudad de México y Patricia Mazzei desde Miami.

Frances Robles es una reportera del Times que cubre América Latina y el Caribe. Lleva más de 25 años informando sobre la región.

Edward Wong cubre los asuntos globales, las políticas internacionales estadounidenses y el Departamento de Estado para el Times.

Annie Correal es corresponsal para América Latina del Times.

Jack Nicas colaboró con reportería desde Ciudad de México y Patricia Mazzei desde Miami.