
¿Se reproducirá la estrategia aplicada en Venezuela? ¿O el pueblo iraní tomará el gobierno? En una entrevista, el mandatario no parecía seguro: "Es muy pronto".
El presidente Donald Trump afirmó el domingo que el ejército estadounidense tiene la intención de prolongar su ataque a Irán "cuatro o cinco semanas" si es necesario, e insistió en que para Israel y Estados Unidos "no será difícil" mantener la intensidad de la batalla, aunque advirtió de la posibilidad de que se produzcan más bajas estadounidenses.
En una breve entrevista telefónica con The New York Times, Trump planteó varios escenarios, aparentemente contradictorios, sobre cómo se podría transferir el poder a un nuevo gobierno, o incluso si la actual estructura de poder iraní dirigiría ese gobierno o sería derrocada.
Entre las opciones que planteó figuraba un resultado similar al que orquestó en Venezuela, en el que solo se derrocó al máximo dirigente durante un ataque militar estadounidense y gran parte del resto del gobierno permaneció en su lugar, pero con una nueva disposición a trabajar de forma pragmática con Estados Unidos.
El ataque a Irán se considera mucho más complejo y arriesgado que la operación para capturar a Nicolás Maduro, quien era el líder de Venezuela, en parte porque los dirigentes iraníes supervisan amplias capacidades militares y debido a las profundas divisiones que hay en la sociedad iraní en torno al rumbo del país. Y, a diferencia de Venezuela, Irán ha mantenido un programa nuclear activo.
La entrevista con Trump pareció reflejar hasta qué punto su gobierno sigue sin saber cómo se desarrollarán las próximas semanas, tanto en el campo de batalla como en la creación de un gobierno sustituto en Teherán.
Sin embargo, insistió en que el Pentágono conservaba suficientes fuerzas, misiles y bombas para prolongar el ataque militar "si es necesario".
A la pregunta de cuánto tiempo podrían Estados Unidos e Israel mantener este nivel de ataques, respondió: "Bueno, nuestra intención era entre cuatro y cinco semanas".
"No será difícil", añadió. "Tenemos cantidades enormes de munición. Tenemos munición almacenada por todo el mundo en distintos países".
No mencionó la preocupación del Pentágono de que el conflicto pudiera mermar aún más unas reservas que, según los estrategas militares, es fundamental conservar en escenarios como un conflicto por Taiwán o incursiones rusas en Europa.
Durante la llamada, que duró unos seis minutos, Trump dijo que tenía "tres opciones muy buenas" sobre quién podría dirigir Irán, aunque no quiso nombrarlas. El domingo, antes de la llamada, el máximo responsable de la seguridad nacional de Irán, Ali Larijani, afirmó que un comité provisional dirigiría el país hasta que se eligiera a un sucesor del líder supremo.
Larijani supervisaba las negociaciones para un acuerdo nuclear con Estados Unidos que fueron abruptamente interrumpidas, y en enero fue objeto de sanciones por parte del gobierno de Trump por su papel en la represión de los manifestantes antigubernamentales.
Trump no respondió a una pregunta sobre si creía que Larijani podía encabezar el gobierno de Irán.
El presidente planteó una variedad de escenarios, a menudo inconsistentes, sobre cómo podría tomar forma un nuevo gobierno tras el asesinato del ayatolá Alí Jameneí, quien gobernó el país durante más de tres décadas hasta que murió en un ataque aéreo el sábado.
Cuando se le insistió sobre sus planes para una transición de poder, Trump dijo que esperaba que las fuerzas militares de élite de Irán --incluidos los oficiales veteranos del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, que han ejercido una influencia considerable y se han beneficiado del régimen actual-- simplemente entregaran sus armas a la población iraní.
"En realidad se rendirían ante el pueblo, si lo piensas", dijo.
Fueron esas mismas fuerzas de seguridad --en particular, las Basij, que organizan milicias locales-- las que abrieron fuego contra los manifestantes en enero y mataron a miles de personas.
Luego planteó un modelo muy diferente de cómo podría ser la transición de poder en Irán, refiriéndose repetidamente a su experiencia en Venezuela después de que ordenara a un equipo de la Fuerza Delta que capturara a Maduro.
"Creo que lo que hicimos en Venezuela es el escenario perfecto", dijo Trump.
Su respuesta implicaba que lo que funcionó en Venezuela funcionaría en Irán, una nación con cerca del triple de población y una cúpula militar y clerical que ha gobernado con una represión cada vez mayor desde la revolución de 1979. En las últimas semanas, Trump ha mencionado repetidamente a Venezuela como el modelo de una operación exitosa, y esperaba reproducir aspectos de la misma en Irán, identificando a los dirigentes que serían más cooperativos y amistosos con Estados Unidos.
Sin embargo, sus asesores le han dicho que las enormes diferencias culturales e históricas hacían prácticamente imposible aplicar la estrategia utilizada en Venezuela --en la que se mantuvo al gobierno existente después de que este aceptara recibir instrucciones de Washington-- e intentar reproducirla en Teherán.
Aun así, Trump parece entusiasmado con la idea de utilizar en Irán un modelo similar al de Venezuela.
"Todo el mundo ha conservado su empleo a excepción de dos personas", dijo Trump sobre el resultado en Venezuela.
Se mostró impreciso sobre la cuestión de quién debería ocupar el máximo cargo de gobierno en Irán tras la muerte del ayatolá, o incluso quién debería decidir.
Al principio, cuando le preguntaron quién quería que dirigiera Irán, dijo: "Tengo tres opciones muy buenas". Y añadió: "No voy a revelarlas ahora. Primero hagamos el trabajo".
Pero después describió un escenario en el que el pueblo iraní derrocaría al gobierno existente.
"Eso dependerá de ellos, si lo hacen o no", dijo Trump. "Llevan años hablando de eso, así que ahora obviamente tendrán una oportunidad". Eso sería, por supuesto, lo opuesto al modelo de Venezuela que minutos antes había dicho que quería reproducir.
Trump también dijo que no creía necesario que los Estados árabes del golfo Pérsico se unieran a Estados Unidos para atacar a Irán, a pesar de que Teherán ha lanzado a muchos de ellos --y a Israel-- ataques de represalia con misiles y drones.
Trump habló desde Mar-a-Lago, a unas 36 horas de haber iniciado el conflicto y poco después de recibir noticias de bajas estadounidenses. Tras decir que no podía hablar mucho tiempo porque estaba a punto de reunirse con "los generales", reconoció que su gobierno esperaba más bajas, basándose en las proyecciones ofrecidas por el Pentágono.
"Para mí, tres son demasiadas", dijo Trump. "Si miras las proyecciones --ellos hacen proyecciones--, podría ser mucho más alto que eso".
"Esperamos bajas", añadió.
Pero manifestó su confianza en que Irán, al final, se doblegaría a la voluntad de Estados Unidos e Israel. "El país ha quedado muy debilitado, por decirlo suavemente", añadió.
Las fuerzas estadounidenses e israelíes ya mataron a varios dirigentes militares iraníes, y han dejado un vacío de poder que el gobierno iraní ya estaba tratando de llenar.
Trump dijo que estaba dispuesto a levantar las sanciones impuestas si el nuevo liderazgo demostraba ser un socio pragmático.
Pero también se negó a decir cómo --o incluso si-- su gobierno defendería al pueblo iraní, que ha dicho que debería derrocar al gobierno actual.
"No me comprometo en un sentido ni en otro; es muy pronto", dijo Trump. "Tenemos trabajo que hacer y lo hemos hecho muy bien. Diría que vamos bastante adelantados".
Trump añadió que los ataques militares de Estados Unidos e Israel habían "eliminado una gran parte" de la armada iraní, incluyendo nueve barcos y el cuartel general de la armada.
Tras unos seis minutos, Trump dijo que tenía que poner fin a la entrevista.
El domingo por la tarde regresó a Washington.
Zolan Kanno-Youngs es corresponsal del Times en la Casa Blanca y cubre las noticias relacionadas con el presidente Donald Trump y su gobierno.
David E. Sanger cubre el gobierno de Donald Trump y una amplia gama de temas relacionados con la seguridad nacional. Ha sido periodista del Times durante más de cuatro décadas y ha escrito cuatro libros sobre política exterior y retos de seguridad nacional.
Tyler Pager es corresponsal del Times en la Casa Blanca, donde cubre al presidente Trump y su gobierno.
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