
Muchos cubanos se preguntan si Trump planea atacar a continuación al gobierno comunista de su país.
Hace unas semanas, agentes de contraespionaje del Ministerio del Interior de Cuba, vestidos de civil, llamaron a las puertas de los delegados de barrio del Partido Comunista que vivían cerca de un puesto militar avanzado en La Habana, preguntando los nombres de todos los habitantes de decenas de viviendas cercanas.
El gobierno de Estados Unidos había atacado la capital de Venezuela, capturando al presidente Nicolás Maduro y matando a más de 100 personas, entre ellas 32 cubanos que custodiaban a Maduro, por lo que los agentes cubanos claramente estaban haciendo planes de contingencia para un ataque similar contra objetivos potenciales en Cuba, dijeron los delegados vecinales. A un delegado le dijeron que se estaban elaborando planes de evacuación.
La idea parecía razonable: mientras continúa la vida normal, la ansiedad es palpable en la isla.
Estados Unidos atacó Venezuela, un aliado clave de Cuba. El presidente Donald Trump propuso la semana pasada una "toma de poder amistosa". Ahora, Estados Unidos ha lanzado un gran ataque contra Irán y su líder supremo ha muerto. Muchos cubanos se preguntan si ellos serán los siguientes.
"Yo tengo miedo de una invasión militar", dijo una de las delegadas vecinales, hablando con la condición de que no se publicara su nombre porque no estaba autorizada a hablar de sus interacciones con los servicios de contrainteligencia. "El país completo siente miedo".
Cuba, un país que sufre una grave escasez de energía provocada en gran medida por el bloqueo de Trump a los envíos de petróleo extranjero, que ha desencadenado una crisis humanitaria cada vez más grave, se enfrenta a un pacto fáustico. Muchos cubanos están soportando los peores momentos de sus vidas y ansían el fin del gobierno comunista de 67 años que encarcela a los opositores, reprime la libertad de expresión y controla una economía centralizada fracasada.
Pero un conflicto militar real, que podría causar bajas civiles, sería un alto precio que pagar, dicen muchos cubanos, y la aterradora perspectiva es una cuestión que divide a esta nación de nueve millones de habitantes y a los millones de exiliados, muchos de los cuales están deseosos de ver derrocado al gobierno.
Desde la captura de Maduro, el presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, ha ordenado un aumento de los ejercicios militares, aunque casi todo el equipo militar cubano es obsoleto y procede de la era soviética, según Hal Klepak, profesor emérito de historia y estrategia del Real Colegio Militar de Canadá.
Un sitio de noticias independiente, 14ymedio, informó el sábado que había visto caravanas militares patrullando por la noche.
Díaz-Canel calificó el ataque contra Irán de una violación de la soberanía del país y del derecho internacional. "La comunidad internacional debe actuar de inmediato para detener esta agresión y una escalada", escribió.
La semana pasada, un intento de invasión provino de una fuente inesperada. El gobierno cubano dijo que 10 cubanos residentes en Estados Unidos intentaron hacer una incursión armada en la isla, pero se enfrentaron en un tiroteo con guardias fronterizos que dejó cuatro muertos y seis heridos.
Peter Kornbluh, coautor de Diplomacia encubierta con Cuba, una crónica de las negociaciones secretas entre Cuba y Washington, quien regresó recientemente de la isla, dijo que el asesinato de los líderes iraníes sirve como "puñal en la garganta" para el gobierno cubano, pues es una señal de que el gobierno de Trump puede buscar un cambio de régimen forzado a pesar de estar en medio de negociaciones diplomáticas.
Sin embargo, Kornbluh dijo que los funcionarios cubanos con los que habló se mantienen en su postura de "dignidad nacionalista", y afirman que siguen abiertos al diálogo, pero que se niegan a negociar bajo la amenaza de la aniquilación.
El gobierno de Trump ha insinuado que su plan es que el gobierno cubano caiga con el peso de las sanciones económicas, no con cohetes. Cuando se le preguntó al día siguiente de los ataques a Venezuela si planeaba actuar en Cuba, Trump dijo: "Creo que simplemente va a caer. No creo que necesitemos ninguna acción. Parece que va a caer. Se va a hundir".
Algunos cubanos dijeron que no han tenido tiempo de pensar en la posibilidad de hostilidades con una nación mucho más poderosa cuya capacidad militar supera por mucho a la de Cuba. Ellos han estado demasiado ocupados lidiando con una larga lista de problemas, como los prolongados cortes de electricidad, la falta de gasolina y la creciente dificultad para encontrar alimentos en los mercados locales.
Otros, sin embargo, están deseosos de que Trump haga, de una vez por todas, lo que 12 presidentes estadounidenses antes que él no consiguieron: destituir al gobierno comunista de Cuba.
"Creo que muchos, muchos están esperando eso de alguna manera. O sea, que sea él el que fuerce para que las cosas cambien. Eso sí estoy convencida", dijo Rita García Morris, directora ejecutiva del Centro Cristiano para la Reflexión y el Diálogo, grupo religioso sin ánimo de lucro de Cárdenas, a 145 kilómetros al oriente de La Habana. "Lo que quieren es que sea ya".
García dijo que esperaba una solución negociada que tuviera en cuenta el sufrimiento de Cuba, donde los hospitales están cancelando operaciones, los alimentos se pudren en los puertos porque no hay gasolina para transportarlos y las aerolíneas han suspendido vuelos porque hay muy poco combustible para los aviones.
"Como una mujer cristiana, no puedo apoyar eso", dijo sobre lo que están viviendo los cubanos.
Incluso en un país donde las largas filas en los supermercados y la pobreza aplastante son algo cotidiano, la actual crisis energética ha provocado una caída libre y ha arrinconado al gobierno en lo que, dicen los expertos, es una encrucijada existencial.
Tras atacar Venezuela el 3 de enero y apoderarse de su industria petrolera, el gobierno de Trump impidió que Venezuela enviara petróleo a Cuba. El gobierno de Cuba había dependido durante mucho tiempo de Venezuela para aproximadamente un tercio de los 100.000 barriles que necesita cada día para hacer funcionar fábricas, el transporte público y mantener las luces encendidas.
Unas semanas más tarde, en una orden ejecutiva redactada de forma tajante, Trump amenazó con imponer aranceles a cualquier nación que suministrara petróleo a Cuba, lo que afectó en gran medida a México.
La orden de Trump planteó el asunto como una emergencia nacional porque "Cuba ha emprendido acciones extraordinarias que perjudican y amenazan a Estados Unidos".
Trump, sin aportar ninguna evidencia, dijo que el gobierno cubano se alinea con numerosos países hostiles, grupos terroristas transnacionales y "actores malignos adversos a Estados Unidos", como Rusia, China, Irán, Hamás y Hizbulá, y les presta apoyo.
Hamás y Hizbulá actúan como grupos terroristas aliados de Irán. Cuba, al igual que Irán, figura en la lista estadounidense de Estados patrocinadores del terrorismo, una medida que ha obstruido aún más su economía y ha contribuido a diezmar su industria turística.
Cuba ha negado las acusaciones de Trump y ha denunciado el bloqueo petrolero como un cruel castigo contra el pueblo cubano. Durante años, el gobierno cubano ha insistido en que sus problemas económicos son consecuencia directa del embargo comercial que Washington impuso a Cuba en 1960.
Ante los informes de que el secretario de Estado Marco Rubio se ha reunido con un nieto del expresidente Raúl Castro, quien aún ejerce un poder significativo, funcionarios del gobierno cubano han dicho que están abiertos a las conversaciones, siempre que se respete la soberanía de Cuba.
Lillian Guerra, historiadora cubanoestadounidense de la Universidad de Florida, dijo que lo más probable es que los funcionarios cubanos estén nerviosos, "y deberían estarlo".
Pero dijo que si Trump "decapita" al gobierno cubano matando a Díaz-Canel o atacando a Raúl Castro, dejaría una situación similar a la de Irán, donde permanece la poderosa Guardia Revolucionaria.
Los militares cubanos y el Ministerio del Interior son entidades poderosas en Cuba, y los militares controlan la economía del país.
Desde el asesinato del líder supremo de Irán, Guerra dijo que había recibido varios mensajes de texto preocupados de amigos de Cuba preguntándose qué pasaría con su país.
"En la isla, la gente no quiere la guerra", afirmó. Años de tensión económica han desgastado a los cubanos, dijo, y el internet les ha abierto la mente para luchar contra décadas de adoctrinamiento.
Más de dos millones de personas han dejado Cuba en los últimos cinco años y el resto simplemente están agotadas.
"La frase que más oigo decir a la gente es 'de ese país, no quiero saber nada'", dijo.
Pero Giovanny Fardales, un traductor de 53 años que vive en Cuba, dijo que cree que hay más apoyo a un ataque militar del que la gente se imagina. Dijo que había hablado con todos sus conocidos, desde los hombres que beben alcohol barato en las esquinas hasta la gente que alquila sus mansiones a visitantes extranjeros de alto poder adquisitivo.
"Todo el mundo dice lo mismo: 'Tienen que venir los estadounidenses para que esto se acabe'", escribió en un mensaje de texto, en mayúsculas.
Alina López, una historiadora de Matanzas que ha escrito críticamente sobre el gobierno, contó que, cuando estaba en la universidad en la década de 1980, tuvo que pasar dos semanas instalando búnkeres a lo largo de un tramo de 50 kilómetros de la carretera costera del norte, al oriente de La Habana.
"Nos hemos pasado la vida haciendo ejercicios de defensa en contextos en los que se suponía que venía el enemigo", dijo. "La gente tiene más miedo de la guerra que estamos librando por la supervivencia y de la precariedad de la situación que de algo que pueda venir de fuera".
En la instalación militar que habían visitado los agentes de inteligencia, las casas de hormigón destartalado mostraban años de desgaste y la basura se amontonaba junto a los plataneros.
Dayanis García Fonseca, una exprofesora de informática de bachillerato de 43 años que ahora vende cerveza y aperitivos en un quiosco cercano, dijo que no había nada que temer. Añadió que las únicas preocupaciones de los cubanos son las de siempre: que haya cortes de energía, que no haya gasolina, que la comida encarezca, que los salarios no alcancen.
Dijo que la instalación militar no parecía ser más que un inofensivo depósito de almacenamiento. Al preguntarle si los militares almacenaban allí bombas o aviones, ella se rió y dijo: "Lo que hay allí es hambre".
Frances Robles es una reportera del Times que cubre América Latina y el Caribe. Lleva más de 25 años informando sobre la región.
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