
El reverendo Jesse Jackson, cuya oratoria apasionada y visión populista de una "coalición arcoíris" de personas pobres y olvidadas lo convirtieron en el político negro más influyente de Estados Unidos en los años entre las cruzadas por los derechos civiles del reverendo Martin Luther King Jr. y la elección de Barack Obama, murió el martes. Tenía 84 años.
Su muerte fue confirmada por su familia en un comunicado, en el que se decía que Jackson "murió en paz", pero no se indicaba la causa ni se decía dónde había fallecido.
Jackson fue hospitalizado en noviembre para ser tratado de una condición neurodegenerativa inusual y especialmente grave, la parálisis supranuclear progresiva (PSP), según la organización de defensa que fundó, la Rainbow PUSH Coalition. En 2017, anunció que padecía la enfermedad de Parkinson, que en sus primeras fases puede producir efectos similares en los movimientos corporales y el habla.
Jackson retomó el legado de King tras su asesinato en 1968 y se presentó dos veces a la presidencia, mucho antes de la elección de Obama en 2008. Pero nunca alcanzó la imponente estatura moral de King ni el triunfo político definitivo logrado por Obama.
En cambio, por el poder de su lenguaje y su energía y ambición prodigiosas, se convirtió en una fuerza moral y política en una época racialmente ambigua, cuando Jim Crow todavía era un recuerdo vívido y el poder político negro era más una aspiración que una realidad.
Con su evangelio de la búsqueda de un terreno común, sus súplicas para "mantener viva la esperanza" y sus exigencias de respeto para quienes rara vez lo tenían, Jackson, sobre todo en sus discursos motivadores en las convenciones demócratas de 1984 y 1988, enunció una visión progresista que definió el alma del Partido Demócrata, aunque no necesariamente sus políticas, en las últimas décadas del siglo XX.
Era una visión, animada por la era de los derechos civiles, en la que una coalición inclusiva de personas de color y otras que habían estado en la periferia de la vida estadounidense pasaría ahora al centro de la escena y la transformaría.
"Mis electores son los desesperados, los condenados, los desheredados, los irrespetados y los despreciados", dijo Jackson con las cadencias ondulantes del púlpito en la Convención Nacional Demócrata de 1984 en San Francisco. "Están inquietos y buscan alivio".
Su retórica trascendente era inseparable de un ser humano imperfecto, cuyo ego, instinto de autopromoción y defectos personales eran fuente de frustración interminable para muchos amigos y admiradores, y objeto de escarnio para muchos críticos. Jackson, dijo una vez el escritor y comentarista social Stanley Crouch, "estará condenado para siempre por su empeño en mitificar su vida".
Aun así, ofreció una visión expansiva de la oportunidad estadounidense que, según sus admiradores, ayudó a cambiar el panorama de posibilidades de la nación. Y su idea de una coalición multirracial empoderada por un gobierno activista para hacer frente a la desigualdad rampante en la vida en Estados Unidos sigue siendo fundamental para el ala progresista del Partido Demócrata y ha inspirado a grupos como Black Lives Matter.
Un hijo de Greenville
Nada en Jackson era sencillo, empezando por la manera en la que creció.
Con el nombre Jesse Louis Burns, Jackson nació el 8 de octubre de 1941 en Greenville, Carolina del Sur. Su madre, Helen Burns, tenía entonces 16 años y era una majorette en la escuela, conocida en la ciudad por su voz de soprano de coloratura. Su padre, Noah Louis Robinson, era un apuesto e imponente exboxeador de 33 años que vivía en la casa de al lado, casado con otra mujer. Que no participara en la crianza de su hijo fue una fuente de humillación para Jesse mientras crecía en su pequeña y segregada comunidad negra.
En 1943, su madre se casó con Charles Jackson, al que había conocido cuando era limpiabotas en una barbería, antes de que se alistara en el ejército. Jackson no adoptó a Jesse hasta 14 años después. Cuando la pareja tuvo un hijo, enviaron a Jesse a vivir con su abuela materna a una pequeña casa que estaba cerca.
Rechazado por su padre y no del todo aceptado por su padrastro, sufrió las burlas de otros niños, mientras aprendía el sistema de castas raciales del sur segregado de Estados Unidos. Años más tarde, recordaría los dos bebederos que había en la panadería Claussen, donde trabajaba los sábados por la mañana, y la primera vez que su madre lo llevó a la parte trasera del autobús.
Al mismo tiempo, destacaba por su energía, inteligencia y atletismo. "Era un chico inusualmente resuelto, nunca se avergonzaba en absoluto", dijo Vivian Taylor, profesora de inglés de preparatoria en Greenville, a Marshall Frady en su extensa biografía publicada en 1996, Jesse: The Life and Pilgrimage of Jesse Jackson. Y añadió: "Pensaba mucho en sí mismo desde el inicio". Como otro amigo, Leroy Greggs, dijo a Frady: "Hablaba hasta por los codos".
Tras graduarse de la preparatoria en 1959, Jackson se matriculó en la Universidad de Illinois en Urbana-Champaign con una beca de fútbol, una oportunidad que le permitió escapar de Jim Crow por primera vez.
Pronto experimentó lo que más tarde describió irónicamente como "el legendario liberalismo del norte" de Estados Unidos. En el sur, dijo, no le habían dicho el insulto racial más hiriente, pero los universitarios del norte sí lo usaron. "Era lo mismo que en Carolina del Sur", dijo, "solo que en otra parte".
Tras su primer año de universidad, con su actitud desafiante sacudida, se trasladó a lo que hoy es la Universidad Estatal Agrícola y Técnica de Carolina del Norte, una institución históricamente negra en Greensboro. Allí encontró las cadencias familiares de la vida sureña; sus amigos recordaban la música góspel de Mahalia Jackson que salía de su habitación. Se convirtió en líder de su fraternidad y, con el tiempo, en presidente del cuerpo estudiantil. Y se enamoró de una estudiante vibrante y llena de energía llamada Jacqueline Lavinia Brown, conocida como Jackie.
Se casaron en la Nochevieja de 1962. Pronto nació su primera hija, a la que llamaron Santita. En los 12 años siguientes tuvieron cuatro hijos más.
Jackson regresó al sur en medio de algo más: las primeras manifestaciones del movimiento por los derechos civiles. El invierno anterior a su llegada, en febrero de 1960, cuatro estudiantes de la facultad de agricultura se habían sentado en el mostrador segregado de la cafetería Woolworth's, en el centro de Greensboro.
Durante un tiempo, Jackson se resistió a participar en las protestas. Cuando se unió, se convirtió en uno de sus líderes. En junio de 1963, encabezó una marcha que reunió a cientos de estudiantes en el centro de la ciudad y fue detenido al día siguiente, convirtiendo la ocasión en una especie de fiesta de presentación política.
En lo que parece, en retrospectiva, tanto un homenaje a King como un gesto de ambición o particular egocentrismo, mientras estuvo por un día en la cárcel, Jackson esbozó una "Carta desde la cárcel de Greensboro" de una página, siguiendo el modelo de la famosa "Carta desde la cárcel de Birmingham" de King, que se había publicado un mes antes. (No está claro si Jackson llegó a terminar la carta, y no parece que llegara a publicarse).
Durante sus estudios universitarios, Jackson pensó en hacerse abogado, pero decidió dedicarse al ministerio religioso. Tras licenciarse en 1964, se matriculó en el Seminario Teológico de Chicago.
Era una época imposible para que alguien con la pasión de Jackson se perdiera en la contemplación erudita. Desconcertado por las golpizas a los manifestantes negros en Selma, Alabama, en marzo de 1965, se subió a una mesa de la cafetería del seminario y retó a otros estudiantes a que lo acompañaran en un viaje hasta allá.
Unos 20 estudiantes y un tercio del profesorado aceptaron el llamado, y se dirigieron al sur. Allí, Jackson ofreció sus servicios a los miembros del círculo cercano de King en la Conferencia de Liderazgo Cristiano del Sur (SCLC, por su sigla en inglés), lo que molestó a algunos de ellos al actuar como si estuviera en una posición de autoridad. Conoció a King y volvió a casa transformado.
Rumbo a Chicago
Seis meses después de Selma, mientras seguía estudiando, Jackson se convirtió, a los 24 años, en el miembro más joven del personal de la SCLC. Fue elegido para dirigir la sección de Chicago de la Operation Breadbasket u Operación Granero de la SCLC, una campaña nacional de desarrollo económico cuyo objetivo era utilizar los boicots como medio para presionar a las empresas de propietarios blancos para que contrataran a trabajadores negros y adquirieran bienes y servicios de contratistas negros.
En 1967, se estaba ganando notoriedad a nivel nacional al promover el programa. Seis meses antes de graduarse, abandonó sus estudios en el seminario para sumergirse de lleno en el movimiento por los derechos civiles. (Más tarde fue ordenado por el ministro de una iglesia en Chicago después de trabajar para King).
King se convirtió en un modelo intelectual y espiritual para Jackson, así como en una figura paterna. "Jesse", dijo el reverendo Ralph David Abernathy, quizá el colaborador más cercano de King, "quería ser Martin".
A pesar de todo su fervor, Jackson se convirtió en el miembro más polémico del círculo cercano de King. Aunque formaba parte del liderazgo, también era, con su base en Chicago, casi un actor independiente. Su ego, su carisma y su capacidad para generar prensa para sí mismo hicieron que otros miembros de la SCLC desconfiaran de sus ambiciones y provocaron enfrentamientos, incluso con King.
Todo llegó a un punto culminante en abril de 1968, cuando King fue a Memphis para mostrar su apoyo a los trabajadores de la gestión de basura en huelga. King estaba afuera de su habitación en el segundo piso del Motel Lorraine bromeando con colegas de la SCLC en el estacionamiento de abajo antes de salir a cenar, cuando un solo disparo de rifle destruyó el momento.
Lo que sucedió después determinó por décadas la manera en la que Jackson era visto. Fue uno de los varios ayudantes que corrieron hacia King después de que le dispararan. Esa misma noche, Jackson se apresuró a regresar a Chicago, parte de la cual estaba en llamas por los disturbios que siguieron al asesinato. A la mañana siguiente, apareció en el programa Today con el suéter de cuello alto color oliva, manchado de sangre, que había llevado el día anterior en Memphis. Ese día, en una convocatoria conmemorativa del Ayuntamiento de Chicago, declaró: "Vengo aquí con enorme pesar porque en mi pecho está la mancha de sangre de la cabeza de King". Y añadió: "Pasó, literalmente, por una crucifixión. Yo estuve allí. Y estaré allí para la resurrección".
Al menos una vez indicó públicamente que fue la última persona que habló con King y que había sostenido su cabeza ensangrentada mientras King agonizaba. Otros que estuvieron allí dijeron que eso nunca ocurrió. El relato de Jackson cambió con el tiempo: pasó de sostener contra su pecho la cabeza de King a acercarse a ella.
Si Jackson había sido ya una figura que causaba suspicacia, se convirtió en objeto de indignación tras la muerte de King. Algunas personas cercanas a King --entre ellos su sucesor, Abernathy, y Hosea Williams, que corrieron hacia King cuando le dispararon-- cuestionaron la exactitud del relato de Jackson y se ofendieron por lo que consideraron un intento calculado de acaparar el centro de atención como primer doliente.
Sus recelos no eran infundados. Don Rose, un asesor político que trabajó con Jackson, dijo en una entrevista reciente que, casi inmediatamente después de regresar a Chicago, Jackson argumentaba que su juventud y energía lo convertían en la persona lógica para inyectar nueva vida al movimiento, en lugar de los miembros de más edad y un tanto tediosos del círculo cercano de King.
Otras personas dijeron que algunos de los que más criticaban a Jackson habían hecho sus propias maniobras para obtener atención, y que en el caos que siguió al tiroteo surgieron tantas versiones contradictorias que resultaba difícil saber con exactitud qué papel había desempeñado cada uno. Incluso algunos de los más indignados en ese momento intentaron aceptarlo.
"Espero que Dios lo haya perdonado", dijo Abernathy a The New York Times en 1987, cuando Jackson se preparaba para una segunda campaña presidencial. "Ha tenido tiempo de rezar. Ahora es un hombre diferente".
Jackson evitó en gran medida hablar de lo que llamó las "calumnias" dirigidas contra él, pero indicó que reflejaban una mala interpretación de sus acciones y palabras, así como las desavenencias en la SCLC que precedieron a Memphis. Aun así, si el presunto intento de Jackson de apoderarse del legado de King pareció indecoroso a algunos, presagiaba en gran medida lo que estaba por venir. Si nadie podía sustituir a King, Jackson fue quien pasó la mayor parte de su vida intentándolo.
Tras la muerte de King, Jackson confrontó repetidas veces a Abernathy, el nuevo líder de la SCLC. A finales de 1971, su relación se rompió por completo después de que Abernathy suspendiera a Jackson durante 60 días por "incorrecciones administrativas y actos reiterados de violación de la política de la organización".
El llamado de la política
Liberado de la jerarquía institucional de la SCLC, Jackson se convirtió en una presencia omnipresente en la vida estadounidense. Promovía causas de justicia social casi sin parar por todo Estados Unidos y en el extranjero, en Sudáfrica, Haití, Medio Oriente y otros lugares. Al poco tiempo, su atención se había desplazado casi inevitablemente a un nuevo ámbito: la política.
Ya en 1971, coqueteó con la idea de fundar un nuevo partido político. En 1980, se convirtió en un incansable defensor del presidente Jimmy Carter en su infructuoso intento de reelección. Esto sentó las bases para que se volviera alguien muy valioso para el Partido Demócrata por su éxito en el registro de votantes negros.
En 1984, Jackson decidió que había llegado el momento de hacer campaña por sí mismo, como segunda persona negra en postularse a la candidatura presidencial de un partido importante, después de Shirley Chisholm, la excongresista por Brooklyn, en 1972. Creó la Coalición Nacional Arcoíris como vehículo para una campaña populista.
Esa campaña ilustró el potencial de un político negro insurgente y las minas terrestres sembradas frente a él. Su diplomacia de trotamundos informal, sobre todo su destacado papel en 1984 para conseguir la liberación de un teniente de la Marina, Robert O. Goodman Jr., encarcelado en Líbano tras el derribo de su avión, lo convirtió tanto en una fuerza política como en una figura internacional que trascendía la política. Su voz era tan potente que su campaña apasionada a favor del término afroamericano, para honrar los orígenes de los descendientes de un pueblo esclavizado, influyó en la lengua vernácula de la nación en su momento.
Tres semanas después de lanzar su campaña presidencial, en conversaciones informales con periodistas negros, utilizó los términos ofensivos "Hymie" y "Hymietown" para describir a la población judía de Nueva York. Las palabras, recogidas en 37 párrafos de un artículo analítico de The Washington Post, provocaron un escándalo que lo seguiría por años. Y su reticencia inicial a distanciarse de Louis Farrakhan, el líder de la Nación del Islam que había hecho comentarios antisemitas, solo agravó sus problemas, aunque en 1984 declaró que las críticas que Farrakhan había hecho a Israel eran "reprensibles".
Aun así, impulsado por votantes negros, sobre todo en el sur, a los que había ayudado a registrarse en cifras históricas, Jackson asombró a muchos analistas políticos con la fuerza que demostró en la contienda de 1984 por la candidatura presidencial demócrata, pues emergió como el primer candidato negro que se convertía en un serio aspirante en una contienda nacional.
Jackson obtuvo 3,2 millones de votos en las primarias, lo que lo ubicó en el tercer lugar, tras el senador por Colorado Gary Hart y el exvicepresidente Walter F. Mondale, el candidato final. Y su dramático discurso de 50 minutos ante la convención en el Moscone Center de San Francisco fue quizás el punto álgido emocional de la campaña demócrata perdida contra el popular presidente Ronald Reagan.
Volvió a intentarlo en 1988, y esta vez empezó como un peso pesado del partido. En las primarias del Supermartes del 8 de marzo, quedó primero o segundo en 16 de las 21 primarias y asambleas electorales. Los dirigentes del partido, que temían no poder ganar unas elecciones generales con un candidato presidencial negro y de izquierda, buscaron desesperadamente una alternativa. Al final, Michael S. Dukakis, gobernador de Massachusetts, obtuvo la nominación, a pesar de que Jackson había reunido casi siete millones de votos en las primarias, el 29 por ciento del total.
La convención del partido, en Atlanta, fue agridulce. Jackson hizo una dura campaña por la candidatura a la vicepresidencia y se sintió decepcionado por no ser elegido. Pero, de nuevo, su discurso televisado electrizó la convención.
Esta vez, entretejiendo su propia historia de superación de la pobreza y el abandono con las aspiraciones de los representados por su Coalición Arcoíris, volvió una y otra vez a la búsqueda de un "terreno común", y habló, como si fuera personalmente, a todos los que se encontraban en los rincones olvidados de la vida estadounidense.
"Llámense marginados, de los bajos fondos, no puedes lograrlo, no eres nada, no eres de nadie, subclase, clase baja", dijo, "cuando vean a Jesse Jackson, cuando mi nombre salga nominado, tu nombre saldrá nominado. Nací en el barrio bajo, pero el barrio bajo no nació en mí. Y no nació en ti, y puedes lograrlo".
El discurso, que concluyó gritando cuatro veces "¡Mantengamos viva la esperanza!", fue inmediatamente aclamado como un clásico de la política estadounidense.
Una voz de la izquierda
Jackson se sintió inseguro sobre qué hacer a después. A veces pensó en presentarse al Senado por Carolina del Sur o a la alcaldía de Washington, pero decidió no hacer otra campaña política, impulsando las ideas de quienes veían su fracaso en ocupar cargos públicos como una marca en su contra.
"Jesse no quiere dirigir nada más que su boca", dijo el alcalde de Washington Marion S. Barry Jr. en Los Angeles Times en 1990.
Jackson ganó su primera elección ese mismo año, cuando obtuvo uno de los dos puestos especiales no remunerados de "senador por la estadidad" creados por el Ayuntamiento de Washington para presionar al Congreso a favor de la estadidad del Distrito de Columbia. El cargo no le otorgaba capacidad para promulgar leyes ni formular políticas. Para algunos, estaba intentando jugar con las viejas reglas de la persuasión moral y el activismo extragubernamental cuando el poder se estaba desplazando cada vez más hacia políticos negros como el alcalde de Chicago Harold Washington y, más tarde, un joven senador de Estados Unidos, también de Illinois, llamado Barack Obama.
(Durante las últimas décadas de Jackson, fue el representante John Lewis, que ejercía el poder desde la plataforma política más tradicional del escaño en el Congreso de Georgia que ocupó durante 17 legislaturas, quien era considerado por muchos como el veterano vivo más admirado de la era de los derechos civiles).
Jackson decidió no presentarse por tercera vez a la presidencia en 1992, cuando los demócratas recuperaron la Casa Blanca con Bill Clinton. Clinton lo nombró enviado especial a África y, en 2000, le concedió la Medalla Presidencial de la Libertad, el mayor honor civil de la nación.
Mientras el Partido Demócrata luchaba por adaptarse a una nación que viraba a la derecha, Jackson se convirtió en una voz de la marginada izquierda estadounidense, pues se oponía a los vientos políticos dominantes al hablar en favor de causas antibelicistas y de justicia social.
También se enfrentó a controversias y crisis personales. En 2001, se reveló que había tenido una hija, Ashley Jackson, en 1999 con una mujer que había trabajado para su grupo de defensa, ahora llamado, tras una fusión, Rainbow PUSH Coalition. Durante la campaña presidencial de Obama en 2008, Jackson tuvo que disculparse y fue reprendido por su propio hijo, el diputado Jesse Jackson Jr., por unos comentarios burlones que había hecho sobre Obama y que fueron captados por un micrófono abierto.
Si Jesse Jackson Jr. se había convertido en parte del legado de su padre, también fue fuente de consternación cuando el hijo dimitió del Congreso en 2012 y fue condenado a 30 meses de prisión por gastar 750.000 dólares de su campaña en artículos personales.
Jackson padre solicitó que el presidente Joe Biden indultara a Jesse Jr. en 2024, en una petición que mencionaba el indulto de Biden a su propio hijo, Hunter. La petición fue denegada. El pasado octubre, Jesse Jackson Jr. anunció que intentaría recuperar su escaño en representación del Segundo Distrito del Congreso de Illinois en las elecciones intermedias de este año.
Además de su hijo Jesse Jr., sobreviven a Jackson su esposa; sus otros hijos, Santita, Jonathan, Yusef, Jacqueline y Ashley; y varios nietos.
El mayor de los Jackson continuó su labor política, incluidos los esfuerzos por promover la inclusión económica de las personas negras en Silicon Valley y en Wall Street, aunque algunas empresas se opusieron a lo que consideraban tácticas de presión de sus organizaciones para recaudar dinero. Las empresas se quejaron de que los grupos primero las criticaban públicamente por su historial de contratación de minorías o de servicio a consumidores con bajos ingresos y luego se daban la vuelta y aceptaban subvenciones de esas mismas empresas, algunas de las cuales contrataban con compañías de minorías dirigidas por amigos de Jackson.
Jackson dijo que sus organizaciones no habían hecho nada indebido. "Las mismas personas a las que un día desafías, una vez que entran en razón y cumplen la ley, entonces entablamos relaciones con ellas", declaró a The New York Times en 2001. "Por supuesto que eso es lo que hacemos. Es legal, apropiado y eficaz".
En años siguientes, grupos como Black Lives Matter aportaron nuevas figuras y energía a causas que Jackson había defendido en el pasado, y la presidencia de Donald Trump significó un contrapeso sombrío a la obra de su vida.
Jackson tenía 76 años cuando, en noviembre de 2017, anunció que le habían diagnosticado párkinson y que se tomaría un tiempo para centrarse en su salud. Su diagnóstico de parálisis supranuclear progresiva, que comparte algunos síntomas con el párkinson, se anunció en abril del año pasado.
Pero siguió activo, y en agosto de 2021, a los 79 años, fue uno de los activistas detenidos en Washington cuando protestaban contra las restricciones al voto impulsadas por los republicanos en todo el país.
Se retiró oficialmente de su papel al frente de la Rainbow PUSH Coalition en 2023. Pero siguió participando en mítines y actos públicos. En 2025, se unió a un boicot a Target después de que la empresa diera marcha atrás en su programa DEI (Diversidad, Equidad e Inclusión). El año anterior, fue a Racine, Wisconsin, para animar a los jóvenes a votar en las elecciones presidenciales.
Una visión que no se realizó
Para algunos, las aspiraciones no cumplidas de Jackson reflejaban sus propias limitaciones como figura pública carismática, cuyo instinto para la política improvisada y centrada en los medios de comunicación lo dejó sin un acto final llamativo. Y a pesar de todo su potencia retórica, los demócratas nunca adoptaron plenamente su visión de un partido descaradamente liberal basado no en la clase media blanca, sino en su coalición de pobres y trabajadores de todos los colores.
Clayborne Carson, profesor de historia de la Universidad de Stanford y director del Instituto de Investigación y Educación Martin Luther King Jr., dijo que Jackson había sufrido en gran parte por estar atrapado entre dos épocas: demasiado tarde para ser una figura inequívocamente heroica como King, demasiado pronto para triunfar en los niveles más altos de la política como Obama.
Pero Jackson había desempeñado un papel fundamental, dijo Carson, al convertir los logros en materia de derecho al voto de la década de 1960 en una realidad política que hizo posible a un presidente negro antes de lo que muchos habrían esperado.
"Jesse Jackson desempeñó un papel tan central en su época como King en la suya", dijo en una entrevista para este obituario en 2012. "Pero no fue el tipo de lucha heroica de la década de 1960. No te van a dar un Premio Nobel por lo que hizo Jesse Jackson, pero hizo falta mucho talento, iniciativa, energía, imaginación y carisma, y él los tenía de sobra".
Del mismo modo, Rose, el consultor político de Chicago, quien también trabajó con Jesse Jackson Jr., dijo que los éxitos del padre, más que sus fracasos, fueron lo que lo anularon: al ayudar a derribar las barreras raciales del éxito electoral sin ganar él mismo un cargo, se quedó con opciones políticas limitadas.
"Fue una especie de víctima de su propio éxito", dijo Rose en una entrevista. "En realidad era un líder moral más que un líder electo, pero ahora esperamos que los líderes electos aborden nuestros problemas. Un grupo de manifestantes no va a cambiar las leyes electorales de Florida".
Jackson también se describió como un líder más moral que político. "Mi misión ha sido transformar la mente de Estados Unidos", dijo en una convención de abogados negros celebrada en Washington en 1988. "No se trata solo de política --con minúscula-- como en delegados y votos. Sino de Política --con mayúscula--, como la transformación de nuestras mentes y el cambio del concepto que tenemos de nosotros mismos".
Si Jackson nunca cumplió sus sueños más grandes, dijo el profesor Carson, no fue el único que se quedó corto.
"En su mejor imaginación", dijo, "se veía a sí mismo como alguien que podía unir al país, atraer tanto a los votantes blancos de clase trabajadora como a las personas negras pobres, unirlos en torno al cambio económico. Pero ese ha sido un sueño en la política estadounidense desde que existe la política estadounidense. Cuando ese sueño tiene que enfrentarse a la realidad, es un puente difícil de cruzar".
Aun así, si el trayecto político de Jackson quedó dolorosamente inacabado, sus aspiraciones y frustraciones son tan relevantes para la política estadounidense ahora como lo fueron durante su discurso "Mantengamos viva la esperanza" en la Convención Nacional Demócrata de 1988.
En un momento de ese discurso contó una historia sobre su abuela en Greenville. Dijo que no podía comprar una manta, pero no se quejó y la familia no se congeló. En lugar de eso, recolectó trozos de tela vieja --retazos de lana, seda, gabardina, saco de yute--, "solo retazos, apenas lo bastante buenos para limpiarse los zapatos con ellos", y los cosió juntos en una colcha, "una cosa de belleza y poder y cultura". Imploró a los demócratas que hicieran un edredón similar.
"Sean tan sabios como mi abuela", dijo. "Junten los remiendos y las piezas, unidos por un hilo común. Cuando formemos un gran edredón de unidad y puntos en común, tendremos el poder de conseguir asistencia de salud y vivienda y empleo y educación y esperanza para nuestra nación. Nosotros, el pueblo, podemos ganar".
Ash Wu colaboró con reportería. Sheelagh McNeill colaboró con investigación.
Ash Wu colaboró con reportería. Sheelagh McNeill colaboró con investigación.
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