
Un grupo de científicos documentó frente a la costa de Argentina una rara medusa descubierta hace poco más de un siglo y vista en contadas ocasiones desde entonces.
Eran finales de diciembre, y un grupo de investigadores descendía con un vehículo teledirigido en el océano Atlántico, frente a Argentina, cuando, a unos 243 metros de profundidad, la sala de control se quedó en silencio. En las pantallas se veía una medusa. Pero no se trataba de un avistamiento ordinario: esta era una medusa fantasma gigante, una especie de aguas profundas rara vez vista en los mares del mundo.
"Había una mezcla de excitación e incredulidad", comentó María Emilia Bravo, una bióloga marina de la Universidad de Buenos Aires que dirigió la inmersión como parte de una expedición a bordo del R/V Falkor (too), un buque de investigación operado por el Instituto Oceánico Schmidt. El instituto hizo públicos sus hallazgos el martes.
"Su presencia etérea y delicada en un entorno tan extremo fue profundamente sorprendente", dijo. Los largos tentáculos de la criatura hacían que maniobrar el vehículo submarino de manera segura fuera una tarea complicada. "Teníamos curiosidad por conocerla mejor y documentarla bien".
Halladas por primera vez en 1899, las medusas fantasma gigantes no fueron reconocidas como especie sino hasta 60 años después. E incluso entonces, los ejemplares que solían encontrarse estaban muertos, atrapados en las redes de arrastre; rara vez se registraba uno vivo. Los vehículos teledirigidos hicieron posible el avistamiento de estas criaturas.
"Hasta hace poco, nadie era capaz de verla realmente en su hábitat natural y en todo su esplendor", dijo Steve Haddock, biólogo marino del Instituto de Investigación del Acuario de la Bahía de Monterey, quien no participó en la inmersión.
Durante el último siglo, las medusas fantasma han sido documentadas en alrededor de 100 ocasiones.
Estas escurridizas criaturas se encuentran entre las medusas más grandes: sus campanas pueden crecer más de un metro de diámetro y sus tentáculos pueden alcanzar hasta 9 metros de longitud. La gente suele suponer que las especies no descritas de aguas profundas son animales raros y ocultos, dijo Haddock. "Pero no", explicó, "son unas cosas gigantescas, prácticamente del tamaño de un calamar gigante, que han pasado en gran medida desapercibidas".
Las medusas fantasma cazan de forma distinta a otras medusas que pican. Estas utilizan sus largos tentáculos en forma de cortina para atrapar plancton y peces pequeños que se llevan a la boca. También mantienen una relación simbiótica con algunas especies de peces, que a menudo se pueden ver nadando o flotando alrededor de su campana o tentáculos.
En la zona de medianoche --la capa oscura del océano que se extiende hasta casi 4000 metros de profundidad-- hay poco alimento y el refugio es escaso, por lo que muchos de los habitantes más pequeños encuentran cobijo entre los animales más grandes. Las medusas fantasma protegen de los depredadores, mientras que los peces se alimentan de los parásitos de estas.
A pesar de la inmensidad del océano, estas dos especies se encuentran y permanecen juntas la mayor parte de su vida, explicó Haddock. "Es casi una historia estilo 'pareja dispareja'".
En el hemisferio norte, el pez que se ve a menudo con medusas fantasma es el Thalassobathia pelagica. Sin embargo, el observado en Argentina pertenecía a un grupo distinto, un género de pez llamado Centrolophus.
Este hallazgo es especialmente importante para las profundidades marinas argentinas, señaló Bravo. Aunque existen registros históricos de asociaciones entre medusas y peces, nunca antes se había documentado esta interacción en las aguas profundas frente a la Patagonia.
La expedición dirigida por Argentina también documentó decenas de especies nuevas, incluyendo corales y erizos de mar, a lo largo de la plataforma continental del país. Los científicos viajaron desde Buenos Aires, en el norte, hasta las aguas de Tierra del Fuego, en el sur. Su principal objetivo era encontrar filtraciones frías: zonas del fondo marino donde el metano y otras sustancias químicas dan energía a los microbios, que a su vez sustentan a animales como las almejas y los mejillones. Encontraron una filtración activa de alrededor de 1.3 kilómetros cuadrados.
Alexa Robles-Gil es una reportera de ciencia y forma parte de la generación 2025-26 de Times Fellowship, un programa para periodistas al comienzo de sus carreras.
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