Melania, el nuevo documental sobre la primera dama estadounidense, Melania Trump, tuvo una enorme campaña de mercadeo de 35 millones de dólares, un estreno exclusivo en el Kennedy Center y una amplia distribución en 1500 cines de todo Estados Unidos. Lo que no tuvo fue mucho acceso a profundidad ni contexto de voces externas.
Las cámaras siguen a Melania Trump -quien también es productora de la película- durante 20 días de enero del año pasado, que culminaron en la segunda toma de posesión del presidente Donald Trump. Es un periodo de tiempo efímero en un medio que suele abarcar años.
La brevedad se presenta como una ventaja en lo que pretende ser una filmación en primera persona. El director, Brett Ratner, quien al parecer ha estado viviendo en una casa de ocho dormitorios en Mar-a-Lago, el enclave de los Trump en Palm Beach, Florida, acompaña a Melania Trump en sus viajes entre Florida, Nueva York y Washington, D. C., casi siempre sola y a menudo en silencio. Es reservada, incluso en su propia película.
Por otra parte, poco de la película de casi dos horas sigue las convenciones del cine de no ficción, empezando por los astronómicos 40 millones de dólares que Amazon MGM pagó por adquirirla, de la propia productora de Melania Trump. ¿Qué es lo que registra sobre la vida -o “la familia, los negocios y la filantropía”, como ella dice- de quien ha sido primera dama en dos oportunidades, y que suele lucir sombreros?
A continuación, ofrecemos algunas pistas.
Hay pocas revelaciones
Melania Trump no tiene fama de ser accesible, y el documental lo confirma. Nunca se le ve en nada parecido a un momento informal: siempre va perfectamente peinada, maquillada y con tacones. (Sus característicos stilettos aparecen con frecuencia en el centro de la pantalla, aunque quienes tengan ojos de águila podrán verla, una vez, en pantuflas).
La película la sigue mientras se somete a diversas pruebas de vestuario para la toma de posesión, planifica los actos de ese día y del fin de semana, y tiene algunas reuniones con el personal de la Casa Blanca (algunos de los cuales aparecen rechazando una petición de la prensa sobre el acuerdo con Amazon).
Tiene un encuentro con la reina Rania de Jordania sobre iniciativas en favor de los niños en acogida, y una plática en video con Brigitte Macron, la primera dama de Francia, sobre los efectos nocivos de las pantallas en los niños. “Nada de celular hasta las 11”, escribe obedientemente en un cuaderno con el logo de Be Best, el nombre de su campaña de bienestar juvenil.
El encuentro al que se dedica más tiempo en pantalla es el de Aviva Siegel, una israelí que fue tomada como rehén por Hamás junto con su marido, Keith Siegel, que permanecía cautivo en el momento del rodaje. (Él fue liberado más tarde). Ella llora cuando habla de su marido, y la primera dama se inclina para consolarla.
Por lo demás, a Melania Trump se le oye sobre todo en voz en off. Narra toda la película y ofrece datos sobre los lugares por los que pasa, como el Cementerio Nacional de Arlington o la Casa Blair, donde se alojan las primeras familias entrantes antes de la toma de posesión. A veces enuncia los objetivos como si estuviera pronunciando un discurso político. “Siempre utilizaré mi influencia y mi poder para luchar por los necesitados”, promete.
Es una niña de mamá
Lo más cerca que los espectadores están de la vida interior de la protagonista son sus numerosas referencias a su “querida madre”, Amalija Knavs, quien murió en enero de 2024. En la película, a menudo habla del duelo y de la influencia de su madre, una antigua patronista a la que atribuye, en parte, su amor por la moda. Llama a Knavs “el hilo más rico de mi vida”, cuya “fuerza tranquila me dio forma”. En el aniversario de la muerte de su madre, asiste al funeral del presidente Jimmy Carter en Washington y, de regreso a Nueva York, acude a la catedral de San Patricio para encender una vela por su madre.
Habla abiertamente de sus raíces inmigrantes
Donald Trump solo aparece con “mi marido”, como ella se refiere a él casi exclusivamente, en momentos ceremoniales u oficiales. Hay algunas llamadas telefónicas entre ellos, pero no cenas privadas juntos ni interacciones fuera de sus funciones políticas. (En una reunión para ultimar los detalles de la toma de posesión, el presidente le pregunta si ya eligió su vestido).
Notablemente en un gobierno cuyas políticas antiimigración han provocado violencia, las personas que rodean a Melania Trump son migrantes: ahí está Hervé Pierre, su diseñador de moda francés, amigo desde hace más de ocho años. (“Feliz aniversario”, dicen a media voz en la película, cuando se señala la fecha). Tras 22 años en Estados Unidos, Pierre se nacionalizó poco antes de vestirla para la primera toma de posesión. Se entusiasma al decir que, como antigua modelo, ella y él hablan el mismo idioma, el de los detalles sartoriales y la sastrería.
Tham Kannalikham, la diseñadora de interiores responsable del cambio de la Casa Blanca a Trump 2.0, describe cómo su familia abandonó su Laos natal cuando ella tenía 2 años, y cómo la oportunidad de trabajar en la residencia presidencial se convirtió en parte de su sueño americano.
Y la propia Melania Trump habla de su “viaje como migrante” desde Eslovenia hasta la Casa Blanca, “un recordatorio de por qué respeto tan profundamente a esta nación”, dice. “Todo el mundo debe hacer lo que pueda para proteger nuestros derechos individuales. No darlos nunca por sentados, porque al final, no importa de dónde vengamos, nos une la misma humanidad”.
Cuando aparece su padre, Viktor Knavs -una de las pocas personas que conceden una entrevista a cámara-, habla mayoritariamente en esloveno mientras su hija sonreía a su lado.
Está orgullosa de cómo Barron Trump se ha desenvuelto en la vida pública
A Barron Trump, que ahora tiene 19 años, se le ve pero casi nunca se le oye en la película. (Los cuatro hijastros de Trump tienen aún menos impacto; ella nunca los menciona). Sí habla de su orgullo por cómo su hijo se ha desenvuelto en su infancia inusualmente pública; tenía 10 años al inicio de la primera presidencia de Trump. A medida que crece, “es muy importante que viva la vida que quiera vivir”, dijo, incluso en su mundo enclaustrado.
Pero la seguridad familiar es una consideración. Mientras los Trump discuten la seguridad en torno a la comitiva del desfile de investidura, Melania Trump dice que su hijo no saldría del coche: es su elección. Cuando las festividades públicas se trasladan finalmente al interior debido al frío extremo, confiesa que se siente aliviada. “Estar en un espacio más seguro y cerrado me aportó cierta tranquilidad”.

No deja espacio para el gris
La paleta gráfica de la primera dama -“muy simétrica, ángulos rectos, blanco y negro”, como la describió recientemente su asesor más cercano, Marc Beckman- está por toda la pantalla.
Desde la escena inicial, cuando sale de Mar-a-Lago con un vestido camisero de color alabastro y zapatos de tacón de piel de serpiente al son de “Gimme Shelter” de los Rolling Stones, se la muestra con frecuencia con blusas de un blanco nítido, pantalones oscuros, gafas de sol de gran tamaño (incluso en interiores) y el sombrero de ala ancha que produce sombra y que usó durante la mayor parte del Día de la Inauguración. Su imagen, está claro, es primordial.
Los actos promocionales de la película también siguieron su esquema de colores austeros preferido; incluso las cajas de palomitas conmemorativas -que podrían ser tuyas por 12,99 dólares- son de un blanco y negro brillante.
Beckman, que también es productor principal de la película, dijo que el estilo formaba parte del plan de Melania Trump de crear una marca de lujo. (Dada su residencia actual, quizá se inspiró en un minorista: White House Black Market).
Así es como se ve a sí misma
Según todos los indicios, Melania Trump tenía un gran control sobre el proyecto, incluida la elección de Ratner, un cineasta que no había trabajado en Hollywood desde 2017, cuando seis mujeres le acusaron de conducta sexual inapropiada. (Él negó haber cometido algún delito).
La visión que la película presenta de ella -muy centrada en el estilo; aún de luto por su madre; frecuentemente sola- es, pues, presumiblemente la que ella apoya. El documental termina con una larga lista de logros de Melania Trump antes de los créditos, ninguno de los cuales se muestra realmente en acción.
Aunque no aclara quién es, la película sí nos dice cómo quiere que la vean.
© The New York Times 2026.
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