
Tras casi una década de inversiones caras y fallidas, Mohammed bin Salman supervisa una reestructuración del importante fondo de riqueza del reino.
La visita del príncipe heredero de Arabia Saudita a Washington esta semana mostró un cuadro familiar: el jefe de una nación rica en petróleo que se acerca al presidente Donald Trump y a los titanes de la industria estadounidense.
Esa apariencia de riqueza es fundamental para el poder y la imagen de Arabia Saudita en Estados Unidos y en su propio país, donde el gobierno saudí ha prometido nada menos que una transformación económica para su joven población. El martes, en el Despacho Oval, el príncipe heredero Mohammed bin Salman dijo a los periodistas, sin dar detalles, que su nación invertiría 1 billón de dólares en Estados Unidos.
Pero en los pasillos del poder de Riad y Wall Street se susurra una realidad distinta: el pregonado Fondo de Inversión Pública del reino (PIF, por su sigla en inglés), que Arabia Saudita ha utilizado habitualmente para cumplir compromisos como el que contrajo esta semana en Washington, se está quedando sin efectivo para nuevas inversiones.
Esto se debe, en buena medida, a que el príncipe Mohammed y sus ayudantes han gastado gran parte de la generosidad de la nación en proyectos que atraviesan dificultades financieras, y están intentando frenéticamente darle la vuelta a la situación, según 11 personas informadas sobre sus operaciones, incluidos empleados actuales, miembros del consejo de administración, inversores y sus representantes.
Está Neom, una vasta región utópica en el extremo norte del país que iba a contar con trabajadores robot, una estación de esquí y playas de mármol triturado, pero que se ha enfrentado a un cúmulo de retrasos.
Además, hay otros proyectos más convencionales en la cartera en constante expansión del PIF, pero que están lejos de concretarse, como una cadena de cafeterías con una sola tienda hasta ahora y sueños de exportar granos a Austria; una línea de cruceros con un solo barco; y una empresa emergente de vehículos eléctricos iniciada hace tres años que aún no ha entregado ningún automóvil.
El reino sigue disfrutando de una gran riqueza petrolera. Sin embargo, su capacidad de bombeo está muy limitada por los acuerdos geopolíticos para restringir el suministro y por el bajo precio del crudo en general. El gobierno registra un creciente déficit presupuestario y contrae deudas para cumplir las promesas internas del príncipe Mohammed.
Aunque el PIF afirma que posee casi 1 billón de dólares en activos, una gran parte de su cartera está inmovilizada en activos difíciles de vender para los que no se dispone de valoraciones públicas. Sus representantes han empezado a decir a los inversores internacionales que prácticamente no pueden asignar más dinero en un futuro próximo, dijeron seis personas con conocimiento de esas conversaciones.
A diferencia de otros fondos soberanos comparables, el PIF solo publica una página y media de cifras financieras anuales.
Un portavoz del fondo, Marwan Bakrali, dijo que disponía de 60.000 millones de dólares en efectivo e instrumentos financieros similares. Lo describió como "muy líquido para los estándares regionales".
Entre bastidores, el PIF está reestructurando activamente sus operaciones bajo la atenta mirada del príncipe heredero, dijeron las personas informadas, que hablaron bajo condición de anonimato para discutir planes empresariales confidenciales.
El príncipe ha despedido al jefe de al menos uno de sus proyectos más vulnerables, Neom, según dos personas informadas al respecto. Mientras tanto, el fondo está recortando drásticamente las proyecciones financieras internas para varias inversiones, incluida una serie de complejos turísticos de lujo en el mar Rojo que permanecen prácticamente vacíos.
Su consejo también elabora planes para actuar de forma diferente en el futuro, invirtiendo en áreas más convencionales, como acciones y bonos cotizados en bolsa, dijo una de las personas. Espera duplicar su tamaño hasta alcanzar los 2 billones de dólares en los próximos cinco años, aunque no está claro qué parte procederá de las ganancias de las inversiones y qué parte será dinero nuevo del gobierno saudí.
"Como inversor a largo plazo", dijo Bakrali, "nuestras inversiones se juzgarán a lo largo de generaciones, no de trimestres, y los beneficios se medirán tanto de forma financiera como a través del impacto económico y social".
Mientras tanto, los mayores movimientos del PIF en los últimos meses han sido más inversiones privadas, esta vez en empresas de inteligencia artificial.
La mayor inversión del PIF este otoño ha sido la oferta por una participación mayoritaria en Electronic Arts, el mayor fabricante de videojuegos del mundo. Los representantes del PIF afirman que se trata de una inversión a largo plazo que acabará duplicando su valor. Personas cercanas al fondo señalan otro factor motivador: el príncipe Mohammed es un jugador ávido.
No lo llames 'Pif'
El mundo de los fondos soberanos puede ser un lugar sobrio. El más grande que existe, el Fondo de Pensiones Global del Gobierno noruego, de 2 billones de dólares, invierte principalmente en acciones cotizadas en bolsa.
Los fondos de otros países miran hacia dentro, como el de India, que tiene prohibido invertir fuera del país.
Durante gran parte de su historia, el PIF no fue muy diferente. Se creó en 1971, fundado directamente por el gobierno saudí para financiar empresas nacionales, como bancos y empresas eléctricas gestionadas por el país.
Para 2015, tenía unos 100.000 millones de dólares en activos, 50 empleados y ningún nombre conocido. En marzo de ese año, un nuevo rey saudí transfirió el control de la entidad al hijo mayor de su tercera esposa, el príncipe Mohammed, que entonces tenía 29 años.
Y el príncipe convirtió el PIF en una herramienta central de su despliegue de poder, hasta tal punto que el PIF ahora afirma que ese fue el año en que "renació".
El príncipe Mohammed llenó el PIF con dinero del gobierno, contrajo préstamos y redirigió al fondo parte de las ventas de petróleo de la nación (actualmente estimadas por expertos externos en 500 millones de dólares al día). También transfirió activos incautados a opositores políticos y miembros de su familia en lo que se denominó un esfuerzo "anticorrupción".
El gobierno ha atribuido 1,1 millones de empleos saudíes a proyectos del PIF, aunque esta afirmación no puede verificarse de forma independiente.
El propio PIF tiene ahora más de 3000 empleados. Su informe anual, publicado en agosto, indica que sus ingresos aumentaron un 25 por ciento el año anterior.
La expansión también ha sido enorme para Yasir al-Rumayyan, gobernador del Fondo. Banquero regional durante la mayor parte de su carrera, coemntó en una entrevista de pódcast que el príncipe Mohammed le encargó inicialmente que buscara candidatos para dirigir el PIF. El príncipe, dijo Al-Rumayyan, "no estaba plenamente satisfecho con la mayoría" y optó por el hombre que realizaba la búsqueda.
Al-Rumayyan disfrutado enormemente del cargo --mostrando a un visitante una foto de su yate-- y ha llegado a corregir bruscamente a quienes pronuncian el nombre del fondo como "Pif", en lugar de deletrear las iniciales, según tres personas que lo han oído decirlo.
El año pasado, Al-Rumayyan asistió al Super Bowl con Benjamin Horowitz, cuya empresa de capital riesgo gestiona el dinero del PIF, y el pasado noviembre se sentó al lado de Trump en el combate posterior a las elecciones del Ultimate Fighting Championship en el Madison Square Garden.
Ha adquirido participaciones para Arabia Saudita en empresas estadounidenses como Uber y Citi, y ha creado una liga mundial en torno a su afición personal, el golf. Ligas y equipos deportivos --incluidas grandes marcas como la Fórmula 1 y el equipo de la Premier League inglesa Newcastle United-- vendieron participaciones a los fondos del PIF.
El PIF también ha hecho algunas apuestas oportunas en los mercados públicos, incluida la creación de una enorme cartera de acciones estadounidenses en medio de su punto más bajo durante la pandemia, que resultó rentable cuando los precios repuntaron.
Al-Rumayyan declinó ser entrevistado.
En cuanto a la reestructuración del PIF, Ahmed al-Khateeb, miembro del consejo de administración del PIF y ministro de Turismo de Arabia Saudita, calificó las medidas de pasos naturales en el esfuerzo más amplio del príncipe Mohammed por reformar la economía saudí.
"Te detienes, evalúas lo que ha ido bien, lo que ha ido mal y luego mejoras", dijo Al-Khateeb.
Señales de dificultades financieras
Un símbolo importante de la influencia del PIF y de Al-Rumayyan ha sido la Iniciativa de Inversión Futura, apodada "Davos en el Desierto", una reunión anual que acoge a miles de personas en la capital del país.
Históricamente, una de las fiestas más solicitadas que coincide con el evento ha sido una reunión en la villa rodeada de palmeras de Al-Rumayyan, antigua propiedad de un magnate encarcelado en la infame redada de opositores políticos del príncipe Mohammed en 2017.
Así pues, cuando un centenar de titanes de las finanzas y la industria mundiales se reunieron en su villa, no parecía haber motivos para esperar otra cosa que el habitual desfile de "abu al-karavatta", el término despectivo que algunos lugareños utilizan para referirse a los forasteros con corbata que buscan el dinero del reino.
Cuando Al-Rumayyan se levantó para pronunciar unas palabras de bienvenida en su salón de baile personal, con los camareros preparados para servir cordero y arroz, fue recibido por un espectáculo insólito.
Un asiento desocupado estaba marcado con una tarjeta para el multimillonario Stephen Schwarzman, quien había asistido a todas las cenas anuales anteriores y cuya empresa, Blackstone, ha amasado una pequeña fortuna gracias a su relación con el reino.
Los asistentes notaron la ausencia de Schwarzman, pero llegó, con horas de retraso (después del postre). Su portavoz culpó al tráfico.
A lo largo de la conferencia se percibió una sensación de cambio, y se habló con nostalgia de una época mejor para los occidentales, cuando parecía que la mayoría de los hombres de negocios que visitaban Riad volvían a casa con dinero en efectivo.
Este año, los representantes del PIF informaron a los gestores de activos de las nuevas condiciones para futuras inversiones: la única manera de ofrecerles más es a cambio de ayuda para rescatar sus inversiones más antiguas, según dos miembros del personal del fondo y cinco inversores o sus representantes.
En un acuerdo ilustrativo esbozado por una persona que negociaba una inversión del PIF, el fondo saudí indicó que solo destinaría más dinero si más del doble de su inversión se canalizaba de nuevo hacia empresas privadas saudíes.
El resultado sería que el dinero internacional fluiría hacia los proyectos propiedad del PIF, lo que fortalecería su posición.
Sobre la reinversión del dinero del PIF en empresas privadas saudíes, dijo otro vocero del PIF, Rupert Trefgarne: "No hay ningún requisito. Ciertamente se fomenta".
Incluso la propia empresa que dirige la conferencia anual está en la cuerda floja. Propiedad mayoritaria del PIF, a principios de este año contrató a un banco de inversiones estadounidense para explorar opciones, incluida la de venderse a un tercero por dinero en efectivo, según dos personas consultadas por directivos de Iniciativa de Inversión Futura.
No se pudo encontrar tal comprador. El PIF espera ahora cotizar acciones de la organizadora de conferencias en la Bolsa saudí, de la que también es propietaria. El portavoz del PIF dijo que ese siempre había sido el plan.
Rob Copeland es un periodista financiero del Times, y escribe sobre Wall Street y la industria bancaria.
Vivian Nereim es la reportera principal para el Times en la cobertura de los países de la península arábiga. Radica en Riad, Arabia Saudita.
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