
Con una sonrisa pícara, Oz Pearlman se metió una mano en el bolsillo, sacó una de sus tarjetas de presentación negras y me la puso en la palma de la mano. Me dio un codazo para que le diera la vuelta.
En el reverso, Pearlman había garabateado las letras del alfabeto en desorden. Volvió a tomar la tarjeta, encendió un mechero y la acercó a la llama. Casi todas las letras desaparecieron del papel. Las que quedaron formaron una palabra, el nombre de alguien. Como había prometido, era el de mi novia de séptimo grado. Pearlman sonrió.
Era una fría noche de octubre, y Pearlman estaba sentado para una entrevista justo al salir del escenario, después de ejecutar hazañas igualmente desconcertantes para más de mil personas a bordo del USS Intrepid, un portaaviones fuera de servicio atracado en el West Side de Manhattan.
Pearlman, alias "Oz el Mentalista", es un desorientador profesional. Practica el mentalismo, un subconjunto de la magia basado en la capacidad del artista para crear la ilusión de que lee la mente y, en ocasiones, la controla. A menudo, parece saber cosas que ningún desconocido debería saber.
Aquella noche, Pearlman, de 43 años, había sido el entretenimiento de la cena en una lujosa reunión organizada por Zeta Global, una empresa tecnológica. Había conseguido el trabajo tras impresionar al director ejecutivo de Zeta, David Steinberg, durante un almuerzo el verano pasado. Serena Williams se dejó ver por el lugar; Tom Brady ya había aparecido en el evento de Zeta ese mismo día. A Pearlman le tocó la nada envidiable tarea de presentarse después de una actuación atronadora del dúo de electro-pop The Chainsmokers. Ataviado con un traje Paul Smith, lanzó su carnada al mar de asistentes, una versión de una pregunta habitual en las fiestas de cóctel:
Si pudieras cenar con una persona, viva o muerta, ¿quién sería?
Pearlman acertó la elección de un hombre (Winston Churchill), luego la de una mujer (Prince), y después, tras algunas bromas, la de otro hombre (Jennifer Aniston). Con cada nuevo truco, aumentaba su ambición. Los miembros del público alternaban entre aullidos de aprobación y murmullos incrédulos. Varios miraron, desconcertados, a sus compañeros de mesa.
Durante su media hora, Pearlman también promocionó su libro Read Your Mind: Proven Habits for Success From the World's Greatest Mentalist, que saldrá a la venta el 28 de octubre. Más que una guía de mentalismo, ha producido un libro que es en parte de autoayuda y en parte de negocios y que su editor, Viking, está ansioso --quizá demasiado ansioso-- por comparar con Cómo ganar amigos e influir sobre las personas de Dale Carnegie.
El libro está lleno de estrategias para situaciones como establecer contactos o recordar nombres, y contiene no pocos clichés empresariales. ("El encanto es como una navaja suiza, útil en muchas situaciones diferentes").
Aunque no es un libro de memorias, el tratado de Pearlman se sumerge en lecciones de vida autobiográficas, y parece preparado para resonar con cierto segmento de compradores potenciales de libros: quienes suscriben el tipo de audacia y dureza mental que se predica hasta la saciedad en toda la manosfera --la red de sitios en línea que promueven la masculinidad--.
En un mundo en el que el "hackeo mental" y la concentración a fondo tienen importancia, el libro de Pearlman encaja a la perfección. El mensaje --como tantas horas de pódcast dedicadas a vender tantos tipos de suplementos-- gira en torno a la idea de que la grandeza aguarda, de que tú, sí tú, puedes salir y conseguirla.
Pearlman se burla de las excusas e instruye a sus lectores para que entren en acción en sus vidas. A veces, su tono textual puede resultar un poco maquinador. "Es importante hacer que la gente sienta que tiene agencia, que puede elegir dentro del conjunto de parámetros que le das", escribe Pearlman. Promete enseñarte a entrar en "modo mágico" para afrontar el rechazo y, aún mejor, "cómo dejar que los que te odian te alimenten". Una "puerta cerrada", escribe, debe ser reimaginada como una "puerta atascada". Implora a sus lectores que "sustituyan la palabra 'no' por 'todavía no'".
No revela ninguno de sus secretos mágicos más codiciados. Al fin y al cabo, tiene que ganarse el pan.
Siempre da en el clavo
Puede que mucha gente piense en la magia solo en términos de cruceros, teatros de Las Vegas y fiestas de cumpleaños infantiles. Sin embargo, como categoría de entretenimiento, la magia ha experimentado un renacimiento. El mentalismo, en particular, está en auge en el ámbito de los eventos privados. A la mañana siguiente de su espectáculo en el Intrepid, Pearlman se levantó a las 5:30 a. m. para volar a Salt Lake City y presentarse en la fiesta de cumpleaños de una persona con un patrimonio muy elevado.
El mentalismo como el de Pearlman requiere un mínimo de utilería, y la falta de producción escénica puede dar credibilidad a la actuación. A diferencia de un ilusionista que "corta con una sierra" a un ayudante por la mitad, Pearlman puede utilizar solo unas pocas herramientas visibles: un bolígrafo, algo de papel, quizá una pizarra blanca. Se nos hace creer que el fenómeno no ocurre en el escenario, sino en el éter entre el mentalista y el público.
Pearlman tiene un porte enjuto y unos ojos que saltan como los de Gene Wilder cuando está emocionado, algo que sucede a menudo. Ha encontrado el éxito entreteniendo a multitudes ricas, influyentes y, sobre todo, alfa. "Siempre le sale bien y se siente cómodo trabajando con famosos en situaciones de gran tensión", dijo Mark Cuban en un correo electrónico. "Ninguno de nosotros sabe cómo funciona. Sin embargo, siempre lo hace".
Uri Geller, cuyas afirmaciones de poder doblar cucharas con la mente lo hicieron famoso en todo el mundo, además de infame, lanzó una sencilla teoría cuando se le llamó por teléfono: "Mira, quizá Oz tenga poderes sobrenaturales, ¿quién sabe?".
Por lo menos, Pearlman cobra unos 150.000 dólares por espectáculo en vivo, y a menudo visita varias ciudades a la semana. En su calendario de 2025 figuran unas 150 fechas remuneradas, y decenas de éxitos televisivos y entrevistas de pódcast.
Es un hombre que trabaja duro. Read Your Mind, que Pearlman dictó en gran parte mientras corría, retrata a un milenial de la primera camada con la mentalidad intensa de quien se esfuerza por obtener lo que quiere. En Instagram, publica con frecuencia fotos con famosos para conmemorar sus cumpleaños. En el libro, dedica casi dos páginas a una historia sobre cómo intentó conseguir una invitación para la Fiesta Blanca del empresario multimillonario Michael Rubin. Hasta ahora, ese sueño sigue siendo esquivo.
Pearlman duerme a horas extrañas, a menudo en los aviones, pero como ultramaratonista, tiene un manantial de energía. Una vez corrió de Montauk a Manhattan y, en 2022, estableció un récord al completar 19 vueltas alrededor de Central Park en un día. (Desde entonces se ha batido).
Su resistencia es "increíble", dice su amigo Adam Schefter, de ESPN. Después de contratar a Pearlman para que se presentara en el bar mitzvah de su hijo, Schefter lo contrató para su propia fiesta cuando cumplió 50 años, y acabó sirviendo de intermediario entre Pearlman y varias franquicias de la NFL. Los videos de Pearlman dejando estupefactos a mariscales de campo como Aaron Rodgers y Josh Allen suelen reaparecer en internet.
Estas proezas adyacentes al deporte también lo han convertido en un invitado muy solicitado en la manosfera, que siempre se está expandiendo. A principios de este año, en The Joe Rogan Experience, Pearlman adivinó con éxito el código del cajero automático del presentador. En aquel momento, Rogan parecía más preocupado que encantado.
Si, como sugiere Geller, Pearlman tiene un superpoder, lo más probable es que sea más terrenal: sabe lo que despierta emociones en su público, en concreto en sus seguidores masculinos.
Pero, de nuevo, ¿cómo?
Mientras comía un sándwich de huevo en una cafetería cercana a su casa de Brooklyn, Pearlman fue franco: no es más que un ser humano. Ha considerado el mentalismo "una serie finita de trucos". Como el menú de Taco Bell, sigue mezclando el mismo puñado de ingredientes para lograr un efecto delicioso.
Magia de centro comercial
Pearlman nació en Israel y se trasladó a Estados Unidos a los 3 años. Tiene dos hermanas gemelas mayores, y pasó su infancia imaginando que él también tenía un gemelo. Según él, se debía a una sensación inexplicable: "como una prolongación de mi ser", lo explicaba. Con el tiempo, se enteró de que había nacido junto a un hermano gemelo que murió durante el parto. "Mi madre no me lo dijo hasta que tuve 12 años, y la verdad es que me enfadé mucho cuando lo hizo", dijo. "Porque me dije: '¿Cómo has podido ocultarme esto durante tanto tiempo?'".
Cuando tenía 13 años, sus padres se divorciaron y, para sobrellevarlo, dijo que se dedicó de lleno a la magia. Pearlman vivía entonces en Míchigan, y su madre lo llevaba a la tienda de magia Wunderground, a unos 20 minutos al norte del centro de Detroit. De adolescente, hizo magia de mesa en mesa en un restaurante italiano de un centro comercial por 50 dólares la noche.
Era un estudiante talentoso, pero también un adolescente rebelde que robaba artículos en el 7-Eleven. En la universidad, él y dos amigos fueron detenidos tras robar camisetas con la marca impresa y un teléfono de una pizzería Papa John's. Pearlman afirma que pasó un fin de semana en la cárcel deslumbrando a sus compañeros de encierro con trucos de cartas. (Su delito fue eliminado). Cuando tenía veintitantos, durante el día trabajaba en Merrill Lynch y durante las noches como mago. Hace dos décadas, dio el salto a la magia a tiempo completo y, en 2015, participó en America's Got Talent, donde se comprometió por completo con el mentalismo.
En Read Your Mind, Pearlman expone una máxima preparada para la manosfera: "En la vida real, tienes que poner las cartas a tu favor".
Le pedí que elaborara este concepto, una especie de trampa "buena".
"¿Qué hace un mago?", preguntó. "Baraja las cartas, me las devuelve y yo sé dónde están los ases. ¿Eso es hacer trampa? Por supuesto que es hacer trampa. ¿Lo hago en una mesa de juego donde es ilegal? No".
Pearlman argumentó que se basaba en adornos y "verdades parciales" para que su mentalismo resultara atractivo, y para perfilar el recuerdo de un acontecimiento milagroso de un participante.
"En esencia, lo único que hacemos es hacer trampa", dijo de sí mismo y de sus compañeros. "Estamos utilizando subterfugios, métodos secretos, formas de engañarte, ¿verdad? Pero lo hacemos de forma ética".
Pearlman sabe cómo hablar, cómo formular las cosas. Es un hábil manipulador de códigos que puede seducir con facilidad a los presentadores del programa Today y a quienes están detrás del micrófono de un pódcast. Se considera a sí mismo un alfa, y ha tenido apariciones memorables en programas centrados en hombres como Flagrant, Pardon My Take y Bussin' With the Boys, por nombrar algunos. Cuando le pregunté qué le parecía que su carrera en el mentalismo se alineara con la tosca manosfera subida de tono, Pearlman pareció desconcertado.
"No lo sé, espero que no se vea así", dijo. Se apresuró a señalar que no había recibido ninguna "crítica" de otras personas por hacerse popular entre este público. También insistió en que nunca iría a ningún programa que difundiera "odio manifiesto"; que tenía un barómetro personal de "lo que es gracioso".
"I don't know, I hope that it's not seen that way," he said. He was quick to note that he had not taken any "heat" from others by becoming popular with this crowd. He also insisted that he would never go on any show that was spewing "outward hate"; that he had a personal barometer of "what's funny."
Vaciló brevemente de un modo que parecía incompatible con su personalidad, siempre tan controlada. "Si me dijeras que puedo retroceder en el tiempo y no estar en esos pódcast, sería una locura", dijo Pearlman. "Sin duda estaría en ellos. No podría importarme menos si se les asocia como algo negativo, porque creo que esas plataformas son masivas por una razón, ¿verdad?".
La aparición de Pearlman en junio en el programa de Joe Rogan fue casi tan decisiva para su carrera como lo había sido su participación en America's Got Talent. Había pasado seis años intentando atraer la atención de Rogan.
Tras la emisión de su episodio, Pearlman atrajo a muchos nuevos seguidores. Y también detractores. A más de uno le molestó el truco del código del cajero automático. Algunos comentaristas lo llamaron agente del Mosad, algo que Pearlman consideró "extrañamente graciosísimo" y "tan ridículo".
Es fácil perderse en los laberintos sin fin de los internautas que debaten cómo Pearlman obtiene su información. Algunos han argumentado que, para conocer el código de Rogan, Pearlman debió contratar a un investigador privado. Pearlman dijo "sin comentarios" cuando le planteé la cuestión.
"Obviamente, sería muy burdo, poco caballeroso por mi parte, exponer exactamente lo que Oz está haciendo", me dijo Colin Cloud, un mentalista que se presenta como el acto principal en Harrah's Las Vegas. "¿Creo que el mejor método y el más engañoso es contratar a un investigador privado y conseguir el número? Personalmente, no, porque creo que es lo primero que pensaría la gente".
David Goggins, quien era SEAL de la Marina, y ahora es atleta de resistencia y conferenciante motivacional, es amigo de Pearlman desde hace unos 15 años. Sin revelar explícitamente ninguno de los secretos de su amigo, Goggins arrojó luz sobre lo que creía que formaba parte del proceso de Pearlman.
"Es capaz de hacer que su público, la persona a la que intenta impresionar, sea cual sea , sabe realmente mucho de sus antecedentes", dijo Goggins. "Investiga a fondo quiénes son. Y eso sí que los confunde", dijo, utilizando un improperio.
El próximo David Blaine
El día en que nos vimos para desayunar, le pregunté a Pearlman cuánto había investigado sobre mí antes de sentarnos.
"Yo diría que no una inmersión profunda, pero sí una visión a una milla de altura", dijo, y puso como ejemplo ilustrativo la mascota de mi universidad. Antes de que terminara la entrevista, había "adivinado" el apodo de un amigo íntimo.
Aquella mañana, Pearlman -- que vestía pantalones estilo chino azul marino y zapatos deportivos blancos, y miraba de vez en cuando el teléfono-- también interpretaba el papel de padre de Brooklyn. Estaba sonriente y hacía malabarismos con el patinete de su hija y con los cupcakes de cumpleaños que tenía que dejar en su clase. Pearlman y su esposa y representante, Elisa Rosen, están criando a cinco hijos, el más pequeño de los cuales tiene cinco meses.
Rosen me dijo que el sueño de su esposo era convertirse en un nombre conocido, como David Blaine o David Copperfield.
Read Your Mind podría marcar el comienzo de una nueva era en su carrera, pero Pearlman admitió que sentía tanto entusiasmo como inquietud ante su publicación. Lanzar un libro al mundo significa ceder el control, y a un mago le encanta la apariencia de control total. Por suerte, su propio libro incluye consejos para enfrentarse a los retos que afectan la confianza.
Se está diversificando, pero también es pragmático, y está en las primeras fases de la lluvia de ideas sobre un posible tercer acto. Su mujer, sus amigos e incluso el propio Pearlman me dijeron que era muy consciente de que su carrera en el mentalismo podría desaparecer en cualquier momento, que el público podría cansarse de él o que la inteligencia artificial podría hacer que sus hazañas parecieran poco emocionantes.
"Creo que la tecnología va a ponerse a la altura de la capacidad de leer la mente", dijo Pearlman. Reflexionó sobre cuánto tiempo le quedaría al mentalismo antes de que las máquinas tomaran el relevo, quizá una década, quizá menos.
"Ya no sería nada asombroso que yo adivinara lo que estás pensando. ¿Por qué iba a serlo?".
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