Así luce la guerra comercial de Trump

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Los aranceles, que el presidente anunció la semana pasada, entraron en vigor para unos 90 países justo después de la medianoche.

Los nuevos aranceles impuestos por el presidente Donald Trump a más de 90 países entraron en vigor al filo de la medianoche del jueves, la última escalada de una guerra comercial mundial que ha empezado a pasar factura a la economía estadounidense.

Pocos de los principales socios comerciales de Estados Unidos se libraron de la nueva serie de aranceles de Trump, que en conjunto han elevado el tipo arancelario promedio efectivo de Estados Unidos a su nivel más alto en casi un siglo. En las horas previas a la entrada en vigor de los impuestos a la importación, el presidente dio a entender que habría más, al redoblar una estrategia que ha hecho subir los precios, limitado el crecimiento y asustado a consumidores y empresas de todo el mundo.

Trump anunció las nuevas tasas en una serie de órdenes ejecutivas que firmó la semana pasada, algunas de las cuales formalizaban los acuerdos comerciales preliminares que había alcanzado en los últimos días con la Unión Europea y otros países. El presidente ha mantenido durante mucho tiempo que estos gravámenes ayudarían a restablecer relaciones comerciales que considera injustas, recaudar nuevos ingresos para el gobierno estadounidense, estimular más la fabricación estadounidense y alcanzar otros objetivos.

De hecho, los aranceles de Trump han ayudado a generar dinero --unos 152.000 millones de dólares hasta julio, según datos recientes--, mientras que el jueves los mercados financieros mundiales, en general, restaron importancia a la renovada beligerancia comercial. Pero las políticas del presidente no han estado exentas de consecuencias. Un número cada vez mayor de empresas han advertido recientemente que podrían no ser capaces de absorber el aumento de los costos de los componentes y suministros importados.

Como consecuencia, los precios han empezado a subir, y la última medición mensual de la inflación muestra que los electrodomésticos, la ropa y los muebles se han encarecido. La economía ha crecido, pero solo a un ritmo anémico, y algunos analistas prevén pocas mejoras en lo que queda de año. El mercado laboral ha experimentado sus propias tensiones, con una brusca desaceleración de la contratación en julio.

Olu Sonola, jefe de investigación económica de Estados Unidos en Fitch Ratings, dijo que la economía "comenzaba a ver" los efectos de los aranceles que Trump anunció en primavera, y añadió que, con los nuevos aranceles de Trump ahora en vigor, los estadounidenses "lo verán magnificado" en los próximos meses.

Los aranceles empiezan en el 15 por ciento y se aplican a las importaciones de países como Bolivia, Ecuador, Islandia y Nigeria. A otros, como Taiwán, se les aplica un impuesto del 20 por ciento a los artículos vendidos a compradores estadounidenses. Trump también impuso un arancel mucho más elevado, del 50 por ciento, sobre algunos productos procedentes de Brasil. Lo ha presentado como un castigo por la decisión de Brasil de procesar a su aliado político Jair Bolsonaro, expresidente del país, por tratar de mantenerse en el poder tras perder unas elecciones.

Y el miércoles, Trump dijo que elevaría los aranceles a India hasta el 50 por ciento a finales de agosto por comprar petróleo ruso. El presidente ha señalado que podría imponer sanciones similares a otros países, mientras busca formas de utilizar la política comercial para presionar a Rusia para que detenga su guerra contra Ucrania.

En general, la nueva ronda de aranceles no se aplica a las mercancías extranjeras que hayan sido cargadas en barcos justo antes del 7 de agosto. Esos productos en tránsito no estarán sujetos a los nuevos impuestos siempre que entren en Estados Unidos antes de principios de octubre, lo que quizá abra la puerta a que los importadores acumulen más existencias antes de que las tasas más elevadas reduzcan sus beneficios.

Las exportaciones de muchos países pequeños se han enfrentado a aranceles del 10 por ciento desde que el presidente anunció por primera vez, y luego suspendió, su tramo inicial de políticas en abril. Otros han evitado aranceles exorbitantes tras negociar acuerdos con Estados Unidos que fijan sus aranceles entre el 15 y el 20 por ciento, en general.

Entre ellos se encuentran los 27 miembros de la Unión Europea, así como Japón, Corea del Sur y Vietnam. Cada uno de esos gobiernos prometió abrir su mercado a los productos estadounidenses, y en algunos casos se comprometieron a invertir miles de millones de dólares en industrias estadounidenses. Pero los términos exactos de esos acuerdos siguen siendo confusos.

Por otra parte, Trump impuso un arancel del 35 por ciento a los productos procedentes de Canadá no incluidos en el acuerdo comercial vigente entre Estados Unidos, México y Canadá. Los gravámenes canadienses entraron en vigor el viernes. Se han suspendido los aranceles igualmente elevados para México, mientras ambas partes mantienen conversaciones. Y los aranceles sobre los productos chinos se mantienen en el 30 por ciento en virtud de un acuerdo negociado entre las superpotencias este año, aunque la tregua expira el martes.

"¡ES MEDIANOCHE! ¡MILES DE MILLONES DE DÓLARES EN ARANCELES ENTRAN AHORA EN LOS ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA!", proclamó Trump justo antes del final del plazo en una publicación en las redes sociales.

En todo el mundo, el ambiente era decididamente más tenso, mientras los líderes extranjeros se esforzaban por dar sentido a la vertiginosa serie de políticas de Trump. Desde Taiwán hasta Suiza, algunos países se esforzaron sin éxito por evitar los aranceles punitivos en una carrera diplomática de última hora.

Otros tuvieron que reconstruir los detalles sin resolver, en particular cómo llevaría a cabo Trump su promesa de imponer un impuesto adicional del 40 por ciento a las mercancías enviadas a través de países con aranceles más bajos, una táctica conocida como transbordo. La amenaza se cernía especialmente sobre el Sudeste Asiático, y suscitó el temor de que países como Camboya pudieran ser castigados por la avalancha de fábricas chinas que se habían instalado allí en los últimos años para producir bienes destinados a la venta en todo el mundo.

Pero es poco probable que las tarifas que entraron en vigor el jueves sean el capítulo final de la progresiva guerra comercial de Trump, la cual se enfrenta a una serie de desafíos legales en los tribunales federales. El presidente aún planea imponer aranceles adicionales a medicamentos, chips informáticos y otros productos fabricados en el extranjero.

El miércoles, Trump dijo que los próximos aranceles sobre los semiconductores, que no se han anunciado formalmente, serían del 100 por ciento. El presidente expuso sus ideas en un acto celebrado en la Casa Blanca junto a Tim Cook, director ejecutivo de Apple, quien se había comprometido a invertir 100.000 millones de dólares más en Estados Unidos. Trump dio a entender que los impuestos podrían relajarse para las empresas que deseen producir más chips de alta tecnología en el país.

El presidente también rechazó las pruebas de que sus políticas puedan perturbar la economía estadounidense y, en cambio, el miércoles afirmó que "los costos están bajando mucho" y que el país experimentará un crecimiento "sin precedentes". Anteriormente, había insistido en que los extranjeros se llevaban la peor parte de sus aranceles, y la semana pasada despidió al alto funcionario encargado del informe gubernamental sobre el empleo, al alegar sin pruebas que sus datos habían sido manipulados para perjudicarlo políticamente.

Los nuevos aranceles del presidente elevan el tipo arancelario promedio efectivo de Estados Unidos por encima del 18 por ciento, el nivel más alto desde 1934, según el Laboratorio de Presupuestos de Yale. Para los hogares estadounidenses, esos aranceles pueden suponer un aumento de precios, con una pérdida media anual de 2400 dólares, según el centro de investigación de Yale. Y para la economía en general, podría traducirse en una caída de la producción, al recortar medio punto porcentual de crecimiento a partir de 2025.

Mark Zandi, economista jefe de Moody's Analytics, dijo que los aranceles amenazaban con crear un entorno "muy parecido a la estanflación", en referencia al riesgo de una economía estancada con precios inflacionistas. Eso, dijo, se añadiría al reto al que se enfrenta la Reserva Federal en un momento en el que Trump exige tipos de interés más bajos.

"El crecimiento se ralentiza", dijo Zandi. "Está ocurriendo, y se va a hacer mucho más evidente".

Hasta ahora, la economía estadounidense ha esquivado las predicciones más funestas de una recesión. Pero muchos expertos afirman que siempre iba a ser cuestión de tiempo que los aranceles desencadenasen efectos reales y perceptibles, sobre todo porque muchas empresas hicieron acopio de importaciones antes de que entrasen en vigor los tipos más elevados.

Matthew Martin, economista jefe de Oxford Economics, dijo que las empresas habían trabajado con esas existencias desde que el presidente anunció, pero suspendió rápidamente, su lista original de aranceles elevados en abril.

Con el nuevo aumento de los aranceles, continuó Martin, también subirán los precios: "Eso es algo que se va a acelerar en los próximos meses".

Sui-Lee Wee, Meaghan Tobin, Erin Mendell y Liz Alderman colaboraron con reportería.

Tony Romm es un reportero que cubre política económica y el gobierno de Donald Trump para el Times. Radica en Washington.

Sui-Lee Wee, Meaghan Tobin, Erin Mendell y Liz Alderman colaboraron con reportería.