Especial para Infobae de The New York Times.
La noche en que Enzo Fernández se fue del Benfica, nadie mencionó su nombre. Cuando se reunieron en el vestuario antes de su partido el último día de enero, sus futuros excompañeros de equipo ya sabían más o menos lo que estaba sucediendo. El club estaba resolviendo los puntos más delicados de la transferencia de 130 millones de dólares de Fernández al Chelsea. El jugador estaba esperando la autorización para volar a Londres.
Sin embargo, el silencio no se debía a la incomodidad. La ausencia de Fernández no tuvo particularmente un gran peso en la plantilla del Benfica. No estaban preocupados por cómo se las arreglarían sin él ni lamentaban la pérdida de una parte central de su equipo y una estrella considerada como uno de los mejores prospectos del mediocampo de su generación.
El entrenador del club, Roger Schmidt, no sintió la necesidad de llevarse a sus jugadores a un lado para discutir el asunto o abordarlo en su charla previa al juego. Schmidt, de 56 años, siempre ha seguido el adagio bastante gnómico del legendario entrenador alemán Sepp Herberger: Der Ball ist rund.
Schmidt no se preocupa por lo que pueda acechar detrás de un rayo de esperanza. Una crisis es solo una oportunidad oculta. Un jugador se va, otro toma su lugar. La pelota sigue rodando.
Por supuesto, los jugadores del Benfica ya están acostumbrados. Ningún club ha dominado la dinámica de “comprar barato y vender caro” del mercado de fichajes del fútbol como el Benfica. Cada vez más, en los últimos años, se ha presentado como un paradigma de cómo debe administrarse un club que no pertenece a los opulentos salones de la élite empapada de dinero del deporte.
Al otro lado del río Tajo desde Lisboa, en la ciudad de Seixal, el club ha construido una academia que es la envidia de Europa. En el enorme y moderno campus, el Benfica ha aprovechado una veta aparentemente inagotable de prodigios: Renato Sanches, Bernardo Silva, João Cancelo, Rúben Dias y João Félix pasaron sus primeros días en esta cuna de grandeza.
Y para lo que no puede cultivar, el club ha demostrado tener una notable capacidad para obtenerlo. El Benfica se ha consolidado en una primera escala en Europa para los jugadores que emergen de Sudamérica, en particular, y ha servido de salón de exhibición y trampolín para figuras como Ángel Di María, David Luiz, Éderson, Darwin Núñez y, por supuesto, el propio Fernández.
Cada uno fue arrancado del relativo anonimato a un precio competitivo y luego enviado rumbo al estrellato por una pequeña fortuna. Desde el cambio de siglo, el Benfica ha ganado alrededor de 1500 millones de dólares con las ventas de jugadores. Solo desde 2019, año en que vendió no solo a Félix, sino también al delantero mexicano Raúl Jiménez y al delantero serbio Luka Jovic, ha recaudado 575 millones de dólares.
Ese es un motivo de considerable orgullo dentro del club. Como equipo deportivo, el Benfica aprecia a cada uno de esos exalumnos, en especial a los que comenzaron en Seixal y se deleitan un poco de su gloria reflejada. Como negocio, el club ha establecido su objetivo de clasificarse como “el primer club en términos de ingresos totales fuera de las cinco grandes ligas”, afirmó el director general del Benfica, Domingos Soares de Oliveira.
Sin embargo, todos sus logros están teñidos de una pequeña dosis de arrepentimiento.
“Por supuesto que no nos gusta hacerlo”, afirmó Soares de Oliveira. “El objetivo principal de un club es ganar. Todo lo que hacemos es para ganar, para cumplir con las expectativas de nuestros miembros. Si hubiéramos mantenido a Dias, Cancelo, Félix, Enzo, podríamos haber tenido la ambición de ganar cualquier cosa a nivel internacional”.
Tampoco es que el Benfica no haya ganado nada, incluso luego de transformarse en el bazar de traspaso más prolífico y rentable del fútbol europeo. Solo en la última década ha obtenido cinco títulos portugueses más —más que el FC Oporto y el Sporting de Lisboa, los dos mayores rivales nacionales del club— y ha sido durante mucho tiempo un elemento fijo de la fase de grupos de la Liga de Campeones. Más recientemente, ha comenzado a incursionar en la fase eliminatoria.
Es solo que, si la economía del deporte fuera menos despiadada, el Benfica podría haber ganado muchísimo más. Esta temporada proporciona un buen ejemplo. Con el Barcelona, el Liverpool y el Paris Saint-Germain eliminados, se siente una frescura única en la Liga de Campeones por primera vez en años.
El Benfica, una vez más, ha llegado a los cuartos de final. Sin embargo, esta vez puede ver un camino comparativamente claro hacia la gloria. Se enfrentará al Inter de Milán durante las próximas dos semanas. Si sobrevive a eso, otro equipo italiano, el Nápoles o el A. C. Milán, será todo lo que separe al Benfica de una octava final de la Copa de Europa, su primera desde 1990.
Esa posibilidad parecería significativamente más cercana si Schmidt todavía pudiera convocar a Fernández, un jugador extraído del club argentino River Plate por 12 millones de dólares iniciales el verano pasado. Fernández solo había tenido 29 apariciones con el club portugués cuando partió para la Copa del Mundo en noviembre. Regresó de Catar siendo uno de los jugadores más codiciados del planeta.
El Benfica no quería venderlo en enero. Tampoco “necesitaba” venderlo, según Soares de Oliveira. El dinero de la venta de Núñez al Liverpool el verano pasado le había comprado algo de tiempo al Benfica. “Le dije eso al Chelsea”, mencionó. El club esperaba quedarse con Fernández otros seis meses, al menos.
Sin embargo, en ese punto, “la voluntad del jugador es relevante”, aseguró Soares de Oliveira. Y Fernández quería el traspaso.
“La Liga Premier genera mucho dinero”, dijo. “Los salarios son varias veces más altos, y eso hace que sea muy difícil retener a un jugador”. El Benfica, dijo, no tiene interés en quedarse con los que ya no quieren representar al club.
Lo único que puede hacer, en cambio, es trazar un recorrido constante a través de los abandonos. Schmidt ha tratado de ser lo más flemático posible sobre todo el asunto. Animó a algunos jugadores a usar la partida de Fernández como plataforma de despegue: el acuerdo llegó demasiado tarde en enero como para que el Benfica buscara un remplazo, por lo que alguien tenía que dar un paso al frente y tomar su lugar.
Hasta ahora, ese honor ha recaído en Chiquinho, un jugador de 27 años que ha pasado el último año en el club en calidad de préstamo. Formó parte del equipo que ayudó al Benfica a superar sin problemas al Club Brujas en los octavos de final de la Liga de Campeones. Lo más probable es que esté presente cuando el Benfica intente quitar del camino al Inter y pasar a las semifinales, al pie de lo improbable.
En el Benfica, esa es la realidad. La pelota sigue rodando. El club está acostumbrado a que los jugadores se vayan e intenta no permitir que las salidas lo descarrilen de todo lo que quiere lograr. Sin embargo, de vez en cuando, el Benfica también se pregunta si todo sería un poco mejor si no tuviera que ser así.
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