Especial para Infobae de The New York Times.
NUEVA YORK — Hay una idea en la que nunca se deja de pensar durante una pasarela de Willy Chavarria como la que se celebró el viernes en el Prince George Ballroom del distrito Flatiron de Manhattan, bajo reflectores intensos y en una bruma de incienso con aroma a hierba. Y esa idea tiene que ver con la manera en que, en la cultura dominante, la gente se ve tan a menudo encogida, desplazada, miniaturizada o marginada hasta volverse invisible incluso para sí misma.
El desfile más reciente de Chavarria se tituló “Uncut” y fue la continuación de “Cut Deep”, un desfile de primavera de 2022 que parecía establecer sin lugar a dudas la posición de Chavarria entre las filas de los diseñadores más importantes de la actualidad. Hay muchas razones para hacer esa afirmación y una tiene que ver con la representación. En todos los desfiles que ha creado en los años transcurridos desde que se aventuró a emprender una carrera por su cuenta después de décadas como trabajador de la industria, Chavarria ha llevado a la moda una visión que engloba a las comunidades latina y LGBTQ a las que pertenece en toda su gloriosa dispersión.
Eso parecería un objetivo bastante sencillo. Sin embargo, en cada desfile de Chavarria, los modelos (elegidos por el colaborador frecuente de Chavarria, Brent Chua) son obstinadamente distintos a los de cualquier otra pasarela. Chavarria se refirió a los hombres de su presentación más reciente como tipos “sensuales”; sin embargo, su atractivo es de un tipo que rara vez se muestra en las pasarelas de Nueva York.
Había hombres fornidos y corpulentos, hombres panzones y hombres femeninos como el actor de “Pose” Jason A. Rodríguez. También había modelos convencionales y estaban ahí junto con gente común como Noe y Elías Zepeda, dos de los jóvenes colaboradores de Chavarria procedentes de México y que tienen el tipo de aspecto que se encuentra en las calles de Ciudad de México, aunque rara vez en las portadas de las revistas.
“La moda como industria ha jugado durante años con nuestras inseguridades”, escribió Chavarria en un mensaje de texto después del espectáculo. “Toda la industria se ha construido sobre la base de hacernos creer que necesitamos comprar ropa para mantener una determinada perspectiva de la belleza. Creo que una de las formas en que la moda está evolucionando es este cambio de contexto de lo que es la belleza a un concepto más sustancial”.
Así pues, la representación puede ser la dimensión más llamativa del proyecto personal de Chavarria, pero es solo la mitad de la historia. Gracias a la fuerza de la perseverancia y al diseño puro, Chavarria, de 54 años, se ha abierto camino hasta un merecido lugar en la historia de la moda estadounidense. Y trae consigo a su cohorte mientras lo hace.
Con su espectáculo “Uncut”, Chavarria siguió explorando un vocabulario que ha ido construyendo a lo largo de los años, un vocabulario que se nutre de la experiencia de haber crecido en medio de subculturas de inmigrantes y en una familia de trabajadores agrícolas mexicoestadounidenses en el Valle Central de California. Sus astutas referencias —logotipos de Estados Unidos al revés, pantalones de mezclilla con bolsillos en forma de “W”, siluetas voluminosas en forma de bloque, versiones modificadas de la ropa de trabajo negra de las fábricas— al estilo vernáculo, a los trajes de pachuco y a la fijación de algunas comunidades latinas con marcas genéricas como American Eagle, True Religion y Nike funcionaron como actos de homenaje y también de reivindicación. (Dos de los conjuntos de ropa de trabajo eran un guiño a la colaboración de Chavarria con Dickies, que saldrá a la venta en unos meses).
En manos del diseñador, las prendas básicas de la moda masculina, como los pantalones de mezclilla, los caquis, las chamarras acolchadas y los abrigos de otoño, se han sobredimensionado, reproducido o dotado de detalles femeninos, como mangas de tres cuartos o faldas. Los tropos de género en general se vuelven objeto de burla cuando el diseñador muestra a modelos machos con pechos aceitados que se pasean por la pasarela envueltos en abrigos de cachemira o suéteres de mezclilla con inmensos cuellos levantados o uniformes de trabajo caqui convertidos en vestidos.
“Mi papel es resaltar la belleza, la fuerza, la resistencia y el atractivo sexual tal y como yo lo veo”, escribió el diseñador. “Incluso con cacarizos en la piel y barriga”. Cabe destacar que tres piezas —un suéter azul marino y pares de pantalones caqui y negros con calzoncillos de raso que se asoman por la cintura— de su magnífica colección “Cut Deep” ocupan un lugar destacado en la renovada superproducción del Costume Institute, “In America: A Lexicon of Fashion”, presentada esta semana en el Museo Metropolitano de Arte
“Las personas que aparecen en mi desfile son amigos y son elegidos con base en su carácter más que en su altura o su cintura”, comentó Chavarria. Y el carácter en general es un elemento subestimado del diseño, uno que la industria de la moda haría bien en destacar, añadió. “Todo es mucho más fuerte en ese sentido”.
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