Especial para Infobae de The New York Times.
Un mes antes de las elecciones de 2020, la hija de Joe Biden, Ashley, recibió una llamada de un hombre que dijo que la quería ayudar. Con un tono amistoso, el hombre le aseguró que había encontrado un diario que creía que le pertenecía a ella, y quería devolvérselo.
Es cierto que Biden había estado llevando un diario el año anterior mientras se recuperaba de una adicción y lo había guardado, junto con otras pertenencias, en la casa de un amigo en Florida donde había estado viviendo hasta unos pocos meses antes. Si se llegaba a hacerse público el contenido personal del diario, podría significar una vergüenza o una distracción para su padre en un momento crítico de la campaña.
Biden acordó con la persona que llamó que enviaría a alguien a buscar el diario al día siguiente.
Pero Biden no estaba tratando con un buen samaritano.
El hombre al teléfono trabajaba para el Proyecto Veritas, un grupo conservador que se había convertido en uno de los predilectos del presidente Donald Trump, según entrevistas con personas familiarizadas con la secuencia de eventos. Desde la sede del grupo en el condado de Westchester, Nueva York, rodeado de otros miembros del grupo, la persona que llamó buscaba engañar a Biden para que confirmara la autenticidad del diario, el cual Proyecto Veritas estaba a punto de comprarle a dos intermediarios por 40.000 dólares.
El hombre que llamó no se identificó como alguien vinculado al Proyecto Veritas, según relatos de dos personas con conocimiento de la conversación.
Los nuevos detalles sobre el esfuerzo del Proyecto Veritas para confirmar que el diario era de Biden, son elementos de una historia que sigue en proceso sobre cómo partidarios de Trump y una organización conocida por sus operaciones encubiertas trabajaron para exponer información personal sobre la familia Biden durante la campaña electoral de 2020.
A través de entrevistas, y documentos judiciales y de otros tipos, la nueva información le agrega más textura a lo que se sabe sobre un episodio que ha causado una investigación penal sobre el Proyecto Veritas por parte de fiscales federales, quienes sugirieron tener evidencia de que el grupo fue cómplice en el robo de la propiedad de Biden y en el transporte de bienes hurtados a través de fronteras estatales.
Además, al demostrar que el Proyecto Veritas utilizó el engaño en lugar de técnicas periodísticas tradicionales cuando contactó a Biden —la persona que hizo la llamada se identificó con un nombre falso—, los nuevos testimonios podrían complicar aún más las afirmaciones que hizo la organización en documentos judiciales de que debería ser tratada como una editorial y recibir protecciones de la Primera Enmienda. El Proyecto Veritas lleva a cabo con regularidad operaciones encubiertas, emboscadas para entrevistas y operativos de vigilancia, principalmente contra organizaciones y periodistas liberales.
Al mismo tiempo, la nueva información sobre el caso sugiere que el esfuerzo por hacer público el diario provino de niveles más profundos del círculo de Trump de lo que se sabía anteriormente.
Un mes antes de la llamada a Biden, el diario había sido compartido en un evento de recaudación de fondos de Trump en Florida, en la casa de una donante que ayudó a hacerle llegar el diario al Proyecto Veritas y luego fue nominada por Trump para el Consejo Nacional Consultivo de Cáncer. Entre los asistentes al evento se encontraba Donald Trump Jr.
Los fiscales federales han estado investigando cómo el Proyecto Veritas obtuvo el diario, y en otoño del año pasado realizaron allanamientos en las casas de tres de los agentes del grupo, incluida la de su fundador, James O’Keefe.
El Proyecto Veritas ha negado cualquier irregularidad o conocimiento de que alguna pertenencia haya sido robada. Se ha presentado a sí misma como una organización de medios que está siendo injustamente investigada por solo ejercer el periodismo, y ha atacado al Departamento de Justicia y al FBI por la manera en que han manejado el caso.
Los fiscales han señalado que ven las circunstancias de manera diferente; en un documento judicial casi desestimaron por completo la defensa del grupo de que estaba actuando como una organización de noticias. “La Primera Enmienda no brinda protección contra el robo y el transporte interestatal de propiedad robada”, afirmaron.
En respuesta a una solicitud de comentarios al Proyecto Veritas, O’Keefe envió un correo electrónico criticando a The New York Times. “Imagínense escribir de forma tan divergente de la realidad y con un uso tan falaz de insinuaciones, que literalmente no exista ninguna expresión que no empeore la situación”, declaró.
Los portavoces del FBI y de los fiscales federales que supervisan el caso en el distrito sur de Nueva York se negaron a hacer comentarios, al igual que Roberta Kaplan, abogada de Biden.
El Times informó con anterioridad que la historia de la participación del Proyecto Veritas en el caso del diario comenzó en los meses previos al día de las elecciones.
En julio de 2020, una madre soltera con dos hijos se mudó a la casa en alquiler de un exnovio en Delray Beach, Florida. La mujer, Aimee Harris, simpatizante de Donald Trump, le dijo al exnovio que tenía poco dinero, que no tenía dónde vivir y que estaba en disputa por la custodia de sus hijos. Poco después de mudarse a la casa en alquiler, Harris se enteró de que Biden —quien era amiga del exnovio— se había estado quedando en la casa ese año.
Biden ya había regresado a vivir a Filadelfia en junio de 2020, por los días en que su padre había asegurado la candidatura presidencial del Partido Demócrata. Guardó un par de bolsos con sus pertenencias en la casa de alquiler junto con su diario, y le dijo a su amigo, que estaba rentando la casa, que planeaba regresar para llevarse sus cosas en el otoño.
En agosto, Harris contactó a Robert Kurlander, un amigo que había expresado en línea su postura contra Biden, para decirle que había encontrado el diario. Los dos creían que podían venderlo.
Nuevos detalles tomados de entrevistas y documentos han aclarado lo que sucedió después. Kurlander se puso en contacto con Elizabeth Fago, la donante de Trump que luego organizaría el evento de recaudación de fondos al que asistiría Donald Trump Jr. Cuando le hablaron por primera vez del diario, Fago afirmó haber pensado que podría ayudar a incrementar las posibilidades de que Donald Trump ganara las elecciones, según dos personas familiarizadas con el asunto.
Richard G. Lubin, abogado de Fago, se negó a hacer comentarios.
El 3 de septiembre, la hija de Fago alertó al Proyecto Veritas sobre la existencia del diario.
Tres días después, Harris y Kurlander asistieron al evento de recaudación de fondos, donde también estaba presente Donald Trump Jr., en la casa de Fago en Jupiter, Florida, para ver si el equipo de la campaña de reelección del presidente podría estar interesado en el diario. Mientras estaba allí, Kurlander les mostró el diario a otras personas. No se sabe con claridad quiénes lo vieron.
Cuando el Proyecto Veritas se enteró de la existencia del diario a principios de septiembre, el grupo buscó adquirirlo. Aproximadamente una semana después del evento de recaudación de fondos, Harris y Kurlander volaron a Nueva York con el diario. En un hotel de Manhattan, se reunieron con varios agentes del Proyecto Veritas.
Las dos partes comenzaron a negociar un acuerdo, pero no se llegó a un trato final. Como respuesta a la pregunta sobre qué pudo haberle pedido el Proyecto Veritas para ayudar a autenticar el diario, Kurlander, a través de su abogado Jonathan Kaplan, se negó a hacer comentarios.
Uno de los subalternos de O’Keefe, Spencer Meads, fue enviado a Florida para investigar la autenticidad del diario.
Lo que sucedió después está en disputa. El Proyecto Veritas ha dicho en documentos judiciales que sus agentes obtuvieron artículos adicionales pertenecientes a Biden que sus “fuentes” habían descrito como “abandonados”, sugiriendo así que no tenía conocimiento de ningún robo.
Sin embargo, al menos una de las “fuentes” les contó a otras personas que un agente del Proyecto Veritas le había preguntado si podía recuperar más artículos de la casa que pudieran ayudar a demostrar que el diario pertenecía a Biden, según una persona con conocimiento del intercambio. Una de las fuentes informó a otras personas que procedió entonces a sacar artículos adicionales de la casa y dárselos al agente.
El plan de Biden de que un amigo fuera a recuperar el diario de manos de la persona que la llamó en octubre, fracasó.
Pero ese mes, el Proyecto Veritas cerró un acuerdo por 40.000 dólares con Kurlander y Harris para comprar los derechos de publicación del diario, les transfirió el dinero y afirmó que el grupo planeaba publicarlo pronto, según una persona con conocimiento del caso.
Al final, el Proyecto Veritas decidió no publicarlo. En cambio, un sitio web poco conocido de derecha publicó el diario en octubre, pero recibió muy poca atención antes de las elecciones. Algunas personas dentro del Proyecto Veritas creen que uno de sus propios agentes lo filtró.
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