Un gran éxito chino demuestra que se puede derrotar a Japón en su propio (video) juego

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Especial para Infobae de The New York Times.

TOKIO — Genshin Impact, uno de los videojuegos para móviles más populares del mundo, tiene todas las características de una creación japonesa: robots gigantes; espadas del tamaño de un humano; personajes con ojos enormes y cabellos erizados de todos los colores; y una fijación desconcertante con mujeres vestidas con trajes de empleada doméstica.

Solo hay un detalle: es chino.

Lanzado a finales de 2020, Genshin Impact es el primer gran éxito internacional genuino para la industria de videojuegos de China. En su primer año en el mercado recaudó 2000 millones de dólares, un récord para los juegos para dispositivos móviles, según Sensor Tower, una empresa que monitorea las aplicaciones móviles. Además, a diferencia de otros juegos chinos populares, se cree que generó la mayor parte de sus ingresos en el extranjero.

El éxito del juego apunta a un cambio en el equilibrio de poder en la industria mundial de los videojuegos, que genera 200.000 millones de dólares al año y que ha estado dominada durante mucho tiempo por Japón y Estados Unidos.

Los desarrolladores chinos, repletos de dinero proveniente del enorme mercado interno, están buscando expandirse fuera de China. Estos consideran a Japón —la vieja superpotencia mundial de videojuegos— como un objetivo jugoso, y las compañías chinas han comenzado a contratar talento japonés y a aplicar las lecciones aprendidas en los años que han pasado imitando a los líderes de la industria japonesa.

En algunos aspectos, China ya comenzó a superar a su vecino asiático. Ha desarrollado capacidades de ingeniería de clase mundial tras una década de realizar trabajos de subcontratación para compañías japonesas de videojuegos, y empresas chinas como NetEase y Tencent están realizando el tipo de inversiones en desarrollo de juegos con las que sus competidores japoneses solo sueñan.

Sin embargo, Genshin Impact también es un recordatorio de que, si bien la industria de los videojuegos de China podría haber logrado el dominio técnico, aún enfrenta importantes deficiencias creativas. Aunque tiene algunos elementos chinos, Genshin es una reproducción casi perfecta de uno de los géneros de videojuegos más populares de Japón: los juegos de rol de fantasía.

Los creadores del juego, de la compañía miHoYo con sede en Shanghái, se refieren a sí mismos, y con orgullo, como “otakus”, un término japonés que se utiliza a menudo para describir a las personas cuyas vidas están consumidas por aspectos de la cultura pop de Japón, como el manga y el anime.

La dependencia del juego en las temáticas japonesas es una potente demostración del considerable poder blando de ese país, así como de los resultados limitados de los esfuerzos de China para construir lo mismo. El sector de los videojuegos de China, al igual que el resto de su industria cultural y de entretenimiento, ha tenido problemas para lograr producir contenido distintivo y original con un atractivo internacional. En parte, es un síntoma de los estrictos controles de su gobierno autoritario sobre las empresas y la sociedad.

A pesar de que China se ha convertido en un gigante económico, ha tenido dificultades para sacudirse la imagen de que es mejor imitando las ideas de otros que creando las suyas propias.

Aun así, imitación o no, para muchos analistas, Genshin es una señal de los desafíos que enfrenta la industria japonesa de los videojuegos. Ante la feroz competencia de Estados Unidos, Europa y ahora China, ha cedido su posición alguna vez dominante en las últimas dos décadas.

Incluso muchos de los que al principio descartaron el juego y lo calificaron de imitación barata terminaron convencidos por su calidad y atención a los detalles. Desde el punto de vista de la tecnología, la dirección de arte y la jugabilidad, Genshin representa un salto enorme para China, aseguró Yukio Futatsugi, director ejecutivo de Grounding Inc., una desarrolladora de juegos ubicada en Fukuoka, Japón.

“Sinceramente, es un gran juego”, dijo, y agregó que ha logrado que muchas personas en su industria piensen: “estamos en problemas”.

Genshin sobresale por su construcción de un mundo de fantasía y su amplio atractivo no solo a nivel geográfico sino también demográfico: el juego es inusualmente popular entre las mujeres.

Hay una gran cantidad de personajes femeninos entre las docenas disponibles para que los jugadores exploren un vasto reino, al adentrarse en mazmorras, luchar contra monstruos y completar misiones para avanzar en la narrativa épica de la historia sobre un misterioso viajero atrapado en una guerra entre la humanidad y los dioses.

En lo que podría ser una novedad para China, la mitología de Genshin ha inspirado el tipo de respuesta mundial que ha definido durante mucho tiempo el éxito de los juegos japoneses: cosplay, artes de fanáticos e interminables análisis minuciosos en línea de los personajes y su reino mágico, Teyvat. (En 2021, fue el juego más mencionado en Twitter).

Los jugadores en Japón han visto a Genshin sobre todo como un homenaje o una imitación de la entrega más reciente de una de las franquicias de videojuegos de fantasía más queridas del país: The Legend of Zelda.

Los generosos préstamos que toma Genshin del capítulo más reciente del juego —llamado Breath of the Wild— se mezclan con una serie de referencias a otros dibujos animados y videojuegos japoneses, como la película “El castillo en el cielo” de Hayao Miyazaki y el juego de rol Dragon Quest.

MiHoYo superó el escepticismo inicial entre los jugadores japoneses al añadir una nueva zona en Genshin llamada Inazuma, que está inspirada en el período Tokugawa de la historia de Japón.

La representación no es necesariamente positiva: el país es un archipiélago aislado y xenófobo envuelto en una niebla radioactiva. Pero para los jugadores japoneses, esos aspectos negativos han sido contrarrestados con creces por las representaciones positivas, tanto de Japón como de su cultura de videojuegos, afirmó Yusuke Shibata, quien tiene un canal de YouTube donde cientos de miles de espectadores lo ven jugar el juego.

Japón representa casi un tercio de los ingresos de Genshin, a pesar de que el tiempo de juego y la cantidad de descargas —al menos en los dispositivos móviles— están rezagados con respecto a los juegos nipones más populares.

Genshin es un videojuego gratuito, pero ha generado una enorme cantidad de ingresos a través de otro concepto tomado de los juegos japoneses: cobrar a los jugadores por la oportunidad de obtener nuevos personajes y equipamientos poderosos. El concepto se conoce como “gacha”, una palabra japonesa que describe a las amadas cápsulas de juguetes del país.

Los jugadores ganan recompensas a través de un sistema de lotería, y las probabilidades de obtener las mejores —muchas de las cuales solo están disponibles por tiempo limitado— son muy escasas. Este incentivo para apostar ha generado quejas tanto de los jugadores como de los reguladores en Japón y China. Sin embargo, miHoYo ha disipado esos temores al hacer completamente posible que se pueda jugar sin gastar un centavo.

Genshin es uno de varios videojuegos chinos que han tenido éxito —los otros en menor escala— en el mercado japonés. Hace apenas cuatro años, los desarrolladores japoneses tenían el monopolio de los juegos más populares en Japón, señaló Daniel Ahmad, analista sénior de Niko Partners, una compañía de investigación de videojuegos. En la actualidad, cerca de un tercio de los 100 juegos para móviles más populares en Japón provienen de China.

Futatsugi, el desarrollador de videojuegos japonés, ha sido uno de los beneficiarios de esta expansión china en el extranjero. En 2021 recibió una inversión sustancial de NetEase, lo que le dio mayor libertad para expresarse artísticamente.

“No existe ninguna compañía en Japón que nos dé el dinero para hacer el tipo de juegos que queremos hacer”, aseguró Futatsugi. “Las empresas chinas son las que más reconocen el valor de nuestra compañía”.

Tampoco le sienta mal el hecho de que se le permita quedarse con el 100 por ciento de la propiedad intelectual del proyecto.

Futatsugi asegura que la amenaza más grave para la industria de los videojuegos de Japón no proviene de China. En su opinión, el núcleo del problema está dentro del propio Japón, y señala concretamente al envejecimiento de la población y la reducción del mercado, los acuerdos de licencia que mantienen las ganancias fuera de las manos de los creadores, y la renuencia de las empresas conservadoras a adoptar nuevas ideas.