Un efecto secundario de la vacuna contra el COVID-19, la inflamación de los ganglios linfáticos, puede confundirse con el cáncer

FILE -- A person receives a Pfizer-BioNTech COVID-19 vaccination at the Community Center in Rohnert Park, Calif., on Jan. 27, 2021. Coronavirus vaccines can cause enlarged lymph nodes in the armpit or near the collarbone, which may be mistaken for a sign of cancer. (Jim Wilson/The New York Times)
FILE -- A person receives a Pfizer-BioNTech COVID-19 vaccination at the Community Center in Rohnert Park, Calif., on Jan. 27, 2021. Coronavirus vaccines can cause enlarged lymph nodes in the armpit or near the collarbone, which may be mistaken for a sign of cancer. (Jim Wilson/The New York Times)

Las vacunas contra el COVID-19 pueden provocar inflamación de los ganglios linfáticos en la axila o cerca de la clavícula, lo cual puede confundirse con un síntoma de cáncer.

Conforme las vacunas se van aplicando en Estados Unidos, los médicos están viendo más de estos ganglios linfáticos inflamados en personas recién vacunadas. Asimismo, las revistas médicas han comenzado a publicar informes que buscan acallar temores a fin de que los pacientes no tengan que hacerse pruebas por una afección inofensiva que pasará al cabo de unas semanas.

La inflamación es una reacción normal del sistema inmunitario a la vacuna y se presenta del mismo lado en el que se aplicó la inyección. También puede darse con otras vacunas, como la de la influenza y la del virus del papiloma humano (VPH). Los pacientes quizá no lo noten, pero los ganglios linfáticos inflamados se ven como manchas blancas en las mamografías y las tomografías del tórax, imágenes que pueden indicar la propagación de un cáncer desde un tumor en el seno u otra parte del cuerpo.

“Estoy impaciente por dar a conocer esta noticia sobre todo a las pacientes que están en una etapa de monitoreo tras un tratamiento satisfactorio del cáncer”, dijo Constance D. Lehman, autora de dos artículos sobre el problema y jefa de imagenología mamaria en el Hospital General de Massachusetts. “No puedo imaginarme la ansiedad de recibir la tomografía y escuchar: ‘Encontramos un ganglio que está grande. No creemos que sea cáncer, pero no podemos asegurarlo’, o peor aún, ‘Creemos que podría ser cáncer’”.

La inflamación en la axila fue un efecto secundario que se detectó desde los ensayos grandes de las vacunas de Moderna y Pfizer-BioNTech. En el estudio de Moderna, el 11,6 por ciento de los pacientes informaron que los ganglios linfáticos inflamados aparecieron después de la primera dosis, y el 16 por ciento después de la segunda. La incidencia en Pfizer-BioNTech parece ser menor, pues al parecer solo el 0,3 por ciento de los pacientes han presentado este efecto. Pero estas cifras únicamente reflejan lo que los pacientes y sus médicos notaron; los radiólogos afirman que la tasa real quizá sea más alta, y es probable que muchos más casos aparezcan en imágenes como mamografías, resonancias magnéticas o tomografías computarizadas.

La afección no figuraba entre los efectos secundarios que se notificaron en un documento informativo de la Administración de Alimentos y Medicamentos sobre la vacuna contra el COVID de Johnson & Johnson. El sábado, la agencia autorizó la vacuna de esta compañía para uso de emergencia.

Lehman dijo que es importante que los centros de escaneos de diagnóstico pregunten a los pacientes si se han vacunado contra el COVID y que registren la fecha de la inyección y el brazo en el que se les administró.

Su clínica incluye este aviso en una carta dirigida a los pacientes en cuyas revisiones se detecta una inflamación, pero ninguna otra anomalía: “Los ganglios linfáticos de la zona de la axila que vemos en su mamografía son más grandes en el lado en que se puso la vacuna COVID-19 recientemente. El aumento de tamaño en los ganglios linfáticos es común después de la vacuna contra el COVID-19 y es una reacción normal de su cuerpo a la vacuna. Sin embargo, si siente un bulto en la axila que dure más de seis semanas después de la vacunación, debe informar a su médico”.

Una manera de evitar el problema sería posponer las mamografías rutinarias y otras pruebas de escaneo durante al menos seis semanas después de la última dosis de la vacuna, según un artículo de un grupo de expertos en la revista Radiology, publicado el miércoles.

Un grupo profesional, la Sociedad de Imagenología Mamaria, da un consejo parecido: “Si es posible, y cuando no retrase indebidamente la atención médica, considere la posibilidad de programar las pruebas antes de la primera dosis de una vacuna contra el COVID-19 o entre cuatro y seis semanas después de la segunda dosis de una vacuna de COVID-19”.

Pero el panel de expertos también advirtió que no deben retrasarse las pruebas de escaneo no rutinarias que sean necesarias para ayudar a tratar una enfermedad u otros síntomas que puedan indicar la presencia del cáncer. Tampoco debe retrasarse la vacunación.

Por lo general, se aconseja a las personas que padecen cáncer que se vacunen contra el COVID-19, sobre todo porque corren un riesgo mayor de morir por COVID que la población en general. Pero algunos tratamientos contra el cáncer pueden interferir con la capacidad del cuerpo para responder plenamente a la vacuna, y la Sociedad Estadounidense del Cáncer aconseja a los pacientes que consulten a sus oncólogos el tema de la vacunación.

En las personas con cáncer que se vacunaron recientemente y desarrollan un aumento en el tamaño de los ganglios linfáticos, puede ser necesario realizar más pruebas, incluida una biopsia de los ganglios, dijo Lehman.

Describió a una paciente con un tumor de seno recién diagnosticado que tenía los ganglios linfáticos inflamados en el mismo lado del tumor, y que había recibido hacía poco una vacuna contra el COVID en el brazo de ese mismo lado.

Se realizó una biopsia, un paso importante para determinar si hay células malignas en los ganglios, lo que ayudaría a decidir el tratamiento. El resultado dio negativo para el cáncer. Lo más probable es que la vacuna haya causado la inflamación.

En otro caso, una mujer que había padecido cáncer en el seno derecho se sometió a una mamografía rutinaria, en la que se vio un ganglio linfático dilatado en la axila izquierda pero ninguna otra anomalía. Hacía poco había recibido una vacuna contra el COVID en el brazo izquierdo. Los médicos determinaron que no serían necesarias más pruebas a menos que los ganglios estuvieran inflamados por más de seis semanas.

En el caso de un hombre con antecedentes de cáncer de huesos, una tomografía computarizada de tórax realizada como parte de su seguimiento descubrió ganglios linfáticos inflamados en una axila, en el lado en que se había vacunado contra el COVID. No había ningún otro síntoma y no fue necesario realizar más pruebas. La misma decisión se tomó cuando hubo hallazgos similares en un hombre recién vacunado que se había sometido a una tomografía computarizada de tórax para descartar un cáncer de pulmón, y en una mujer con antecedentes de melanoma.

En el caso de las pacientes que se someten a un tratamiento contra el cáncer en un solo seno, dijo Lehman, la vacuna contra el COVID debe administrarse en el brazo opuesto. La vacuna también puede inyectarse en el muslo para evitar cualquier problema de inflamación de los ganglios linfáticos.

“Esto podría realmente afectar a mucha gente si no empezamos de manera inmediata a registrar el estado de vacunación en los centros de diagnóstico por imagen”, sostuvo Lehman. “También quiero que los pacientes con cáncer sepan que pueden vacunarse en el lado opuesto o incluso en la pierna para evitar confusiones”.