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El alcalde que transformó Málaga, para bien o para mal

Reportajes Especiales - Business

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A Francisco de la Torre, alcalde de Málaga, se le atribuye haber convertido el otrora monótono puerto en un centro cultural y tecnológico. Sus críticos dicen que también destruyó el alma de la ciudad.

En el paseo marítimo bordeado de palmeras, cada pocos metros un nuevo transeúnte detenía a Francisco de la Torre, el alcalde de Málaga de 83 años, para agradecerle por haber transformado esta ciudad portuaria de la costa sur de España.

Un consultor de inversiones local le agradeció a De la Torre por atraer extranjeros. Una británica que se mudó a la ciudad lo elogió por hacerla sentir como en casa. Y cerca del centro de ciberseguridad de Google, de aproximadamente 2500 metros cuadrados, una mujer de 75 años simplemente rompió en llanto y le declaró su amor a un alcalde que ha dirigido la ciudad durante los últimos 26 años.

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"Pasarán muchos años hasta que tengamos a un alcalde como él", dijo la mujer, Mercedes Martín, y añadió que nunca había visto a un político "con tan buenas intenciones".

Para los críticos de De la Torre, la pregunta es si esas buenas intenciones --que han transformado a Málaga en un próspero imán para la tecnología y la cultura-- también han allanado el camino para el sobreturismo, el aumento de los precios de la vivienda y la pérdida del alma de Málaga.

Mientras De la Torre --el "abuelo Paco" para sus muchos nietos-- se prepara para postularse el año que viene para su octavo mandato consecutivo, esa pregunta resuena mucho más allá de la sexta ciudad más poblada de España.

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Tras décadas de desindustrialización, las ciudades de provincia en toda Europa están luchando por revivir sus economías. Las que pueden, se vuelcan de lleno al turismo. Otras buscan convertirse en centros tecnológicos y atraer a nómadas digitales.

Málaga está apostando por ambas cosas, y es una prueba de fuego para determinar si una apuesta de este tipo puede dar frutos sin destruir la personalidad de una ciudad. Dependiendo de a quién se le pregunte, Málaga --la ciudad natal de Picasso-- está duplicando sus posibilidades de supervivencia o se está asestando un doble golpe que está haciendo que la ciudad se vuelva inasequible, inhabitable e irreconocible.

En Málaga, ese debate está personificado por De la Torre, un servidor público de anteojos y carácter apacible que creció siendo el segundo de ocho hermanos en una zona humilde de la ciudad. La Málaga en la que se crió, comentó en una entrevista, era un páramo de la posguerra donde el pan era racionado y los niños jugaban con pelotas de trapo.

"No recuerdo ni un solo columpio", dijo.

Ahora los críticos ven un abandono diferente en el moderno centro de la ciudad. Según estadísticas nacionales, hay más apartamentos turísticos por kilómetro cuadrado en el centro de Málaga que en cualquier otra ciudad importante de España. Eso, dicen los opositores de De la Torre, ha vaciado al centro de cualquier sensación de ser un lugar real. El castillo árabe y el penthouse del actor Antonio Banderas, otro nativo de Málaga, se han convertido en un telón de fondo para tiendas de recuerdos y despedidas de soltero y soltera desenfrenadas.

Según la asociación de economistas de Málaga, alrededor del 70 por ciento de las compras de viviendas en Málaga ahora son hechas por no residentes. Según un sindicato local, más de un 43 por ciento de las personas que viven en la ciudad y su provincia circundante ganan menos del salario mínimo: seis puntos más que el promedio español.

"No me considero responsable del problema", afirmó De la Torre cuando se le preguntó si había creado un monstruo. Hablamos en la sede malagueña del Centro Pompidou de París, uno de los museos construidos durante su gestión. Dijo que, si bien el auge económico había creado problemas de vivienda, la verdadera culpa recaía en las dinámicas económicas nacionales y en la renuencia del gobierno federal, que regula el uso de la tierra, a construir nuevas viviendas.

El alcalde no siempre se ha mostrado tan preocupado. En 2024, enfureció a algunos residentes que no podían pagar los alquileres al restar importancia a su apuro y decir que mudarse fuera del centro "tiene una importancia relativa". Ahora, claramente en modo de campaña, destacó la construcción de viviendas, una propuesta de impuesto turístico destinado a reducir los alquileres y su imposición de una moratoria temporal sobre el alquiler de apartamentos para turistas en el centro de la ciudad.

Málaga y sus alrededores tienen una historia marcada por los vaivenes políticos y económicos. Una de las grandes pinturas históricas de España representa a revolucionarios muriendo por ideales liberales en la playa en 1831. Después de que una plaga aniquilara su industria de vino dulce, Málaga se sumó a la revolución industrial, pero al final le resultó más difícil establecerse como un centro manufacturero que a los competidores mejor conectados. En el siglo XX, durante la dictadura de Franco, la ciudad y la costa circundante fueron el epicentro de una explosión turística y un auge de la construcción de hoteles que transformaron su paisaje y su economía.

En la década de 1970, De la Torre entró en escena como líder provincial durante el régimen de Franco, seguido de un período como legislador centrista durante la transición a la democracia. Ayudó a establecer la primera universidad de Málaga en 1972 y, a principios de la década de 1990, se convirtió en promotor de un nuevo parque tecnológico. Para el año 2000, ya era alcalde.

El parque se benefició de una inversión temprana en fibra óptica, así como de la proximidad al cuarto aeropuerto más grande de España. Felipe Romera, el director general del parque, también dijo que el sitio había sido impulsado por las políticas de De la Torre, que proporcionaban una estabilidad extraordinaria. Romera dijo que cuando el teléfono sonaba los domingos por la noche, sabía que se trataba de De la Torre.

Con De la Torre, agregó Romera, el centro tecnológico había atraído a corporaciones multinacionales. Cerca de 28.000 trabajadores estaban empleados en más de 700 empresas que generan casi un 35 por ciento de la producción económica de Málaga, dijo Romera.

De la Torre también ha presidido una transformación cultural. Desde que asumió el cargo, se han construido más de una decena de museos en Málaga.

"Es otro tipo de ciudad", dijo Lourdes Moreno, directora artística de uno de esos museos, el Carmen Thyssen, un hito del renacimiento de Málaga que alberga arte español.

El Museo Picasso Málaga, a pocos pasos de distancia, fue concebido antes de que De la Torre asumiera el cargo, pero se inauguró durante su gestión. Ahora es uno de los 10 museos más importantes en España, y lo visitan 800.000 personas al año. Los turistas suelen frotar la cabeza calva de una estatua del artista cerca de su lugar de nacimiento.

"Picasso", dijo el director artístico del museo, Miguel López-Remiro Forcada, "estaría sorprendido".

Sin embargo, para muchos todo esto es un arma de doble filo.

Un activista local, Kike España, señaló la incongruencia histórica de usar a Picasso --quien se fue de la ciudad de niño y pasó sus años de formación en Barcelona, Madrid y París-- como símbolo del nuevo cosmopolitismo de la ciudad. "Lo único que hizo Picasso en Málaga" fue nacer, dijo España.

En 2024, España ayudó a organizar una manifestación que congregó a 15.000 personas para protestar contra las consecuencias negativas de la transformación de Málaga. Esa campaña sigue expresándose por toda la ciudad, donde a menudo se pueden encontrar consignas de protesta como "Málaga no se vende, se defiende".

Él desestimó las nuevas restricciones del alcalde sobre el alquiler de algunos apartamentos en el centro de la ciudad a visitantes, y dijo que la plaga turística se había extendido mucho más allá del corazón de la ciudad.

A su alrededor, turistas arrastraban maletas con ruedas por plazas que --repletas de pasajeros de cruceros desembarcados-- se sentían como la cubierta de un crucero de borrachera. España lamentó una era de saturación turística en España y Europa, pero le preocupaba que Málaga estuviera "aún más perdida que las otras ciudades".

Otros no veían más opción que seguir el camino de De la Torre.

"O eres una ciudad exitosa con todos los problemas que eso implica", dijo Manuel Arias Maldonado, politólogo de la Universidad de Málaga, "o fracasas".

El propio De la Torre se estaba adaptando a la realidad que había creado. El edificio de apartamentos donde había vivido durante los últimos 50 años, dijo, ahora albergaba a turistas, y de vez en cuando su ascensor se llenaba de extranjeros.

"A veces", dijo, "trato de saludarles en inglés".

Carlos Barragán colaboró con reportería.

Jason Horowitz es el jefe de la oficina de Madrid del Times, que cubre España, Portugal y la forma de vida de la gente en toda Europa.

Carlos Barragán colaboró con reportería.

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