¿Por qué los presidentes republicanos son tan malos para la economía?

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With Story: BC-PRESIDENTS-ECON-ASSESS-REVIEW-NYT -- A president has only limited control over the economy. And yet there has been a stark pattern in the United States for nearly a century. The economy has grown significantly faster under Democratic presidents than Republican ones.
With Story: BC-PRESIDENTS-ECON-ASSESS-REVIEW-NYT -- A president has only limited control over the economy. And yet there has been a stark pattern in the United States for nearly a century. The economy has grown significantly faster under Democratic presidents than Republican ones.

(News Analysis)

Los presidentes solo tienen cierto control sobre la economía. No obstante, en Estados Unidos, se ha dado un claro patrón durante casi un siglo. La economía ha crecido mucho más rápido en los gobiernos de los presidentes demócratas que en los de los mandatarios republicanos.

Esto se puede ver en casi cualquier indicador importante: el producto interno bruto, el empleo, el ingreso, la productividad e incluso el precio de las acciones. Lo vemos al analizar únicamente el periodo exacto en que un presidente está en el cargo, pero también si asumimos que las políticas de un presidente empiezan a influir en la economía solo después de un tiempo y comenzamos su cronometraje económico meses después de que toma posesión. La diferencia “se mantiene casi sin considerar cómo definamos el éxito”, escriben dos profesores de economía de la Universidad de Princeton, Alan Blinder y Mark Watson. La califican como “extraordinariamente grande”.

De acuerdo con un análisis de The New York Times, desde 1933, la economía ha crecido a un ritmo promedio anual de 4,6 por ciento durante el mandato de presidentes demócratas y 2,4 por ciento con los presidentes republicanos. En términos más concretos, el ingreso promedio de los estadounidenses sería más del doble de su nivel actual si durante las últimas nueve décadas la economía hubiera crecido en todo momento al ritmo en que ha crecido durante los gobiernos demócratas. De hecho, el análisis de ese periodo (que se basa en los datos disponibles) les hace un gran favor a los republicanos porque no toma en consideración la época de la Gran Depresión, que se dio durante el mandato de Herbert Hoover.

Como podemos ver con lo anterior, los seis presidentes que han gestionado el crecimiento más rápido del empleo han sido demócratas y los cuatro presidentes que han gestionado el crecimiento más lento han sido republicanos.

Desde luego, la gran pregunta es por qué, pero no hay respuestas sencillas.

Les he mostrado estos datos a varios economistas en estas últimas semanas y la mayoría dicen que no saben con certeza cómo explicarlo, al menos no en su totalidad. “No sabemos bien por qué se dan así las cosas”, me dijo Katherine Eriksson, profesora de la Universidad de California, campus Davis, quien se especializa en historia económica. Marianne Wanamaker, economista de la Universidad de Tennessee, describió este patrón a los alumnos de posgrado de una materia que imparte y les preguntó qué opinaban. “Estaban desconcertados”, señaló.

Parte de la respuesta seguramente es que se trata de una coincidencia. Algunos presidentes, como Barack Obama y George W. Bush, asumieron el cargo cuando la economía estaba en crisis, mientras que otros, como Harry Truman y Donald Trump, heredaron una economía en auge. Algunos, como Lyndon Johnson y Ronald Reagan, gestionaron expansiones militares; otros, como Dwight Eisenhower y Bill Clinton, realizaron reducciones. De manera más general, el desempeño económico es resultado de millones de decisiones que toman a diario los empresarios y los consumidores, muchas de las cuales no tienen gran relación con las políticas gubernamentales.

Sin embargo, el patrón es tan consistente y de tan larga duración que es poco probable que la mera coincidencia sea la única explicación. Parece que la respuesta no es el ruido estadístico (la variabilidad inexplicable), como escribieron Blinder y Watson en el artículo que analiza este patrón.

Entonces, ¿cuáles son las teorías más factibles?

En primer lugar, vale la pena descartar algunas opciones poco probables. El control del Congreso no es la respuesta. El patrón se mantiene independientemente de qué partido esté en control del Congreso. El gasto deficitario tampoco explica esta diferencia: no es que los demócratas expriman la economía gastando dinero y luego dejen que los republicanos arreglen el desastre. De hecho, durante las últimas cuatro décadas, los presidentes republicanos han generado déficits más grandes que los demócratas.

Eso nos deja una buena posibilidad con una gran cantidad de pruebas que la respaldan: los demócratas han estado más dispuestos a tomar en cuenta las lecciones económicas e históricas sobre las políticas que en verdad fortalecen la economía, mientras que los republicanos casi siempre se han aferrado a las teorías en las que quieren creer, como el poder, supuestamente mágico, de los recortes fiscales y la desregulación. En resumen, los demócratas han sido más pragmáticos.

Cuando Franklin D. Roosevelt contendió por la presidencia en 1932, no tenía un programa económico totalmente coherente. A veces sostenía que lo fundamental para acabar con la Depresión era reducir el déficit. Pero, sobre todo, recurrió a “una experimentación audaz y persistente”. Así lo explicó: “Toma un método y pruébalo: si no funciona, reconócelo abiertamente y prueba otro. Pero, ante todo, experimenta algo”.

Con el tiempo, Roosevelt y sus asesores llegaron a defender las ideas de John Maynard Keynes. En una crisis económica, cuando las empresas y las familias quedan atrapadas en un círculo vicioso de reducción de gastos, el gobierno necesita intervenir. Desde entonces, el enfoque keynesiano ha moldeado la política económica de los demócratas.

Este enfoque ha hecho que los presidentes demócratas sean mucho más agresivos que los republicanos para responder a las crisis. Hoover no fue el único que tuvo una actitud pasiva frente a la Depresión. El primer George Bush tardó en empezar a combatir la recesión de 1990-91 y el segundo George Bush tampoco dio inicio con celeridad al combate de la crisis financiera de 2007-09. Obama y ahora el presidente Joe Biden han sido mucho más audaces frente a una crisis económica.

Michael Strain, economista de American Enterprise Institute, un grupo de investigación conservador, me comentó que creía que este patrón partidista general se debía principalmente a una coincidencia. Pero afirmó: “Desde luego es una postura defendible que en los periodos de dificultades económicas los demócratas se preocupen más por el empleo que los republicanos”.

El año pasado tuvimos otro ejemplo. Una y otra vez, Trump minimizó la pandemia mientras el país sufría. La economía habría enfrentado una crisis sin importar quién fuera el presidente, pero su respuesta desestructurada agravó la pandemia y la recesión. En algunos países, la vida ya está mucho más cerca de volver a la normalidad. En Estados Unidos, Trump se convirtió en el primer presidente desde Hoover en tener una caída del empleo durante su mandato.

La diferencia en cuanto al pragmatismo no solo se ha observado en las recesiones. Los demócratas han realizado muchas más inversiones para promover la creación de empleos, por ejemplo, en investigación médica y energías limpias. El sector privado no realiza este tipo de inversiones cuando se deja esta tarea en sus manos. Los presidentes demócratas incluso en ocasiones han estado dispuestos a ir en contra de sus políticas para alentar el crecimiento. Clinton, al quedar convencido de que la reducción del déficit podría bajar las tasas de interés y acelerar el crecimiento, desechó algunos de sus planes anteriores de gastos y aumentó los impuestos. Las tasas de interés cayeron y la economía se disparó.

Algunos presidentes republicanos anteriores recurrieron a un enfoque pragmático similar. Pese a ser conservadores, tanto Eisenhower como Richard Nixon no dudaron en usar al gobierno para impulsar la economía cuando fue necesario. George Bush padre decretó un aumento de impuestos que contribuyó a la reducción del déficit que, a su vez, impulsó el auge de la década de 1990.

No obstante, desde 1980, la política económica de los republicanos ha girado, en gran medida, en torno a una sola política: grandes recortes fiscales especialmente pensados para los ricos. Existen situaciones en las que los recortes fiscales pueden aumentar el crecimiento económico, pero por lo general esto sucede en países donde son muy altas las tasas de impuestos. Las tasas tributarias de Estados Unidos han sido bastante bajas durante décadas.

Ahora, las evidencias indican de manera abrumadora que los recientes recortes fiscales solo han tenido un efecto moderado en la economía. El PIB creció prácticamente al mismo ritmo después del recorte fiscal de 2017 de Trump que antes del mismo. En cambio, el aumento de impuestos de Clinton en 1993 tuvo mucho mejores resultados para iniciar un periodo de crecimiento que cualquier recorte fiscal desde entonces.

Una posibilidad es que ambos partidos estén respondiendo a los grupos de interés que los apoyan y financian, insinuó Wanamaker, quien trabajó en el Consejo de Asesores Económicos de la Casa Blanca durante el gobierno de Trump. Pero los grupos con tendencias demócratas (como los sindicatos de trabajadores y las organizaciones de derechos civiles) suelen respaldar políticas que impulsan un crecimiento económico mejor distribuido, mientras que los grupos con tendencias republicanas (como los ricos) respaldan políticas que en su mayoría dirigen el ingreso hacia ellos mismos.

Estas explicaciones seguramente están incompletas. Gran parte de la diferencia que existe entre los partidos sigue siendo un misterio. Al final de su artículo académico en torno a esto, Blinder, quien fue vicepresidente de la Reserva Federal y funcionario del gobierno de Clinton, y Watson alientan a otros economistas a que investiguen el tema.

Sin embargo, aunque las causas no son totalmente claras, el patrón si lo es. La economía estadounidense ha tenido un desempeño mucho mejor con los gobiernos demócratas que con los republicanos, tanto durante las últimas décadas como a lo largo del siglo pasado. Y como señaló Wanamaker: “Por supuesto que los gobiernos pueden influir en los resultados en materia económica”.