¿Jennifer Lopez en el Super Bowl? Nació para eso

Por Lindsay Zoladz

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Jennifer Lopez en su casa
Jennifer Lopez en su casa de Los Ángeles, 18 de octubre, 2018. (Natalia Mantini/The New York Times)

Por ahí de 1998, mientras disfrutaba de la ovación de los críticos por su actuación al lado de George Clooney en la sensual película de suspenso dirigida por Steven Soderbergh, “Un romance peligroso”, la actriz en ciernes se acercó con su mánager y le expresó una idea poco convencional: quería grabar un álbum.

En una entrevista reciente en “CBS Sunday Morning”, Lopez recordó que él no fue muy alentador con su respuesta: “Mira, ya no te tomarán en serio como actriz si grabas un disco, ¿por qué no mejor solo te dedicas a la actuación por ahora?”. Esa no era una opción. La experiencia de interpretar a la cantante del género Tex-Mex Selena Quintanilla-Pérez en una película biográfica de 1997 había encendido la vieja chispa. “Una vez que hice la película ‘Selena’, pensé: ’No, sí lo voy a hacer’”, dijo con un destello en su mirada.

El 2 de febrero, Lopez estelarizará el espectáculo de medio tiempo del Supertazón junto con Shakira, uniéndose al legado de Beyoncé, Lady Gaga, Madonna y Katy Perry. A estas alturas, su estatus de artista multidisciplinaria y estrella políglota de la cultura pop se siente tan inevitable que puede ser fácil olvidar todo lo que se jugó en 1999 cuando sacó su primer álbum, “On the 6”. Un artículo del diario Los Angeles Times (el título era algo así como “La vida no es loca para ella”) preguntó por qué Lopez “interrumpiría su prometedora carrera en el cine durante más de un año para grabar un disco”. (Es difícil pensar en un ejemplo actual que nos sorprenda tanto: ¿tal vez si Timothée Chalamet anunciara que va a dejar de actuar un rato para concentrarse en sus proyectos de rap?). Incluso en los últimos días del auge de la industria discográfica, la carrera musical de J. Lo no era para nada un éxito garantizado.

Pero la apuesta funcionó, desde luego. Su primer sencillo, “If You Had My Love”, estuvo en el primer lugar de la lista de popularidad de Billboard durante cinco semanas ese verano; “On the 6” se volvió disco de multiplatino y estuvo nominado a dos premios Grammy. A su siguiente álbum, “J. Lo”, de 2001 le fue aún mejor, y su debut en el primer lugar de las listas de lanzamientos discográficos la hicieron la primera persona en la historia en tener al mismo tiempo un álbum en primer lugar y una película en primer lugar (“Experta en bodas”).

Sin embargo, de alguna manera, la profecía del mánager se volvió realidad. Digamos que “Experta en bodas” no tenía la calidad de “Un romance peligroso”: la comedia romántica simplona y predecible que le pedía a su público que creyera que Jennifer Lopez era de ascendencia italiana ahora tiene una puntuación de 16 por ciento en la página Rotten Tomatoes. Le seguiría “Gigli”, y no hace falta decir más al respecto. Al buscar una carrera en el mundo de la música pop y, por lo tanto, una identidad menos solemne y obediente que la de una “actriz seria”, Lopez dio a entender desde el principio que era demasiado inquieta para apegarse a las reglas de Hollywood. De cualquier manera, la música pop le ofrecía a Lopez más flexibilidad: no es que los papeles protagónicos les estuvieran lloviendo a cántaros a las latinas, y faltaba más de una década para que comenzaran las conversaciones serias sobre la diversidad en la industria cinematográfica.

Ahora, más de 20 años después de su primer salto a la música, Hollywood, abandonado por Lopez, nuevamente la está desdeñando. Aunque muchos esperaban que recibiera su primera nominación al Oscar por su actuación compleja, desafiante y realista como Ramona Vega, la estríper convertida en estafadora en el éxito de taquilla “Estafadoras de Wall Street”, la Academia la dejó con las ganas. (“Primero que nada, ‘Estafadoras de Wall Street’ no es una película para los Oscar’”, hace poco le dijo a Page Six un votante de la Academia de 91 años). Todas las nominadas a mejor actriz de reparto son blancas.

No se siente del todo como una coincidencia que esta reprimenda sucediera tras otro año en el que Lopez se afanó para recordarle al mundo que sigue dedicándose a la música, y que no es solo para ganar un dinero extra o un proyecto de vanidad de medio tiempo. En abril sacó un nuevo sencillo, “Medicine”, que incluye una colaboración con el rapero French Montana y tiene un video musical surrealista tipo Busby Berkley mezclado con alta costura. Luego, tras terminar una exitosa residencia en Las Vegas que concluyó en 2018, a mediados del año pasado Lopez emprendió su gira It’s My Party con 38 fechas en estadios (y recaudó 54,7 millones de dólares); sus conciertos eran una mezcla entretenida y atlética de ostentación típica de las vedettes y el realismo del Bronx.

La gira también demostró que Lopez es especialmente apta para el espectáculo de medio tiempo del Supertazón, un evento que exige el carisma de un maestro de ceremonias cubierto de lentejuelas, un catálogo de éxitos del que todos saben la letra, un tipo de denuedo profesionalizado y un atractivo sexual que apenas llega a eludir las violaciones al reglamento de la Comisión Federal de Comunicaciones (como bien saben Janet Jackson y MIA). Sin duda será el escaparate idóneo para sus talentos: la mejor manera de experimentar a Jennifer Lopez en todo su esplendor es por un medio audiovisual, que le permita alternar fácilmente entre la música, el movimiento y una seducción en escena que mantiene al público embelesado. Además, dada la somnolienta actuación de Justin Timberlake en 2018 y la celebración desorganizada, digna de vergüenza ajena, que Maroon 5 y Travis Scott hicieron de los tatuajes del pecho de Adam Levine, los últimos espectáculos de medio tiempo dejan muchas áreas de oportunidad.

La carrera musical de Lopez tampoco ha carecido de pasos en falso, pero ha sido tenaz al seguir comprometida con su música como una salida creativa. Tan solo su duración, en el mundo veleidoso y discriminatorio del pop es asombrosa: esta mujer de 50 años ha durado tanto en esta profesión que ha vivido dos “booms latinos”, desde “Bailamos” hasta Bad Bunny. En general ha transitado con agilidad por las modas cambiantes, desde las creaciones vaporosas de la época de “TRL” hasta los compases cristalinos más rudos que formaron parte de la década de 2010 cuando todos estaban locos por la música electrónica. Uno de los sencillos más exitosos de la carrera de Lopez, su colaboración con Pitbull “On the Floor”, energética y rítmica, sucedió en 2011, doce años después de su primer disco.

Cuando se estableció en la pantalla grande, (se dio a conocer con “Selena”) y finalmente se concentró en probar suerte con el estrellato en la música pop, Jenny ya no era una joven polluela. En las listas de Billboard y MTV, Lopez de repente tuvo que competir con artistas emergentes a quienes les doblaba la edad. Recuerden que 1999 no solo fue el año en que salió “On the 6”, sino también “Baby One More Time” y “Genie in a Bottle” de Britney Spears, de 17 años, y Christina Aguilera, de 18 años. Lopez cumplió 30 en julio de ese año.

Sobre todo para las mujeres, el pop suele considerarse el territorio de los ultrajóvenes. Sin embargo, en sus videos musicales más icónicos, la edad de Lopez de hecho le daba un toque de astucia. En comparación con las nínfulas que también salían en “TRL”, Lopez proyectaba la imagen de una mujer madura que ejercía control sobre su imagen, que se sentía cómoda con su sexualidad y segura de sí misma en su cuerpo, que todo mundo buscaba en internet.

*Copyright: c.2020 The New York Times Company