Una reumatóloga advierte de que el retraso diagnóstico en mujeres sigue siendo un reto en la espondiloartritis

Especialistas señalan que reconocer síntomas distintos y patrones menos clásicos en la población femenina es crucial para evitar diagnósticos tardíos y tratamientos inadecuados, destacando la importancia de adaptar la atención médica según las particularidades de cada caso

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La prevalencia de la espondiloartritis no difiere notablemente entre hombres y mujeres en sus formas no radiográficas, situándose en una proporción cercana a 1:1, según consignó el medio que reportó la intervención de la reumatóloga Mireia Moreno durante la IV Jornada nacional de investigadores del Grupo para el Estudio de las Espondiloartritis de la Sociedad Española de Reumatología (GRESSER), realizada en Madrid. Mientras que en las formas radiográficas la frecuencia resulta algo mayor en varones, recientes avances como la introducción de la resonancia magnética de sacroilíacas y el conocimiento más profundo de las características clínicas en mujeres permiten un diagnóstico más preciso en la población femenina. Este contexto ha permitido visibilizar que, lejos de estar menos afectadas, las mujeres han permanecido históricamente menos identificadas en el espectro de estas patologías.

Según informó el medio, Moreno, especialista del Hospital Universitari Parc Taulí de Sabadell, resaltó que el retraso en el diagnóstico continúa siendo un obstáculo significativo para las mujeres con espondiloartritis, un conjunto de enfermedades reumáticas de curso crónico. La experta explicó que las pacientes femeninas suelen exhibir patrones clínicos diferentes a los varones, como mayor fatiga, manifestaciones periféricas más frecuentes —tales como polientesitis y artritis—, así como dolor generalizado y una percepción más intensa de la enfermedad, aunque con menor evidencia de daño radiográfico. Estas peculiaridades, según puntualizó Moreno, propician que los síntomas se atribuyan al inicio a causas inespecíficas o mecánicas, lo que retrasa la remisión al especialista.

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Durante el evento, Moreno enfatizó la necesidad de reconocer que no existe una única manifestación clínica universal para la espondiloartritis. Manifestó: “Debemos desterrar la idea de que existe una única forma de presentación. Si no afinamos el fenotipado y no tenemos en cuenta las diferencias de género, perpetuamos el sesgo diagnóstico y terapéutico”. Según publicó la fuente, en los últimos años, la práctica clínica ha comenzado a incorporar de manera más sistemática las diferencias relacionadas con el sexo, aspecto tradicionalmente subestimado, y ha avanzado en la identificación de biomarcadores que posibiliten tipificar de manera más precisa los casos y adaptar de mejor forma las decisiones terapéuticas.

El medio también detalló que otro de los temas clave expuestos fue la evolución del entendimiento científico sobre las espondiloartritis, no solo en el desarrollo de tratamientos innovadores, sino también en la comprensión de las comorbilidades y de las manifestaciones extramusculoesqueléticas. Históricamente, estas enfermedades se asociaron casi únicamente a los varones bajo el término “espondilitis anquilosante”; sin embargo, en la actualidad se reconoce que abarcan un espectro diagnóstico mucho más amplio y diverso.

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Raquel Almodóvar, reumatóloga del Hospital Universitario Fundación Alcorcón, subrayó el profundo impacto que tiene el retraso diagnóstico en la calidad de vida de las mujeres con espondiloartritis. Reportó la fuente que este retraso contribuye a la cronificación del dolor y de la fatiga, aumentando la discapacidad y dificultando la actividad física, el descanso y la vida social. En el plano psicológico, se registran mayores tasas de ansiedad y depresión. Además, en el ámbito laboral, el retraso puede traducirse en ausencias frecuentes, presentismo, cambios de puesto laboral o incluso abandono del empleo, particularmente en mujeres en edad económicamente activa y que asumen, además, cargas de cuidado. Almodóvar sostuvo: “Diagnosticar antes significa preservar calidad de vida, salud mental y trayectoria profesional”.

Respecto al tratamiento, según consignó el medio, la práctica clínica evidencia que las mujeres presentan, en promedio, menor tasa de respuesta y una mayor discontinuación de las terapias biológicas. Sin embargo, las reumatólogas explicaron que estas diferencias no necesariamente se deben a una menor efectividad de los medicamentos, sino a factores como la presencia de dolor no inflamatorio concomitante, un mayor número de comorbilidades, peores valores basales reportados por las propias pacientes y, en algunos casos, menor presencia de indicadores objetivos de inflamación. Almodóvar puntualizó que “cuando ajustamos por actividad inflamatoria real y perfil clínico, las diferencias se reducen. Por eso es fundamental abordar también las comorbilidades del dolor y personalizar el tratamiento para mejorar la persistencia terapéutica”.

La IV Jornada de GRESSER, según informó el medio, reunió a especialistas y contó con la colaboración de farmacéuticas como AbbVie, Biogen, Johnson & Johnson, Lilly, Novartis y UCB. El encuentro se estructuró a partir de tres ejes principales: personas, procesos y prueba clínica. Entre los temas abordados se encuentran la comunicación efectiva entre médico y paciente, la importancia de la alineación de objetivos terapéuticos —que incluyen el control del dolor, la fatiga, la función física y el desempeño en el entorno laboral—, así como la optimización de los circuitos de derivación y la aplicación de estándares de calidad.

De acuerdo con el medio que cubrió la jornada, especialistas discutieron también la integración de herramientas modernas de seguimiento, como la telemonitorización y los resultados reportados por pacientes, para mejorar el control y seguimiento de la enfermedad. Asimismo, durante el evento se presentaron datos provenientes de registros y cohortes clínicos, los cuales posibilitan valorar la efectividad, la seguridad y la persistencia de los tratamientos biológicos, junto con su impacto en la participación laboral y el bienestar general de los afectados.

“El avance en la investigación sobre espondiloartritis y artritis psoriásica contribuye a reducir el retraso diagnóstico, disminuir las inequidades y transformar la variabilidad clínica en decisiones más precisas”, declaró Almodóvar, citada por el medio. La especialista añadió que la identificación de distintos fenotipos, junto con la capacidad de diferenciar la inflamación de la amplificación del dolor y la evaluación de resultados significativos para los propios pacientes, representan pasos fundamentales hacia una atención más equitativa, eficaz y adaptada a las necesidades individuales.

El medio enfatizó que el trabajo científico y colaborativo de especialistas, como el reunido en la IV Jornada de GRESSER, resulta central para garantizar mejoras concretas en la práctica clínica y en los circuitos de atención, permitiendo, no solo diagnósticos más tempranos y precisos, sino también un enfoque terapéutico más personalizado y ajustado a realidades tan diversas como las que presentan hombres y mujeres ante el amplio espectro de las espondiloartritis.