
Durante décadas, los hábitos gastronómicos de la Reina Isabel II ofrecieron un inusual contrapunto a las costumbres tradicionales británicas, especialmente en fechas religiosas como el Viernes Santo.
Lejos de los rígidos menús reales que suelen asociarse con la etiqueta palaciega, la Reina adoptó elecciones personales que, sin apartarse de la tradición cristiana, introducían variaciones poco convencionales que sorprendían hasta a su propio equipo de cocina.
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La Reina Isabel II y su peculiar menú de Viernes Santo
Según relató Darren McGrady, chef personal de la Reina entre 1982 y 1993, Isabel II mantenía la costumbre cristiana de cenar pescado el Viernes Santo, pero sustituía el tradicional bacalao o eglefino por merluza, un pescado de sabor más delicado que se utiliza con frecuencia en sopas y curris más que en el clásico plato británico de fish and chips.

McGrady explicó que “la Reina no quería comer el pescado frito con esa masa crujiente y rica; era demasiado para ella”, prefiriendo en cambio una versión más ligera y refinada de esta comida típica.
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El procedimiento también se alejaba de lo habitual: en lugar de freír el pescado, se lo rebozaba con harina, yema de huevo y mantequilla, para luego empanarlo con panko y hornearlo durante diez minutos a 200 °C.
Una presentación precisa y sin concesiones
El esmero con el que se presentaba el plato era una extensión del criterio estético de la Reina. Las papas fritas, lejos del corte rústico, debían estar “todas cortadas del mismo largo, rectángulos perfectos”, como detalló McGrady. Estas se apilaban cuidadosamente formando un cuadrado en el plato.
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El acompañamiento tampoco incluía la típica salsa tártara ni puré de guisantes. En su lugar, se preparaba una salsa holandesa con estragón elaborada en palacio: yemas de huevo, limón, mantequilla clarificada, sal, pimienta y estragón fresco.
Esta salsa se aplicaba con precisión alrededor del plato, y se completaba la decoración con una flor colocada sobre el pescado.
Bollos y huevos de chocolate: la otra Pascua de la Reina
El menú de Semana Santa de la Familia Real incluía también otras tradiciones. El Viernes Santo, el té de la tarde se acompañaba con bollos de Pascua caseros, conocidos por sus cruces en la parte superior que remiten a la crucifixión.
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El Domingo de Pascua, luego de asistir al servicio religioso en la Capilla de San Jorge, la familia solía disfrutar de una pierna de cordero asada, servida con mermelada de grosellas rojas.
Ese día, como muchos británicos, la Reina también se permitía el consumo de huevos de chocolate, hábito que evitaba durante la Cuaresma. Darren McGrady la describió como una “adicta al chocolate”, con especial preferencia por el chocolate negro.
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El té de la tarde ese domingo se transformaba en un despliegue de figuras decorativas de chocolate. Se ofrecía una “gran selección” de huevos elaborados a mano, distribuidos para todos los miembros de la familia.
La Pascua bajo el reinado de Carlos III

En enero de 2025, el Palacio de Buckingham confirmó que el Rey Carlos III y la Reina Camila liderarían el servicio religioso del Domingo de Pascua. Esta participación pública marcó una diferencia respecto al año anterior, cuando las celebraciones fueron más reducidas debido a los diagnósticos de cáncer tanto del Rey como de la Princesa de Gales.
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La ceremonia de 2024 se llevó a cabo con una presencia limitada de familiares cercanos, los Duques de Edimburgo con su hijo James, la Princesa Ana con su esposo Timothy Laurence, y también el Príncipe Andrés junto a Sarah Ferguson. El Rey, a pesar del tratamiento médico, saludó sonriente desde su limusina al llegar al servicio en Windsor.
Por su parte, los Príncipes de Gales y sus hijos no asistieron. “La familia sólo quiere irse para Pascua, pasar tiempo juntos, los cinco, aislarse del mundo y seguir adelante”, afirmó un asistente citado por Daily Mirror. En enero de 2025, Kate Middleton confirmó que su cáncer estaba en remisión.
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