
Evaluar los años del coronavirus (¿sabremos finalmente su origen?) como un desafío a las ideas racionalistas que conformaron la era de la Ilustración entre los siglos XVII y XIX, nos lleva a recordar que, en los años oscuros previos a la Segunda Guerra Mundial, T. S. Eliot expresó que la humanidad no puede soportar mucha realidad.
El psiquiatra británico Theodore Dalrymple (su verdadero nombre es Anthony Malcolm Daniels) afirma que las novelas distópicas no son predicciones, sino proyecciones: imaginan cómo será el mundo si una tendencia actual continúa sin interrupción.
En este sentido, y especialmente a partir del atentado contra las Torres Gemelas en 2001, académicos de las más variadas ideologías han reinterpretado la obra de George Orwell. Entre la invasión a Irak en 2004 y la lucha actual por el control del Estrecho de Ormuz, implosionó el sistema financiero internacional con la crisis de las hipotecas en 2008 y la pandemia 2020-2023. Un cuarto de siglo con mucha entropía.
La pandemia irrumpió en pleno auge de las redes sociales y en simultáneo al despegue definitivo de la inteligencia artificial. Estos sucesos facilitaron campañas de desinformación masiva, pero también el uso de la IA ha logrado desde entonces la mejora en la productividad de la gerencia pública. “Hacer rápido” no equivale a “hacer mucho”, pero sin dudas que la IA ayuda a “hacer mejor”.
El académico de la universidad de Berkeley, Nils Gilman, sostiene que la historia del progreso económico es un cementerio de herramientas. La máquina de hilar reemplazó a la máquina de hilar; el automóvil, al caballo; la hoja de cálculo, al contable. Cada transición estuvo acompañada de pánicos morales sobre el fin de la utilidad humana.
En medio de la incertidumbre derivada de la crisis petrolera de Medio Oriente estamos viviendo una revisión del management empresarial. Los paradigmas que daban sustento a la productividad de las empresas están llegando a su fecha de vencimiento. Este fenómeno ha motivado la contratación de especialistas en asuntos geopolíticos, y en el reconocimiento de la logística como herramienta estratégica de las corporaciones.
Uno de los máximos exponentes del irracionalismo contemporáneo, Peter Thiel (fundador de Pay Pal y Palantir, nombre que proviene de los palantiri, una colección de piedras de cristal indestructibles que se utilizan en la Tierra Media ficticia de Tolkien como fuente previsora de comunicación) afirma que si tratamos el futuro como algo definido tiene sentido comprenderlo de antemano y trabajar para moldearlo. Pero si esperamos un futuro indefinido regido por el azar, renunciaremos a intentar dominarlo.
Financista del movimiento conocido como Ilustración Oscura (Dark Enlightenment) Thiel es uno de los adalides en el combate a la idea del progreso y a los valores republicanos pregonados por los intelectuales de la Ilustración.
A los 58 años, este abogado egresado de Stanford (cercano políticamente al vicepresidente J.D. Vance y crítico de los tradicionales valores democráticos) intenta liderar una revolución cultural tanto en el ámbito político como en el corporativo.
Hoy, dice el también licenciado en Filosofía por la misma universidad, la mera autopreservación nos obliga a todos a mirar el mundo con otros ojos, a pensar ideas nuevas y extrañas, y así despertar de ese largo y provechoso período de letargo intelectual y amnesia que tan engañosamente se denomina Ilustración. Lo que parece no advertir en sus teorías el ejecutivo de Palantir es que, sin los descubrimientos y avances científicos, las acciones de sus empresas seguramente se estancarían frente al avance de las de sus competidores.
Para el académico inglés John Gray, los males de la modernidad son el resultado del cambio tecnológico y económico impulsado por el poder estatal, y no simplemente producto de los cambios de ideas. Algo de esto explica la inflación en el uso del concepto “pos”, aplicado desde el posmodernismo hasta la posverdad.
Qué pronto dimos una vuelta de página a la pandemia y a las predicciones éticas derivadas de ella sobre la evolución de la especie humana. Viendo un portal de noticias de cualquier país del mundo advertimos que el coronavirus no nos hizo mejores personas tal como tantos intelectuales (y todólogos globales) pronosticaron. Tal vez haya llegado la hora de comenzar a entrenar a los chatbots para ver si logran inclinar la balanza en favor del bien de la humanidad.
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