
En los albores del siglo XX circuló una novela de Anthony Hope titulada El prisionero de Zenda. Allí se describía un conflicto por el poder entre el heredero legítimo de la corona de Zenda y su hermano, que decidió secuestrarlo para posesionarse de la corona. El destino, sin embargo, le hizo una mala jugada. Los cortesanos leales a su hermano encontraron un doble a quien coronaron y gobernó hasta que lograran liberar al rey legítimo de la mazmorra en que lo había encerrado el hermano vil.
En México pareciera que se repite la historia, pero desde luego con aggiornamento a este siglo XXI. Claudia Sheinbaum, quien fuera elegida de manera absolutamente aplastante por el pueblo mexicano, es víctima de un secuestro político que ejecuta Andrés Manuel López Obrador (AMLO). Para López Obrador, la soberanía del pueblo mexicano no reside en la Sra. Sheinbaum, sino en él, quien le dio lo que en México se denomina el dedazo o signo de sucesión presidencial. Y para asegurarse de compartir la soberanía, López Obrador colocó al frente de la secretaría de organización de MORENA a su hijo Andrés Manuel López Beltrán. Así se garantiza el control de todo el movimiento de la enorme bancada parlamentaria de MORENA, que representa el 73% de la cámara de diputados y el 65% del senado. Estas proporciones son los barrotes de la celda de la Sra. Sheinbaum. Porque ninguna ley se aprueba si no encaja con la visión de país de AMLO y la estrategia política que persigue, cuyo objetivo final es llevar a México a los comienzos del siglo XX, cuando se instauró en el poder un partido único y manejó sus destinos con autoritarismo envuelto en ropajes democráticos hasta que los presidentes Salinas de Gortari y Zedillo decidieron establecer una economía basada en el libre comercio y una verdadera democracia.
Sin embargo, al igual que el malvado hermano del prisionero de Zenda, que calculó mal el poder de la lealtad de los súbditos de su hermano, AMLO no parece haber calculado bien las consecuencias de su usurpación del poder de la presidenta Sheinbaum. Porque para él no habrá ninguna reacción de la clase media que se formó en México sobre las alas del tratado de libre comercio con los Estados Unidos. Este segmento de la población ve el mundo con lentes distintos a los de sus tatarabuelos, que venían del campo donde predominaba el feudalismo. Para aquellos, la obediencia al jefe o caudillo era la forma de sobrevivir y ascender en la escala social. La iniciativa y la innovación eran castigadas y, en política, el credo único del PRI representaba el mantra que mantenía unida a la ciudadanía. Pero la generación que despega en los años noventa está poblada de personas que han ido a la universidad, trabajan en empresas modernas y competitivas que surten al mercado de Estados Unidos o han creado empresas de éxito nacional. Han viajado extensivamente y la mayoría de sus vínculos económicos son con la democracia más grande del mundo. Esos individuos hoy están representados por una corriente dentro de MORENA o de los partidos de coalición que forman parte del congreso mexicano. En el momento que las ideas de López Obrador choquen con su visión de progreso personal y sociedad, se comenzarán a producir fricciones e inevitablemente vendrá la fragmentación de MORENA. Y luego vendrán los reacomodos políticos que solo la presidenta Sheinbaum podrá resolver y será en ese momento cuando se produzca su liberación. De ocurrir esto, Sheinbaum quizás se constituya en la primera mandataria de América Latina que deshace un autoritarismo para iniciar la consolidación de un estado democrático. Por de pronto, sus energías se consumen en manejar el vendaval que azota a México desde Estados Unidos con los cambios súbitos que implementa el presidente Trump en la política comercial. Hasta ahora podemos decir que ha logrado calmar las tensiones; aglutinar el empresariado detrás del gobierno y mantener una posición de elegante distancia sabiendo que los consumidores norteamericanos se encargarán de hacerle saber al presidente Trump que prefieren los tomates, aguacates, piñas y lechugas de México que las locales a precios exorbitantes. Y cuando eso ocurra, el presidente Trump comprenderá mejor el significado de la palabra nearshoring.
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