
En 30 días debe cesar total y absolutamente toda la operación de la empresa en Venezuela luego que el gobierno de Donald Trump por medio de Oficina de Control y Bienes Extranjeros del Departamento del Tesoro revocara el permiso de exploración y exportación de petróleo en suelo venezolano.
Como era de esperarse, esta medida por supuesto genera apoyos y rechazos por sus diversas implicaciones, por ejemplo, el más afectado es el régimen de Maduro porque los asfixia económicamente y los obliga a seguir con la narrativa de que las sanciones son las responsables de la ruina del país, así como hizo Fidel Castro durante muchos años con Cuba.
Sin duda, el respiro que tuvo Nicolás Maduro en los últimos años a nivel financiero se lo debe al expresidente Joe Biden, cuando en el 2022, un mes después de la invasión de Rusia a Ucrania, envió a su funcionario Juan González a reunirse con Maduro sin informarle al entonces presidente interino de Venezuela, Juan Guaidó, quien para ese momento era el mandatario reconocido por su administración; a partir de allí comenzó la etapa de relajamiento de sanciones y de alejamiento con la oposición venezolana.
Maduro empezó a recibir desde entonces dinero limpio, podía utilizar bancos en el extranjero que le permitieron de alguna forma tener un flujo de caja del cual no gozaba desde el 2019, con Chevron les permitía recobrar la confianza para que otras empresas del mismo rubro se animaran a invertir en Venezuela pese al riesgo que eso significaba ya que era hacer negocios con un régimen que expropiaba empresas y no generaba garantías jurídicas.
Ahora bien, no podemos pasar por alto que en el 2015 el ex presidente estadounidense, Barack Obama, firmó una orden ejecutiva en la que declaraba la emergencia nacional por la amenaza “inusual y extraordinaria” a la seguridad nacional y a la política exterior causada por la situación en Venezuela.
Obama estableció sanciones contra siete funcionarios por violar derechos humanos y cometer actos de corrupción, dijo Obama en su momento: “Estamos comprometidos por hacer avanzar el respeto por los derechos humanos, al proteger las instituciones democráticas y el sistema financiero de EEUU de los flujos financieros ilícitos de la corrupción pública en Venezuela”.
Luego llegó Donald Trump quien en su primer periodo y en julio del 2017 firmó una orden ejecutiva imponiendo por primera vez sanciones financieras sobre el régimen de Nicolás Maduro, prohibiendo las negociaciones sobre nuevas emisiones de deuda y de bonos por parte del gobierno de Venezuela y de la petrolera estatal.
Volviendo a la actualidad, en una reciente encuesta con una muestra de 1.271 casos, una de las preguntas era sobre el impacto de las sanciones en Venezuela, observamos que los encuestados tienen opiniones divididas sobre a quién afectan principalmente las sanciones en el país. El 41,87% considera que impactan principalmente al gobierno de Nicolás Maduro, el 36,20% cree que afectan tanto a la sociedad venezolana como al régimen y un 18,29% indica que la población venezolana y la sociedad en general son las afectados.
La dictadura sin licencia salió a responder antes que terminara el Carnaval, o mejor dicho, su martes 3 en vez de martes 13, Delsy Rodríguez público un comunicados en el cual decía: “Chevron tiene más de cien años operando campos petroleros en Venezuela, y hoy gracias al lobby del extremismo venezolano, ha sido apartada de sus operaciones en el país. El nuevo gobierno de EEUU pretendiendo hacer un daño al pueblo venezolano, esta autoinflingiendo un perjuicio al causar incremento en el precio de los combustibles y afectando la seguridad jurídica de las inversiones de sus empresas en el extranjero, poniendo en entredicho la supuesta y engañosa libertad económica”.
¿Qué viene ahora? Un régimen que buscará regresar al mercado negro pese a la corrupción que vivió en sus entrañas cuando estaba Tarek El Aissami al frente de Pdvsa, mayor represión en terreno a la oposición y a su líder Maria Corina Machado y no descansarán en buscar lobbys con el Presidente Trump para llegar a un acuerdo. Amanecerá y veremos, “por ahora” tenemos una dictadura sin licencia.
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