
¿Qué ha originado la reciente crisis política y social en el Perú? Existen muchos análisis y pareceres de expertos y de una población dividida, se responsabiliza a diferentes factores y actores.
Desde una mirada superficial se señala a las personas que exigen cambios, no como ignorados por un Estado que no ha sido capaz de atender las demandas más básicas de toda su población, sino como ignorantes (carentes de educación) y, por esta condición, manipulables.
Desde una mirada privilegiada, donde ir al colegio es imperativo, se cree que las personas no estudiaron porque no quisieron hacerlo, cuando la cruda realidad y vigente obliga a muchos niños y niñas a contribuir con el sostén económico de sus familias, porque si no se trabaja, no se come, o porque ir a la escuela implica trasladarse a pie durante horas exponiendo a los menores a riesgos que los padres prefieren evitar para protegerlos.
En el Perú existe una enorme deuda social con millones de jóvenes y adultos que no accedieron a educación o la recibieron en condición de baja calidad y poca pertinencia. Según el último censo, cerca de 15 millones de peruanos no han culminado su educación básica, de ellos solo el 0.5% recibe algún tipo de atención desde la Educación Básica Alternativa. Por otro lado, en la zona rural, la tasa de analfabetismo es de 22.6% en mujeres y 7.5% en varones (INEI, 2018), la mayoría de lengua originaria o bilingüe. Este dato podría relacionarse con otros indicadores preocupantes relacionados a la salud, violencia, corrupción y participación ciudadana, ya que la falta de educación, particularmente en las mujeres, dificulta superar los aspectos sociales opresivos que impiden la igualdad y el ejercicio de derechos.

Ahora, conociendo esta realidad, debemos preguntarnos cuáles son los desafíos para la educación en el Perú. Si nos enfocamos en la calidad educativa, nadie negaría que invertir más y mejor en la educación básica regular es importante y urgente, pero sí el 68% de la población económicamente activa del país no ha culminado la secundaria, ¿A dónde más debemos apuntar? Los resultados de la Encuesta de Competencias de los Adultos (PIAAC, 2019) muestra que 8 de cada 10 adultos presentan un bajo rendimiento en competencia lectora y/o numérica. Estos resultados ubican al Perú en la posición más baja entre los países de la OCDE.
En este marco, uno de los grandes desafíos sería empezar por los no atendidos, impulsando la alfabetización de jóvenes y adultos como una prioridad que se debe atender garantizando calidad, la sostenibilidad de esos aprendizajes y la continuidad educativa. Saber leer y escribir es básico para que una persona no sea engañada o pueda desenvolverse en una ciudad. Una persona alfabetizada cuenta con la base para seguir aprendiendo a lo largo de su vida, participar activamente en la sociedad, mejorar su productividad, su salud familiar, su calidad de vida y para preservar su cultura.
Como refiere la Unesco, el derecho a la educación es un derecho humano y una fuerza indiscutible para que las personas desplieguen todo su potencial. Si el acceso a la educación fuera una realidad para todos los peruanos, los grupos vulnerables podrían tomar decisiones activas que mejoren sus condiciones de vida.
El Día Mundial de la Educación, que se conmemora el 1 de abril, es una buena ocasión para invocar no sólo al gobierno del Perú sino a todos los países del mundo, donde habitan 770 millones de personas en condición de analfabetismo, a que se garantice para todos los ciudadanos el acceso a la educación para que puedan beneficiarse de sus efectos positivos, lo que permitirá impulsar un verdadero desarrollo con paz y justicia social.
La educación de personas jóvenes y adultas en el Perú requiere de una visión amplia, inclusiva, flexible e innovadora, así como de acciones gestadas y articuladas entre la población y las instituciones y organizaciones que intervienen en el territorio. Es elemental reconocer que se trata de personas con trayectorias de vida y muchos aprendizajes incluso producto de una herencia milenaria; no son personas manipulables o vacías en conocimientos, por el contrario, son una fuente rica de saberes que nos ayudarían a promover el buen vivir y a construir una mejor sociedad.

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