Y lo que falta

Cientos de miles, seguramente más, salieron a las calles de Colombia a protestar contra un gobierno que apenas lleva 48 días de inaugurado. Una marcha por la defensa de la democracia

Guardar
Imagen de las manifestaciones en Colombia el pasado 26 de septiembre (REUTERS/Luisa González)
Imagen de las manifestaciones en Colombia el pasado 26 de septiembre (REUTERS/Luisa González)

Hace dos días cientos de miles, seguramente más, salieron a las calles de Colombia a protestar contra un gobierno que apenas lleva 48 días de inaugurado. Una marcha sin organización central, sin buses, con convocatoria por redes sociales y voz a voz y sin tema común al parecer. Pero luego de marchar todos nos dimos cuenta que sí había un tema que unía: la defensa de la democracia.

Mi vida ha estado marcada por la organización de marchas. En diciembre de 1996, como activista contra el secuestro, con País Libre organizamos 5 marchas en menos de un mes. Bogotá, Medellín, Cali, Valledupar y Villavicencio. Todo el mundo era escéptico. Era la mitad del gobierno de Ernesto Samper, el gobierno electo por la mafia. Había escepticismo por doquier. Violencia creciente de narcos, guerrilla y paramilitares. Y una ciudadanía asustada. Salieron en esas cinco ciudades cerca de 1.3 millones de ciudadanos.

Dos años después, en abril del 99, el ELN secuestró un avión de Avianca, lo aterrizó en el sur de Bolívar y secuestró a todos los pasajeros. Un mes después secuestró a todos los feligreses en la iglesia de La María en Cali. Desde País Libre arrancaron las marchas otra vez. Eran las marchas del NO MÁS. Se hicieron cientos de marchas por todo el país y afuera de Colombia. Se armaban solas y la indignación crecía como espuma. Finalmente se hizo una marcha en todo Colombia en octubre. Un domingo. Salieron 12 millones de colombianos. Fue tan duro el mensaje contra la guerrilla y los paras que hasta las Farc se montó en el NO MÁS. Apareció en la siguiente ronda de negociación con el gobierno de Pastrana con carteles de No Más Hambre, No mas paramilitares, etc. Habían sentido el golpe.

En esas marchas era el dolor, la frustración, la indignación las que movían a la gente. Era un acto de rebeldía, un grito de hastío de la violencia. Los jóvenes de hoy en Colombia nunca vivieron ese país donde vivíamos secuestrados en nuestras ciudades. La Farc, el ELN y los paramilitares crecían y se tomaban cada vez partes más grandes del país. Pero la gente salió.

La verdad nadie esperaba que en las marchas del pasado lunes fuera a salir tanta gente. Muchos decían: para qué se dejan contar. El gobierno apenas empieza, no se desgasten. Una organización de unos ciudadanos con dos instrumentos de acción, redes sociales y WhatsApp. Pero nunca hubo propaganda pública. Era un llamado. Y Colombia respondió.

A demonstrator takes part during a march against the government of Colombian President Gustavo Petro and his tax reform proposal, in Bogota, Colombia September 26, 2022. REUTERS/Luisa Gonzalez
Luego de marchar todos nos dimos cuenta que sí había un tema que unía: la defensa de la democracia (REUTERS/Luisa González)

Lo que más impresionó no fue el volumen sino de la conciencia que había entre quienes marchaban. Entendían claramente que esto era apenas el principio. Y repetían sin duda que era necesario convocar nuevamente. Incluso con certeza de que las cosas podían ser más difíciles en el futuro, por violencia del opositor, pero con la convicción firme de que estaban defendiendo la democracia.

¿Por qué violencia? Por lo que se vio y se sintió. Los pocos jóvenes contradictores que se vieron en Bogotá, en algunos casos, trataron de agredir y en otros gritaban los mismos eslóganes de hace 10, 5 y 3 años. Llenos de odio y de rabia. No cabe duda que si esto crece veremos a los mismos violentos de la primera línea tratar de frenar este movimiento social de protesta y de compromiso con la democracia.

Esta es la primera marcha de muchas que además van a crecer en todo sentido. La destrucción del sistema de salud que pretende el gobierno, el mejor sistema de salud de América Latina pero acabarlo es una obsesión ideológica de la ministra del ramo, va a movilizar a millones. Al igual que lo que pretenden hacer con las pensiones. Y cuando la inseguridad se dispare, como ya se empieza a vislumbrar pues el discurso apologético de la violencia que hace el gobierno ha creado las condiciones para las vías de hecho que hoy se ven por doquier, la ciudadanía se va a movilizar de manera masiva.

¿Qué tanto escuchará el Presidente Gustavo Petro y su gobierno este mensaje? Su gabinete poco, pues en muchas posiciones críticas nombró ideólogos inexpertos y poco curtidos en la política o en escuchar posiciones contrarias. Pero Petro si tiene ese sentido de oportunidad y conoce bien la política colombiana. Solo él puede entender que un país fracturado donde solo 28 por ciento de los ciudadanos lo votó necesita crear verdaderos espacios de concertación. ¿El sector más radical de sus electores se lo permitirá? Veremos.

La oposición va a crecer. Pero también está dividida. Algunos le apuestan al fracaso total de Petro, lo que hará crecer la confrontación. Otros a confrontar para corregir rumbos, para frenar abusos y exabruptos y defender la democracia sin cerrar los espacios. Las críticas de unos sectores radicales a la reunión de Petro con Uribe ya muestra estas fisuras. A veces los sectores extremos se parecen.

Lo que más impresionó no fue el volumen sino de la conciencia que había entre quienes marchaban (REUTERS/Luisa González)
Lo que más impresionó no fue el volumen sino de la conciencia que había entre quienes marchaban (REUTERS/Luisa González)

Lo cierto es que se ve un nuevo panorama político que está oxigenando la democracia. Hoy en quienes marcharon, y me incluyo, hay un sentido de lucha y de orgullo, que hay que cultivar y hacer crecer. Eso va a suceder no me cabe duda. El interrogante es cómo se transforma en un aparato de acción. Que ojalá, y soñar no cuesta nada, logre consolidarse en un gran movimiento que le apueste en las elecciones regionales del próximo año a una gran transformación política de origen ciudadano.

Que no es tan difícil la verdad. El otro sentimiento que se sintió en las marchas era un hastío con los partidos políticos que abandonaron a sus electores y se entregaron por un plato de lentejas, léase burocracia y presupuesto, a este gobierno de izquierda. No va a ser difícil convocar a sectores liberales, conservadores e independientes a un nuevo escenario político si este no es radical a ultranza y se muestra constructivo y optimista.

La verdad hoy que sentirse siento orgulloso de la democracia y del país. Y se siente un gran compromiso con lo que falta y lo que se ve venir. Que al final tiene el mismo sentido de las marchas del 96 y el 99. Los ciudadanos defendiendo a su país.