
La presencia de China en los últimos 10 años creció exponencialmente en América Latina y para algunos países ha representado una oportunidad notable para diversificar mercados y darles más potencia exportadora. Sin embargo, para otros países como Bolivia y Ecuador y desde luego Venezuela, el involucramiento con China ha dejado un legado de endeudamiento abultado y pérdidas por decenas de miles de millones de dólares. La relación de esos países con China terminó favoreciendo a élites corruptas y abusivas que terminaron poniendo dichos países de rodillas ante China. En Centroamérica, la presencia china pudiera ser más un asunto que exacerbe los abusos de poder, la corrupción y la narrativa antiestadounidense y menos una opción que genere prosperidad.
Costa Rica (2007) y Panamá (2017) fueron los primeros países centroamericanos en romper sus relaciones diplomáticas con Taiwán para establecerlas con China. Luego El Salvador (2018) y Nicaragua (2021). Los casos de Costa Rica, Panamá e inicialmente El Salvador, se entienden en la aspiración de la búsqueda de mejores oportunidades comerciales más allá de sus mercados tradicionales. Con Nicaragua es otra la historia. El establecimiento de relaciones con China hay que interpretarlo desde la perspectiva de una intención explícita por incrementar el nivel de confrontación ideológica y el conflicto con Estados Unidos. Un camino que también ha optado por tomar el presidente Nayib Bukele desde 2019.
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La poca especialización de las economías centroamericanas ha provocado que históricamente su balanza comercial sea deficitaria. Solo en 2021 las exportaciones alcanzaron los US$ 42 mil millones y las importaciones llegaron a US$ 88.6 mil millones. No obstante la narrativa de China continental como un mega mercado para las exportaciones de Centroamérica, hasta el 2021 estas llegaban tan solo al 3.8%.
Costa Rica, un país modelo cuando se trata de exportar bienes tradicionales y no tradicionales, en 2012 exportó a China US$ 330.46 millones y en 2019 apenas $122 millones. Para el año 2021 las exportaciones ticas a China tan solo representaron el 2.2% y el déficit comercial frente al gigante asiático fue de más de U$ 2.600 millones. Por lejos, los principales socios comerciales de la región centroamericana siguen siendo Estados Unidos y la Unión Europea. Es una realidad que es altamente improbable que cambie en los próximos años.
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De hecho, la evidencia muestra que la presencia china y su impacto depende intrínsecamente de los mecanismos y prácticas de rendición de cuentas de los países contrapartes. Los países con instituciones sólidas e independientes y que trabajan en un ambiente de rendición de cuentas y donde prevalece la prensa independiente y los derechos políticos, la presencia china puede traer beneficios, y aunque no exento de conflictos sobre todo ambientales, oportunidades de crecimiento.
Y por el contrario, en los países donde la norma es el ocultamiento, la no rendición de cuentas y el aplastamiento de las libertades públicas las consecuencias serán concretas: China utilizará esos países para incrementar su presencia depredadora, contribuirá reforzar a los regímenes iliberales, alentará la narrativa de conflictividad de esos países contra Estados Unidos.
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Por eso, mi pensamiento es que la relación de China con El Salvador y Nicaragua y potencialmente con Honduras, deberá verse como una amenaza a la seguridad de Centroamérica y también de Estados Unidos. China trabajará activamente en reforzar la confrontación de esos países con el principal socio comercial de Centroamérica. Además alentará con tecnologías y equipamiento la consolidación de esos regímenes iliberales que aplastan las libertades públicas, violan sistemáticamente los derechos humanos, y que continúan expulsando cientos de miles de ciudadanos que buscarán como destino final a Estados Unidos. En el camino, los chinos impondrán condiciones onerosas que replicarán la triste historia de endeudamiento y embargo de los recursos naturales de Venezuela, Bolivia y Ecuador.
*Javier Meléndez Q. Es especialista en temas de seguridad y fundador de la iniciativa de investigación Expediente Abierto.
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