
La industria textil en el Perú es una de las principales generadoras de empleo, lo que debe llevarnos a reflexionar sobre la manera de dinamizar este sector económico y hacerlo sostenible, no solo como industria, sino también en un nivel ambiental. El consumo de prendas de vestir está asociado a un gran consumo de recursos energéticos que pueden reducirse a través de la mitigación de la huella de carbono.
Esto significa que cada empresa debe medir su impacto ambiental para realizar acciones destinadas a reducirlo o mitigarlo. Sabemos que en los próximos años esta será una premisa obligatoria por los gobiernos, pero no debemos esperar a que sea una norma para tomar acciones que generen una cultura empresarial ecoamigable.
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Desde la Cámara de Comercio de Lima (CCL), a través de la dirección de sostenibilidad, somos los primeros en apostar por una industria textil sostenible. En Texcope, empresa peruana proveedora de hilos y fibras textiles, incentivamos el uso de productos GRS (reciclados) con la debida certificación. También hemos acreditado todo nuestro proceso de reciclaje y la reducción de la huella de carbono, además de incorporar los autos híbridos en la movilidad corporativa de la empresa.
El objetivo mundial es ser Carbono Neutral para el año 2050, alineados con el acuerdo de París y la ONU, en base a los lineamientos emitidos por el planteamiento del Parlamento Europeo, que indica que lo más saludable consiste en no emitir más dióxido de carbono del que pueden absorber, de forma natural, los bosques y plantas del planeta. En el caso de la industria textil, que es responsable del 10% del total de las emisiones de carbono mundiales, tal como informa la ONU, este impacto se va a producir también a través del uso de agua en sus procesos, empleando el 20% del total del agua que se consume a nivel global.
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Según la Autoridad Nacional del Agua (ANA), más de 4 millones de peruanos no tienen acceso a una red pública de agua para su adecuado consumo. Actualmente, en el mercado peruano se usan materiales como el poliéster importado que pueden ayudar a generar un menor consumo de las materias primas, con procesos sostenibles tanto para los negocios a nivel económico (insumos de menor costo) como para el ambiente (menor contaminación).
El reto está en difundir estos materiales y cambiar ciertas tendencias de consumo, como ya se está dando a través de conceptos como la moda sostenible y el adecuado asesoramiento para que las empresas textiles peruanas incorporen normas y procedimientos ecoamigables en su cadena de producción. Desde el Ministerio del Ambiente (MINAM) se vienen dando los estímulos para que más empresas nacionales puedan obtener certificaciones de reducción de huella de carbono, con acciones concretas para la mitigación o compensación de este impacto en el ambiente. Solo hace falta dar ese primer paso y decidirse a ser parte del cambio responsable.
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