
La pandemia del coronavirus vino con preaviso. Había evidencias de que se aproximaba, la gente sabía que no estábamos preparados y la opinión pública demandaba acción. Sin embargo, muchos gobiernos no actuaron. ¿Por qué no se prepararon los líderes políticos cuando tenían el tiempo y los recursos para hacerlo?
Entre otras razones, porque contener una crisis invisible no paga: los líderes rara vez reciben el crédito por contener una crisis que la gente no percibe como tal.
Según un informe de la Organización Mundial de la Salud del año pasado, los brotes epidémicos han ido en aumento durante las últimas décadas y ya en 2019 -hace solo unos meses- se vislumbraba el espectro de una emergencia de salud mundial. La amenaza estaba a la vuelta de la esquina.
El mundo no estaba preparado para esa amenaza y eso también se sabía. Bill Gates advirtió en una charla TED que dio por 2015 que la mayor catástrofe mundial que enfrentamos hoy es una pandemia que podría matar a más de diez millones de personas en las próximas décadas: “No estamos preparados", sentenció por entonces.
Al mismo tiempo, la opinión pública apoyaba el desarrollo de medidas preventivas. En un estudio del Banco Mundial del que participé, dimos cuenta de que los ciudadanos de cinco países desarrollados (Francia, Alemania, Japón, el Reino Unido y los Estados Unidos) eran críticos respecto a la preparación del mundo para enfrentar una epidemia como había sido la del Ébola. Y esos mismos ciudadanos apoyaban que sus gobiernos hicieran inversiones en los países en desarrollo para reducir la amenaza de enfermedades infecciosas a la vez que reclamaban que se invirtiera en médicos, enfermeras y clínicas porque eso ayudaría a prevenir la aparición de epidemias en sus propios países.
Sin embargo, los líderes del mundo no invirtieron los recursos necesarios para prepararse para una crisis sanitaria de esta proporción. A modo de ejemplo, Donald Trump desmanteló la oficina de salud global del Consejo Nacional de Seguridad que había sido creada luego de la epidemia el Ébola y redujo el financiamiento para la Organización Mundial de la Salud y el Centro de Control y Prevención de Enfermedades (CDC). Cuando lo cuestionaron por estas decisiones, explicó que mucha de la gente despedida “no había sido utilizada por años.”
Entre otras razones -económicas, ideológicas y sociales- los líderes no tienen incentivos a actuar para prevenir una crisis que los ciudadanos todavía no perciben como tal porque no reditúa políticamente. Los técnicos que tomaron las medidas de salvataje al sistema financiero después de la crisis de las hipotecas del 2008 enfrentaron una situación similar y reconocen que no se llevaron el crédito por esas medidas.
Henry Paulson, secretario del Tesoro de EEUU por entonces, dijo que hubo una encuesta según la cual el programa de alivio que se llevó adelante “era menos popular que la tortura” y que “nunca se obtiene un crédito por prevenir una crisis que la gente no ve.” Y Timothy Geithner, quien era el presidente de la Reserva Federal durante el mismo período, explicó que la magnitud de la crisis era difícil de apreciar para la población “porque no habíamos tenido un pánico financiero importante en 75 años y no había un recuerdo vivo de los riesgos de dejar que el pánico fuera demasiado lejos”.
Hoy el coronavirus puso las pandemias en el centro de la escena y la atención de los ciudadanos. El mundo está atento y consciente de las consecuencias económicas y de salud pública de una pandemia. Tan sólo en Argentina, donde los efectos más dramáticos del virus no se vieron todavía, una encuesta reciente de Poliarquía indica que casi dos tercios de los argentinos están preocupados por el coronavirus y un 82 por ciento siente “miedo”. Eso crea una oportunidad única para que los líderes no sólo respondan a la crisis actual, sino que establezcan mecanismos de prevención de pandemias en el mediano y largo plazo que antes hubieran sido impensados. O más bien, pensados pero impracticables.
Ahora sí, el reconocimiento a medidas globales de prevención de futuras pandemias con mecanismos de alerta y contención puede ser más valorada que en el pasado creando incentivos para la acción. Como argumentó recientemente Yuval Noah Harari en una artículo publicado en el Financial Times, los gobernantes pueden llevarse el crédito de la prevención -e incluso recuperar la confianza de la opinión pública- proveyendo a los ciudadanos de información y así empoderar a la ciudadanía para que tome las decisiones correctas.
La autora es politóloga y directora de Dynamis Consulting
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