
Más de 1,2 millones de baterías de vehículos eléctricos podrían convertirse en residuos antes de 2030, según advierte la Agencia Internacional de la Energía (AIE). El dato llega en pleno boom del sector: solo en el primer semestre de 2026, Europa registró la venta de 1,24 millones de autos totalmente eléctricos, un 33,7% más que en el mismo período del año anterior. El crecimiento no tiene freno, pero su reverso, el manejo de los desechos que genera, empieza a preocupar con la misma intensidad, según informó Euronews.
El incremento en las ventas obedece a varios factores. La guerra de Irán mantiene elevados los precios del petróleo y el gas, lo que empuja a los consumidores hacia la movilidad eléctrica. Al mismo tiempo, las baterías de ion litio (LIB), que equipan a la gran mayoría de estos vehículos, tienen una vida útil limitada.
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Cuando su capacidad de almacenamiento se degrada al punto de no poder mover un auto con eficacia, pasan a engrosar un flujo de residuos que crece a un ritmo sin precedentes. Para 2040, la AIE proyecta que ese número trepará a 14 millones de unidades.
El peso ambiental de fabricar una batería

Los vehículos eléctricos arrancan con lo que los especialistas denominan una "deuda de carbono"; su producción demanda más energía que la de un auto a combustión, sobre todo por el proceso de fabricación de las baterías, que requiere grandes cantidades de electricidad y, en muchos países, aún proviene de fuentes fósiles.
A eso se suman los conflictos en torno a los minerales que componen estas celdas. El litio, el cobalto y el níquel son indispensables para fabricarlas, pero su extracción genera consecuencias sociales y ambientales documentadas.
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No obstante, la balanza a largo plazo se inclina a favor de la movilidad eléctrica. Según un reporte de la organización Transport & Environment (T&E), los autos eléctricos son un 30% más limpios que los convencionales incluso en redes eléctricas muy dependientes del carbón, como la de Polonia. En el escenario más favorable —producción y uso con energía renovable—, esa ventaja llega a ser cinco veces superior.
Reciclar baterías: costoso, lento y peligroso

El reciclaje de estas baterías es técnicamente posible, pero presenta obstáculos considerables. Antes de procesar una unidad, es necesario descargarla, desmontarla y separar cada uno de sus componentes, una tarea lenta y laboriosa. Además, las reacciones químicas involucradas en el proceso pueden liberar sustancias tóxicas como el ácido fluorhídrico, que representa riesgos severos para la salud de los trabajadores y puede dañar la maquinaria de las plantas de tratamiento.
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Hoy, las tecnologías más extendidas recuperan alrededor del 50% de los materiales de una batería reciclada. Esa tasa, considerada insuficiente por los investigadores del sector, explica por qué los expertos exigen una “ampliación significativa” de las infraestructuras de reciclaje.
“Los vehículos eléctricos son una pieza clave de la transición hacia una economía baja en carbono, pero su éxito a largo plazo depende de cómo gestionemos el flujo de residuos que generan", afirmó James Skifmore, de la consultora medioambiental británica Valpak, según recogió Euronews.
Proyectos europeos buscan soluciones concretas
La carrera por ampliar y mejorar esas capacidades ya comenzó en distintos puntos del continente. El proyecto ReLiB, liderado por la Universidad de Birmingham en el Reino Unido, trabaja en tecnologías que apuntan a elevar la tasa de recuperación de materiales del 50% al 90%, mediante sistemas de desmontaje y separación más rápidos y precisos.
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En España, el Centro Tecnológico LEITAT coordina un proyecto de cuatro años financiado por la Unión Europea (UE) que busca reemplazar el desmontaje manual por sistemas semiautomatizados capaces de recuperar hasta el 95% de los componentes de cada batería.
El proyecto BATRAW, también impulsado por la UE, agrega otra dimensión al problema: la de darle una segunda vida a las baterías antes de reciclarlas. Algunas unidades que ya no tienen la potencia suficiente para tracción pueden seguir siendo útiles en sistemas de almacenamiento de energía estacionaria.
“Ampliar la capacidad y la eficiencia de las infraestructuras circulares será esencial para recuperar materiales de valor, reforzar las cadenas de suministro y reducir la dependencia de la extracción de recursos vírgenes”, señaló Skifmore en declaraciones al medio europeo. El proyecto también estudia cómo mejorar el diseño de las nuevas baterías para facilitar su futura reparación y reciclaje.
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