La fuerza aérea iraní se enfrenta a la guerra moderna con una flota compuesta en gran parte por aviones de combate adquiridos antes de la Revolución Islámica de 1979, muchos de los cuales sufren fallos mecánicos recurrentes y quedan severamente desfasados frente a las aeronaves de última generación utilizadas por Israel y Estados Unidos.
Esta brecha tecnológica ha obligado a Teherán a confiar en su programa de misiles balísticos, una decisión que ha resultado en vulnerabilidades estratégicas para el régimen, según reportó el medio The Wall Street Journal.
La disparidad quedó evidenciada cuando un piloto israelí a bordo de un F-35 de fabricación estadounidense derribó sin dificultad un Yak-130 iraní, una aeronave de entrenamiento de origen ruso que data de principios de los años noventa y que Irán incorporó a su flota tan recientemente como en 2023, según medios estatales iraníes citados por The Wall Street Journal.
Aunque el Yak-130 puede emplearse en tareas de combate ligero, está diseñado principalmente para entrenamiento y alcanza solo la mitad de la velocidad del F-35.
Las debilidades se extienden a modelos aún más antiguos. El fin de semana, Israel destruyó en el aeropuerto de Tabriz un F-4 Phantom II y un F-5, ambos aviones de combate estadounidenses cuyos diseños se remontan a la Guerra de Vietnam. El F-4, introducido en los años sesenta, no se fabrica desde hace casi 50 años y el F-5 es de una generación similar.

El contraste es notorio: mientras Estados Unidos e Israel han ejecutado miles de bombardeos desde el inicio de la guerra, controlando el espacio aéreo en amplias zonas del país, las aeronaves iraníes han sufrido frecuentes caídas incluso durante maniobras de entrenamiento.

Otros aparatos ni siquiera han logrado despegar antes de ser destruidos. Voceros militares estadounidenses informaron que los ataques de aviones iraníes, junto con operaciones de drones y misiles, contribuyeron a la confusión en el espacio aéreo durante el conflicto, lo que derivó en la caída por fuego amigo de tres F-15 estadounidenses sobre Kuwait.
Las sanciones limitan la modernización militar de Irán
Un aspecto central de la desventaja iraní reside en las estrictas sanciones internacionales que restringen el acceso del régimen a aviones y piezas de repuesto. Según la página especializada Flightglobal, en 2025 la fuerza aérea iraní disponía de 218 aviones de combate, frente a los 278 de Israel. A la dificultad de adquirir aeronaves modernas se suma la imposibilidad de mantener en condiciones operativas su envejecida flota existente, lo que obliga a recurrir a intermediarios y piezas de segunda mano con sobreprecios significativos.
Fuentes consultadas por The Wall Street Journal señalaron que comerciantes iraníes han encontrado obstáculos casi insalvables para obtener repuestos, debido a restricciones bancarias estadounidenses. Muchos de los vendedores de equipos de segunda mano, como Boeing o Airbus, se niegan a negociar por temor a represalias financieras, dejando a Teherán sin más opción que emplear mediadores internacionales a cambio de comisiones elevadas.
Las limitaciones afectan igualmente a los helicópteros. A principios de 2024, el presidente iraní Ebrahim Raisi murió en un accidente a bordo de un Bell 212, un modelo estadounidense producido desde 1968 y empleado ya en la Guerra de Vietnam. En otro incidente reciente, se estrelló un helicóptero AH-1J Super Cobra en Isfahán, causando la muerte del piloto, el copiloto y dos civiles. Según medios oficiales iraníes, ambos accidentes fueron provocados por fallos mecánicos.
El recurso a misiles y drones
Las carencias de la aviación han motivado a Irán a invertir en programas alternativos capaces de compensar parcialmente su debilidad aérea, en especial en el desarrollo de misiles y drones, explicó Farzan Sabet, investigador del Geneva Graduate Institute. Sin embargo, los ataques generalizados con misiles y drones lanzados por Irán sobre objetivos desde Turquía hasta Omán tras la ofensiva inicial no lograron frenar el avance ni la superioridad de los bombarderos estadounidenses e israelíes.
La estructura de mando militar, la producción de misiles y el programa nuclear iraní han sufrido graves daños como resultado de los ataques, sin que la aviación haya podido ofrecer una defensa capaz. El Su-24, otro modelo ruso de los años setenta, volvió a aparecer en escena cuando un piloto de Qatar derribó dos de estas aeronaves tras su aproximación al Golfo Pérsico. Este tipo de aparatos fueron adquiridos después de la guerra Irán-Irak, e incluso algunos llegaron a la flota iraní conducidos por pilotos desertores iraquíes junto con otros modelos, como el Dassault Mirage F1 francés.
El exoficial ruso Gleb Irisov, que sobrevoló Irán en 2020, describió su sorpresa al observar dos F-4 iraníes en plena misión: “Me sorprendió ver un modelo tan anticuado. Era como un fantasma del pasado”, declaró a The Wall Street Journal.
Las tentativas de Irán por desarrollar tecnología propia, modernizar o producir sus propios aviones han resultado insuficientes por la falta de recursos y capacidades técnicas. Según Saeid Golkar, experto en Irán de la Universidad de Tennessee en Chattanooga, “la ingenuidad del régimen fue creer que los programas de misiles podían compensar la ausencia de una fuerza aérea eficaz”.
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