
La inquietud ante una eventual agresión de Rusia y una consecuente guerra domina el debate de seguridad en Alemania, mientras la sociedad y su clase política asimilan una realidad marcada por amenazas inéditas desde el fin de la Guerra Fría.
El general Carsten Breuer, máximo responsable militar del país, ha advertido que el tiempo apremia: la inteligencia militar alemana estima que, en un plazo de tres años, las fuerzas rusas podrían estar capacitadas para lanzar un ataque de gran escala sobre Europa, según declaraciones recogidas por The Wall Street Journal. Para Breuer, la posibilidad de una ofensiva menor es constante y demanda que el país esté preparado en cualquier momento.
Esta urgencia lleva a Breuer a desplegar lo que define como una campaña multifacética dirigida a políticos, empresarios, militares y al conjunto de la ciudadanía, con un mensaje claro: “Debemos estar listos”.
El general sostiene que el riesgo a una guerra en Europa es concreto y que sólo una Alemania fuerte podrá garantizar la seguridad del continente, cuyo destino está, hoy más que nunca, condicionado por el poderío militar de la mayor economía y población de la Unión Europea.
Desde la caída del Muro de Berlín, la Bundeswehr —fuerzas armadas alemanas— vivió un vigoroso desarme, acompañando la idea de un fin histórico de las amenazas convencionales sobre Europa. Ese ciclo parece agotado.
“Europa se encuentra en un estado liminal: ya no reina la paz, pero aún no estamos en guerra”, alerta Breuer, quien ejemplifica con la cotidianeidad de incidentes como ataques cibernéticos, sabotajes y la intrusión de drones, responsabilizando a Moscú de este patrón de hostilidad.
En la memoria alemana, una Alemania armada evoca fantasmas del siglo XX. Sin embargo, remarca el general, la “artesanía de la preparación para la guerra” no es sólo un imperativo estratégico, sino un acto de responsabilidad democrática. El término Kriegstüchtig, que Breuer emplea como consigna, apela a la necesidad de que la sociedad vuelva a considerar seriamente la defensa nacional.
“Debemos centrarnos en la disuasión y defensa frente a Rusia”, sostiene Breuer, subrayando la necesidad de un cambio de mentalidad y de superar el pacifismo entronizado desde la posguerra y la reunificación alemana, un proceso marcado por la reducción drástica del tamaño y capacidades de la Bundeswehr. La fuerza pasó de unos 500 mil hombres y 2.000 tanques principales en los años 80 a menos de la mitad y con equipamiento en franco deterioro en la última década.
En este contexto, el Parlamento aprobó en diciembre una ley que obliga a los jóvenes a someterse a exámenes médicos para determinar su aptitud militar, como paso para promover el alistamiento voluntario. Conscripcióon obligatoria podría ser la opción siguiente si no se cubren los cupos, según adelantó el propio gobierno.
Al respecto, una encuesta del Ministerio de Defensa revela que el 64% de los alemanes apoya incrementar el gasto en defensa y el 65% prefiere un ejército más numeroso que el actual. Los jóvenes, grupo especialmente reacio a la militarización, muestran opiniones divididas: sólo el 42% respalda nuevas obligaciones de servicio militar, de acuerdo al sondeo de Ipsos.
El impacto se percibe de forma concreta en la política de despliegue exterior: por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial, Alemania estaciona una brigada blindada permanente en el extranjero, en Lituania, con 5.000 soldados que culminarán su traslado a finales del próximo año.
La transformación interna también gana ritmo. El objetivo definido por Breuer es que la Bundeswehr disponga de tres divisiones de combate completamente equipadas para 2032. Para lograrlo, el general impulsa la colaboración directa con la industria de defensa nacional para acelerar los ciclos de innovación y producción de armamento.
Como parte de este giro, Breuer transfirió recursos directamente a comandantes de batallón para adquirir drones comerciales y otros equipos: “Cada combatiente deberá manejar drones en el futuro”, anticipa, convencido de que la adaptación a la guerra tecnológica es un eje ineludible.
El teniente coronel Tobias Tiedau, quien lideró hasta hace poco la agrupación multinacional de la OTAN en Lituania, confirma que los cambios ya se sienten en el terreno, con nuevos sistemas de comando y gestión de batalla y entrenamiento enfocado en operaciones con drones. “Oficiales deben contar con la flexibilidad necesaria para impulsar este proceso”, declaró Tiedau al medio The Wall Street Journal.
Rob Bauer, almirante neerlandés retirado y expresidente del Comité Militar de la OTAN, considera radical el cambio de ritmo impuesto por Breuer: “Poder organizar una respuesta en un día marca una gran diferencia”, valoró. Las nuevas unidades alemanas especializadas en defensa contra drones, dotadas de inhibidores, radares y artefactos interceptores, han sido desplegadas exitosamente en Bélgica y Dinamarca tras incursiones recientes.
El explosivo contexto internacional añade presión. El gobierno alemán percibe que Estados Unidos —tradicional garante de la seguridad europea— se ha convertido en un socio imprevisible tras los cambios políticos internos en Washington.
Breuer fue propuesto esta semana como candidato a presidir el Comité Militar de la OTAN, lo que lo convertiría, si es elegido, en el principal asesor militar del secretario general de la organización. Su perfil, según analistas como Claudia Major, aporta serenidad y claridad pedagógica en un momento cargado de incertidumbres: “Logra explicar los peligros al público sin sembrar pánico, pero tampoco dulcifica la realidad”, explicó Major a The Wall Street Journal.
La tarea de atraer y motivar nuevos soldados sigue siendo un desafío. La Bundeswehr suma hoy 184.000 efectivos, cifra que se quiere aumentar en 80.000 para 2035, apoyados por 200.000 reservistas. Los exámenes médicos obligatorios comenzarán en 2027, con la expectativa de incentivar el alistamiento voluntario antes de recurrir a la conscripción forzada.
El general mantiene encuentros frecuentes con jóvenes, ante quienes despliega argumentos sobre la necesidad de preparación frente a una amenaza tangible. En la Universidad de Mannheim, interrogó directamente al auditorio: “¿Podemos luchar una guerra? ¿Están listos para una guerra?”, preguntó. Insistió en que la fortaleza militar es la verdadera garantía de la paz: “Debemos asegurarnos de no ser vulnerables y de que ningún agresor crea que atacarnos le resultará beneficioso”.
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